Catalunya y Groenlandia


Estaba yo leyendo la intervención del portavoz del PNV en el Congreso, Aitor Esteban, en el pleno celebrado el 11 de octubre. Hablaba de la crisis catalana, lógicamente. El discurso del jelkide me gustó, estaba lleno de sensatez, racionalidad y fundamentos democráticos, algo que en la mayor parte de España no se les supone, erróneamente, a los nacionalistas periféricos, léase, catalanes y vascos (me temo que hay por ahí una viga oculta).

Esteban enfatizó una y otra vez que democracia y la ley no son términos equivalentes. Que hay leyes antidemocráticas y que hay aspiraciones democráticas que no han sido recogidas por las leyes, las cuales, a fin de cuentas, son hechas por humanos en circunstancias históricas determinadas y, por ello, no pueden tener una validez absoluta. “La democracia es el imperio de la ley, pero también la aceptación ciudadana”, dijo Esteban. Y en Catalunya una buena parte de la población no acepta el ordenamiento legal impuesto por el Estado español a través de una sentencia del Tribunal Constitucional claramente antidemocrática, pues iba en contra de lo aprobado por los parlamentos catalán y español y la ciudadanía de Catalunya en referéndum.

Pero lo que me llamó la atención fue la referencia que hizo el diputado al derecho de autodeterminación de Groenlandia. Mejor dicho, me refrescó la memoria sobre algo que tenía olvidado. Uno de los mantras de quienes se oponen a este derecho es que ninguna constitución de ningún país democrático lo reconoce. Se supone que esto les carga de razón para oponerse ellos también. Yo pienso, por el contrario, que mal de muchos, consuelo de tontos. Lo razonable y lo justo poco o nada tienen que ver con que lo defiendan cien o cien mil. Es evidente que son ámbitos distintos.

Uno de los mantras de quienes se oponen al derecho de autodeterminación es que ninguna constitución de ningún país democrático lo reconoce, pero esto no es cierto

Bueno, pues, esa dogmática afirmación no es cierta. Al menos, no es toda la verdad. Todos sabemos que en los últimos tiempos ha habido referéndums de autodeterminación en varios países de Europa oriental. Voy a repetir aquí lo escrito por Pere Rusiñol en diciembre de 2009:

En 1993, la República Checa y Eslovaquia se separaron pacíficamente tras sendos referendos aceptados por Parlamentos democráticos. En 2006, Montenegro logró la independencia tras otro referéndum de secesión supervisado por la UE y asumido por la madre Serbia. Y Kosovo proclamó su independencia unilateral en 2008 y, aunque no tiene aún el plácet de la ONU cuenta con el reconocimiento de más de 60 países.

Habrá quienes aleguen que es en los países DEMOCRÁTICOS en los que no existe el derecho de autodeterminación. Ante esto, dos observaciones: una, los citados referéndums de autodeterminación abrieron las puertas al establecimiento de democracias representativas; dos, vamos a ver a continuación qué ha pasado en algunos países democráticos.

Groenlandia aprueba el derecho de autodeterminación y Dinamarca lo respeta

En junio de 2008, el primer ministro danés, Anders Fogh Rasmussen, y el presidente autonómico de Groenlandia, Hans Enoksen, firmaron un acuerdo para ampliar al máximo la autonomía de la isla y sentar las bases para una hipotética independencia total.

El 25 de noviembre de 2008, los ciudadanos y ciudadanas de Groenlandia votaron masivamente sí en un referéndum de carácter consultivo, pero que supuso una considerable ampliación de las competencias autonómicas de su estatuto y reconoció que esa región danesa tiene derecho a la autodeterminación. El 75,4 por ciento de los votantes dio su aprobación a esta decisión en una consulta en la que participó casi el 72 por ciento de la población censada. Tras su ratificación por los parlamentos de Nuuk (la capital groenlandesa) y Copenhague, el nuevo estatuto entró en vigor en junio de 2009. Todo el proceso y su continuación en los tiempos actuales está garantizado por el acuerdo implícito de todas las fuerzas políticas danesas y groenlandesas para respetar las decisiones de los isleños.

Es interesante señalar que el nuevo estatuto dio a los groenlandeses el control sobre sus recursos petrolíferos, calculados en la mitad de las reservas de Arabia Saudí. Esto magnifica aún más el respeto de Dinamarca a la soberanía del pueblo groenlandés.

No solo la práctica política danesa y groenlandesa es plenamente democrática y un ejemplo a seguir, sino que pone en cuestión el mantra de los intolerantes en los dos niveles: el práctico (por todo lo dicho) y también el teórico. Decir que ninguna constitución de un país democrático reconoce el derecho de autodeterminación no es TODA LA VERDAD. Por un lado, un estatuto de autonomía, el de Groenlandia, sí reconoce el derecho de autodeterminación. Por otro lado, en la Constitución danesa no existe la menor referencia ni insinuación sobre la unidad de la nación ni sobre la soberanía de la nación. Nada. Ni siquiera hay una referencia a algo parecido a que las fuerzas armadas tengan “como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional” (artículo 8.1 de la Constitución española). Esto es muy importante, pues en España la búsqueda de la independencia de una parte de su territorio es anticonstitucional, pero en Dinamarca esa misma búsqueda no lo es. Esto no es una cuestión menor. (Siempre me ha hecho mucha gracia eso de que en España existe plena libertad de expresión: los independentistas pueden expresarse libremente. Sí, pero si sus ideas son apoyadas por una mayoría, digamos cualificada, de la población catalana o vasca, por ejemplo, no se pueden llevar a la práctica, porque eso es ilegal, anticonstitucional. Usted puede hablar de la independencia de Catalunya o Euskadi, pero NO PUEDE hacer nada en favor de esa independencia. Es una trampa para tontos.)


Añadamos que el rey de Dinamarca (que, por cierto, tiene amplios poderes) no es “símbolo de su unidad [la del estado] y permanencia” (art. 56.1 CE). Ni por ahí.

En Groenlandia, todas las fuerzas políticas (socialdemócratas, liberales, socialistas, nacionalistas, salvo el Partido Demócrata), son independentistas, y carecen de cuernos y rabos. El objetivo es convocar un referéndum antes de 2020 sobre la independencia total del territorio. Pero antes, a finales de la actual legislatura, existe un acuerdo para presentar una constitución groenlandesa.

En esta historia groenlandesa hay otro aspecto curioso que merece la pena señalar, puesto que la Unión Europea ha jugado el papel del coco en el caso catalán (un coco que no viene, sino que se va). Tras un referéndum (¡otro más!) celebrado en 1982, Groenlandia se retiró de la Comunidad Económica Europea (CEE). Fue algo inédito, pues Groenlandia como tal no pertenecía a la CEE, sí, sin embargo, Dinamarca. Además, su salida iba en contra del Tratado de Viena, “cuyo artículo 29 dice que un tratado será obligatorio en la totalidad del territorio de un estado, salvo que se desprenda una intención diferente o conste de otro modo”. La CEE se limitó a decir que el de Groenlandia era un “caso especial”. Como dice Juan Carlos Barros en El Imparcial,

Y la solución, para evitar el enfrentamiento con la legalidad internacional, consistió en reducir la aplicación territorial del TR [Tratado de Roma], de forma que ya no se aplicaría en Groenlandia, lo que contó con la ratificación del resto de estados. A partir de ese momento Groenlandia quedó incluida entre los Países y Territorios de Ultramar (PTUs) como “comunidad diferente del reino de Dinamarca”.

A partir de este momento, Groenlandia negoció con la CEE lo que significaba ser un “territorio de ultramar asociado con la CEE”, lo que se traducía, sobre todo, en el acceso libre de los groenlandeses a sus recursos pesqueros y a su comercialización en el mercado común europeo.

Lo que esto nos muestra, de paso, es que el argumento de que una Catalunya independiente quedaría automáticamente fuera de la UE no es más que un cuento de terror, una forma de meter miedo. Si no inmediatamente, sí con el tiempo, y siempre que los catalanes quisieran formar parte del mercado común europeo, la UE encontraría otro “caso especial”. No compremos el miedo, que siempre es un argumento de los perdedores y los mentirosos.

Y las Islas Feroe también

Nuestra historia groenlandesa no acaba aquí. Las Islas Feroe también son parte de Dinamarca y que, como Groenlandia, tampoco son miembro de la UE, también quieren constituir un estado independiente. En abril de 2018 celebrarán un referéndum para aprobar una nueva constitución. Está previsto que en ella se incluya el derecho de autodeterminación como parte del camino hacia la independencia. Según el primer ministro de las islas, Aksel V. Johannesen, la constitución “definirá nuestra identidad como nación y nuestros derechos y deberes como pueblo, incluido nuestro derecho a la autodeterminación”. Además, manifiesta que esta constitución reflejará “claramente” que los habitantes de las Feroe serán consultados a través de un referéndum sobre si el territorio quiere independizarse de Dinamarca o si tiene que haber más integración.

En España la búsqueda de la independencia de una parte de su territorio es anticonstitucional, pero en Dinamarca esa misma búsqueda no lo es

Después de una reunión con Johannesen y el primer ministro de Groenlandia Kim Kielsen, el primer ministro danés, Lars Løkke Rasmussen, dijo que respeta el deseo de independencia de los dos países. “Creo que la república nos hace más fuertes”, dijo Rasmussen. “Al mismo tiempo, respeto que tanto las Islas Feroe como Groenlandia quieren tener sus propias constituciones”.

Por cierto, la población de Groenlandia como la de las Islas Feroe no llega a las 60.000 personas. Y el principal recurso de estos dos países, hasta ahora, ha sido la pesca. Otro argumento de los falsos ilustrados españoles que cae por los suelos: ¿cómo va a sobrevivir un estado independiente catalán, o vasco, con unas dimensiones tan pequeñas? No les contesten, están sordos y ciegos.

Yo quiero un Rasmussen en España

Supongo que no hará falta insistir en la distancia sideral que separa a Dinamarca de España y, por tanto, a los catalanes y vascos de los groenlandeses y feroeses. ¿Cuál es esa distancia?

La historia y la cultura. España es un país cuya historia muestra cómo en cada momento crucial de la misma, siempre ha tomado el camino más reaccionario. La historia de España es una historia triste, de un pueblo inculto cuyas clases dominantes lo han mantenido en ese estado de postración y estulticia durante los siglos de los siglos. Me imagino que más de una persona, al leer esta afirmación mía, habrá saltado de su silla y me habrá puesto como chupa de dómine. Qué le vamos a hacer. Otro día abordaré este tema. Pero recuerden que he dicho que es la historia y la cultura la que hace que España, el pueblo español, los políticos españoles y la clase dominante española sean intolerantes y antidemocráticos cuando se trata de la “unidad de la patria”, a diferencia del talante tolerante y democrático del pueblo y los gobernantes de Dinamarca. No es cuestión de genes, sino de una producción histórico-cultural.

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