Los puestos avanzados en Cisjordania: todo un sistema de expolio

Yosi Gurvitz

Fuente: West Bank outposts: An entire system of dispossession, +972, 22/04/2015

Guardas israelíes de seguridad civil tratan de impedir que los palestinos trabajen en sus tierras en la aldea cisjordana de Sinyil, cerca del puesto avanzado judío de Givat Haroe, el 18 de agosto de 2013. Tres años después de que los colonos invadieran sus tierras, la Corte Suprema israelí dio la razón a los palestinos. (Foto: Activestills.org)

Si tuviéramos que buscar un buen ejemplo del significado del sistema israelí de puestos avanzados —los asentamientos no oficiales que los israelíes construyen en Cisjordania—, no encontraríamos otro mejor que el proporcionado por el ministro de defensa. Comentando un recurso legal que demanda la eliminación del puesto avanzado de Mitzpe Kramim, el ministro de defensa Moisés Yaalon dijo (en hebreo): “Esta ubicación fue establecida legalmente, con el apoyo del primer ministro y del ministro de defensa. Es cierto que después alguien apeló, una organización israelí naturalmente, una organización izquierdista que encontró a algunos árabes que reclaman su propiedad”. Por penoso que sea, este es el nivel de comprensión de un destacado ministro del gobierno, siendo lo más interesante su observación sobre “algunos árabes que reclaman su propiedad”.

Con cierta brutalidad, Yaalon aborda el problema principal del movimiento de los puestos avanzados: su violación de los derechos humanos de los palestinos en Cisjordania. La investigación llevada a cabo por Yesh Din durante varios años y, en particular, su informe “El camino del expolio”, basado en el puesto avanzado de Adei-Ad como microcosmos, ha descubierto que la creación de un puesto avanzado es una fuente constante de incesantes violaciones de los derechos de los palestinos que viven en los pueblos cercanos. Estas violaciones son inherentes a la existencia del puesto avanzado.

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Leyes racistas antiárabes esperan su aprobación en el parlamento israelí

Hicham Munawar

Fuente: A new set of racist anti-Arab laws is before the Knesset, Middle East Monitor, 8/04/2015

Como continuación de la tendencia general del gobierno israelí hacia la derecha, el parlamento (Knesset) ha introducido una nueva ronda de leyes que afectarán a los ciudadanos palestinos, conocidos como “árabes israelíes”. La coalición de parlamentarios palestinos está trabajando duramente para frustrar estas nuevas leyes racistas.

La intención que se esconde detrás de estas leyes es someter todavía más a los palestinos que viven dentro de Israel. Se dice que algunos de esos proyectos de ley son los que la derecha quiso que se aprobaran antes de las recientes elecciones. Sin embargo, la coalición árabe es ahora el tercer grupo parlamentario más grande del Knesset, razón por la cual hay cierto optimismo sobre la posibilidad de bloquear esas leyes.

La más peligrosa de estas leyes es la que definiría a Israel como “estado judío”. Benjamín Netanyahu intentó sacarla adelante en la anterior legislatura, pero fracasó. Se encontró con una gran resistencia de la entonces ministra de justicia Tzipi Livni. Si se aprobara, la ley estipularía que Israel es el estado del pueblo judío, de los judíos de todo el mundo, y los derechos de ciudadanía serían exclusivamente de los judíos. Además, el hebreo sería la única lengua oficial del estado y el árabe ya no sería la segunda lengua. Este cambio haría, por ejemplo, que fuera innecesario que los documentos oficiales y las señales de tráfico estuvieran en hebreo y árabe. Sigue leyendo

Israel controla más del 85 por ciento de la Palestina histórica

Desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo, el pueblo palestino celebra hoy, como todos los años, el Día de la Tierra y se manifestará contra la confiscación de más de 21.000 dunams (2.100 hectáreas) de tierra. Este día se viene conmemorando desde 1976, cuando las fuerzas israelíes asesinaron a seis manifestantes palestinos ese mismo día.

Con motivo del Día de la Tierra, la Oficina Central de Estadísticas Palestina ha publicado unos datos que muestran que la ocupación israelí controla ya más del 85 por ciento de la Palestina histórica.

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La solución de ‘un estado’ en Palestina

Alí Anuzla

Fuente: Palestine’s one-state solution, Middle East Monitor, 26/03/2015

El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu prometió a sus electores que no permitiría el establecimiento de un estado palestino si ganaba las elecciones. Las ganó y al hacerlo, puso el último clavo en el ataúd del proceso de paz y enterró la opción de dos estados, que era la finalidad de las fracasadas negociaciones.

La declaración de Netanyahu no sorprendió, porque las negociaciones entre palestinos e israelíes han fracasado y solo un golpe de gracia podría sacarlas de su estancamiento. En realidad, todo sugiere que las negociaciones se agotaron hace años y quedaron condenadas al fracaso desde el momento en que Israel consiguió lo que quería con ellas.  El objetivo último en el que estaban interesados los israelíes era el reconocimiento palestino de su estado y el fin de lo que creían que eran etiquetas discriminatorias para referirse al movimiento sionista en las resoluciones de la ONU. Desde que lograron este objetivo, dejaron de preocuparse por el futuro de las conversaciones, a pesar de que la paz supuestamente deseada por ambas partes y el propósito original de las negociaciones hace más de 20 años sean tan esquivos como siempre.

Hasta la fecha, las conversaciones han sido poco más que intentos de Israel para paralizar el proceso y conseguir más tiempo para presentar a los palestinos el hecho consumado de la expansión de los asentamientos, la consolidación de sus nuevas fronteras, el aislamiento de los palestinos en guetos aislados en Gaza y Cisjordania y la acentuación del carácter judío del estado de Israel.

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Occidente castigó a Palestina cuando votó por Hamas, pero apoya a Israel cuando vota por el ‘apartheid’

Ghada Ageel

Fuente: The West punished Palestine when it voted freely, but endorses Israel’s vote for occupation, Middle East Eye, 23/03/2015

Empleados electorales cuentan los votos en Deir al Hatab, un pueblo de Cisjordania, el 20 de octubre de 2012, en unas elecciones municipales. (Foto: AFP)

 

Las elecciones de 2006 fueron una increíble demostración de la democracia palestina en su belleza multicolor. Un pueblo bajo ocupación expresó su determinación de resistir al intento de Israel de obligarles a rendirse a través de sus proyectos colonizadores, sus estrategias expansionistas y su racismo. Y ese pueblo ha mantenido su palabra. A pesar de la ocupación y el control de sus tierras, sus vidas y sus destinos, sigue sin rendirse.

Las elecciones fueron importantes porque no debían nada a la presión de EEUU y a sus esfuerzos selectivos para promocionar, únicamente, aquellas democracias que se adaptan a sus intereses. Irónicamente, las elecciones también fueron una desagradable sorpresa para la Unión Europea. Había gastado millones de euros en el proyecto de paz ilusoria y había amenazado con cortar la ayuda a los palestinos si el resultado no era concorde con ese proyecto. Al contrario, las elecciones fueron fueron un impresionante testimonio del hecho de que la sociedad civil palestina era más vibrante que nunca y que podía ser movilizada como una fuerza política organizada. También probó que la política palestina tiene su propia dinámica, la cual tiene poco que ver con las presiones, los sobornos y los chantajes del exterior, pero mucho que ver con las demandas políticas, sociales y económicas de la gente ordinaria que vive en una situación atroz. Aunque los palestinos eran más pobres, más vulnerables, menos seguros y más machacados por el “proceso de paz”, rechazaron todas las presiones y reafirmaron su demanda de libertad.

En respuesta, han tenido que sufrir las drásticas consecuencias que siguieron.

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Israel y la ‘amenaza demográfica’ palestina

Yusef Munayer

Fuente: What It Feels Like to Be a ‘Demographic Threat’ to Israel, The Nation, 20/03/2015

Una mujer árabe israelí se dispone a votar en las elecciones israelíes de marzo de 2015. (Foto: Ammar Awad / Reuters)

 

Soy una amenaza demográfica.

Soy una amenaza demográfica. Soy hijo, nieto y padre de amenazas demográficas. Y soy el esposo de otra amenaza demográfica. Soy ciudadano palestino de Israel y este es el lenguaje que el estado de Israel, sus líderes y sus elites han establecido en su discurso para referirse a mí y a millones de otros seres humanos.

Y una vez que has sido definido como una amenaza, ¿qué otra cosa habría que hacer sino atacar esa amenaza, marginarla, contenerla o eliminarla?

Es una bocanada de aire fresco ver que muchos están horrorizados ante la retórica que Benjamín Netanyahu ha utilizado el mismo día de las elecciones israelíes. Para movilizar a los votantes de extrema derecha, advirtió que “el gobierno de la derecha está en peligro” porque “los votantes árabes están acudiendo en masa a las urnas”. Algunos lo han comparado con la “estrategia sureña” en EEUU, cuando el Partido Republicano apeló al racismo existente entre los sureños blancos a finales de los 60 para alejarlos del Partido Demócrata, que se había pronunciado en favor de los derechos civiles.

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Israel vota por la ocupación permanente y el ‘apartheid’

La extrema derecha de Israel ha dado la victoria electoral al primer ministro Benjamín Netanyahu, después de que este prometiera oficialmente no reconocer a ningún estado palestino e hiciera declaraciones racistas sobre los ciudadanos palestinos. Pero el margen de victoria del Likud y demás partidos sionistas extremistas que niegan los derechos básicos a los palestinos es una evidencia más del desplazamiento hacia la ultraderecha de los judíos israelíes, que no tienen ningún interés por buscar una paz justa, tal como han dicho hoy destacados activistas de la sociedad civil palestina.

El abandono del mal llamado “proceso de paz” debería llevar a los gobiernos del mundo a dejarse ya de excusas para no imponer sanciones a Israel, comenzando con un embargo militar que debía haberse establecido hace muchos años.

La convincente victoria del llamado “campo nacional”, una coalición de grupos de colonos, Likud y sus socios ultraderechistas, es vista por la mayoría de los palestinos como un voto inequívoco a favor de perpetuar la ocupación, la colonización y el apartheid israelíes. Pero es, también, una oportunidad para aislar aún más a Israel, principalmente a través del movimiento BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones), así como mediante el procesamiento de criminales de guerra israelíes en la Corte Penal Internacional.

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El plan de la ‘oposición’ israelí para un pseudoestado palestino

Ben White

Fuente: The Zionist Union’s plan for a Palestinian Bantustan, Middle East Monitor, 10/03/2015

Isaac Herzog, presidente del Partido Laborista israelí y líder de la Unión Sionista.

 

Cuando los israelíes acudan a las urnas la semana que viene, el único rival serio del primer ministro Benjamín Netanyahu será el laborista Isaac Herzog. Este encabeza la coalición electoral Unión Sionista, de la que forman parte el Partido Laborista y Hatnuah, de Tzipi Livni.

Desde 2009, Netanyahu y sus aliados en el parlamento han frustrado los esfuerzos de EEUU y la comunidad internacional para avanzar en el proceso de paz. Hace apenas dos días, Netanyahu aclaró que, en caso de ganar las elecciones, no habrá “ninguna concesión y ninguna retirada” de los territorios palestinos ocupados.

¿Pero qué dicen Herzog y Livni? ¿Qué pasaría si, cuando escampe, la Unión Sionista es invitada a encabezar el próximo gobierno israelí? ¿Cuál es la postura de la Unión Sionista sobre los palestinos y el proceso de paz? Ya lo sabemos. El domingo, la Unión Sionista publicó su plataforma y lo que dice es claro: desprecio por el derecho internacional y un plan para unos bantustanes palestinos.

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Elecciones en Israel: gane quien gane, perderán los palestinos

Jamie Stern-Weiner

Fuente: No matter who wins the Israeli elections, Palestinians lose, Mondoweiss, 24/02/2015

Carteles de la campaña electoral de Unión Sionista y del partido de Netanyahu, el Likud. El primero dice “Nosotros o él” y el segundo, “Nosotros o ellos”.

 

Si Benjamín Netanyahu no hubiera entrado en política, estaría en Broadway sobreactuando como un villano de pantomima. El primer ministro de Israel, halcón entre los halcones, es teatralmente insoportable, hasta el punto de que incluso los más firmes aliados de Israel en la comunidad judía estadounidense le han pedido que baje el tono. Es ese tipo de persona que no solo se presenta en tu casa sin ser invitado, sino que trae consigo su ropa sucia, para que se la laves, vacía tu nevera, orina en el fregadero y, luego, bruscamente, se va hecho una furia, quejándose del servicio.

Pocos políticos estadounidenses y europeos derramarán una lágrima si es derrotado en las elecciones del mes que viene. Pero sería un error atribuir su hostilidad simplemente a su estilo áspero.

El año pasado, el secretario de estado de EEUU John Kerry promovió un plan diplomático de alto nivel para resolver el conflicto israelo-palestino. Trató de aprovecharse de la debilidad política de los palestinos para conseguir la conformidad de sus líderes a las condiciones israelíes para un acuerdo.

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Grupos de colonos judíos se apropian de tierras y casas palestinas en Jerusalén Este

Jessica Purkiss

Fuente: The settler organisations appropriating Palestinian land and property in East Jerusalem, Middle East Monitor, 20/02/2015

Cuando los colonos israelíes se presentaron en la casa de la familia de Rafat Sub Laban la semana pasada, no fue un hecho del todo inesperado. Los colonos llegaron con un abogado para demandar a la familia que abandonara la propiedad de forma inmediata. La familia Sub Laban ha estado envuelta en una batalla legal para conservar su casa desde hace décadas. Como residentes palestinos de Jerusalén Este, su batalla no es en absoluto un caso aislado.

En la década de 1980, la familia necesitó realizar algunos trabajos de mantenimiento de la casa, pero las autoridades israelíes se lo negaron, obligándoles a reubicarse en otra casa de Jerusalén. Poco después, todos los vecinos palestinos de la familia fueron desalojados y los pisos vacíos fueron ocupados por colonos israelíes, los cuales impidieron a los Sub Laban entrar en su casa. Aquí comenzaron las penurias.

“Mi familia inició una batalla legal que se prolongó durante más de 20 años en los tribunales israelíes”, dice Rafat. Ganaron el pleito en 2000, pero los colonos judíos se han seguido presentando en la puerta de la escalera durante los cinco últimos años para intentar expulsar a la familia.

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