Violar a mujeres vietnamitas: Un brutal ‘procedimiento operativo estándar’ de la agresión…

En la guerra de Vietnam, los soldados estadounidenses violaron y asesinaron a mujeres vietnamitas de forma rutinaria

Robert J. Barsocchini

Escena de la película La chaqueta metálica de Stanley Kubrick.

Escena de la película “La chaqueta metálica” de Stanley Kubrick.

Tras comparar los testimonios de mujeres vietnamitas y soldados estadounidenses, Gina Marie Weaver, en su libro Ideologies of Forgetting: Rape in The Vietnam War, descubre que la violación de mujeres vietnamitas por soldados estadounidenses durante la invasión de Vietnam por EEUU fue algo “extendido” y “cotidiano”, que fue esencialmente “aprobado” e incluso alentado por los militares y que tenía sus raíces en la formación militar y la cultura norteamericana. Weaver investiga por qué las violaciones fueron algo tan habitual y por qué este aspecto de la guerra estadounidense ha sido virtualmente “eliminado” de las “narrativas de la guerra”. Insiste en que el asunto es también importante pues las violaciones en el ejército de EEUU siguen produciéndose a gran escala en la actualidad, pero ahora con mujeres soldados estadounidenses en su mayor parte.

Las violaciones de mujeres vietnamitas por las tropas estadounidenses “tuvo lugar a una escala tan grande que muchos veteranos creyeron que era un procedimiento operativo estándar”. Eran “sistemáticas y en grupo”, una “política militar oficiosa”. Un soldado la calificó como una “política militar masiva”. Las violaciones de mujeres vietnamitas y su posterior asesinato eran “tan habituales que los soldados estadounidenses tenían un término especial para los soldados que cometían los dos crímenes: eran dobles veteranos”. Entre los testimonios recogidos figuran “violaron a la niña y luego, el último hombre que hizo el amor con ella le disparó en la cabeza” (Weaver observa que las palabras “hacer el amor” revelan la confusión existente entre los militares y la gente en general entre amor, sexo y violencia); dos soldados norteamericanos arrastraron a una mujer joven desnuda fuera de la choza. El soldado que realizó este testimonio dijo que la violación fue “un buen SOP (procedimiento operativo estándar)”. Luego, arrojaron a la mujer a una “pila” de “19 mujeres y niños”, y los soldados “abrieron fuego con sus fusiles automáticos M–16”. Los soldados sacaron a una niña de un refugio antiaéreo y la violaron delante de su familia. El soldado que realizó el testimonio dijo que habían tenido lugar “10 o 15 incidentes de este tipo por lo menos”. El líder del pelotón “aprobó la violación”, las mujeres prisioneras fueron “violadas, torturadas y luego fueron completamente destruidas, sus cuerpos fueron destruidos”. Un sargento dijo a su pelotón: “si hay una mujer en una choza, violarla”.

Weaver ha estudiado la cultura militar y civil del periodo en el que se produjeron estos comportamientos. Los soldados se referían generalmente al racismo y el sexismo, advirtiendo que estas características existían ya en la sociedad y que fueron “intensificadas” en el entrenamiento militar. Un soldado dijo que “el ejército era simplemente una exageración, una caricatura, de todo lo que había pasado antes”. Weaver señala que existía una confusión entre “enemigo” y “raza”, o sea, la población estaba siendo invadida por extranjeros y masacrada; no tienen uniformes, pero es una raza de gooks [término despectivo para referirse a los asiáticos, N. del T.], “objetos” malvados y subhumanos.


La cultura y la formación militar estadounidenses también fomentaban la idea de que las mujeres eran inferiores y que lo femenino era algo odioso y violentamente rechazable. La masculinidad era definida como hostilidad violenta hacia la femineidad. Las mujeres, al igual que el pueblo vietnamita, eran objetos; en el caso de las mujeres, objetos detestables que existían para servir sexualmente a los hombres. Así, pues, las mujeres vietnamitas, señala Weaver, eran doblemente inferiores, doblemente odiadas. La formación militar demandaba esencialmente que los hombres se convirtieran en depredadores misóginos. La hostilidad hacia lo femenino se incrementó debido a la prominencia de mujeres en las fuerzas vietnamitas; la idea de ser matado por una mujer hizo que la amenaza de lo femenino fuera mucho más potente y la agresión contra lo femenino, mucho más común y extrema. También existía la idea, arraigada en la cultura de la sociedad, de que los hombres simplemente “tenían” que tener sexo, que no podían contenerse en sus giras de servicio.

Weaver señala también que algunas de las agresiones cometidas en Vietnam se debieron a la “impotencia” de la familia trabajadora estadounidense, una “unidad de parentesco impotente” que no podía “determinar realmente su propio futuro”, empujando a menudo a las figuras paternas “impotentes” a agredir violentamente a través de un “intenso chovinismo masculino”. Los movimientos de mujeres de los años 60 fueron “catalizados por estas mismas actitudes”. Un nuevo “sentimiento de privilegio sexual” fue “vinculado con la creencia de los soldados en el excepcionalismo estadounidense” (la creencia de que EEUU estaba haciendo en Vietnam un favor al destruir el país y matar a millones de personas, por lo que las mujeres vietnamitas debían devolver ese favor a los hombres estadounidenses). Muchos soldados recurrían a películas con caricaturas violentas de la masculinidad, sobre todo de las películas de “indios y vaqueros”, muchas de ellas interpretadas por John Wayne, como inspiración para unirse al ejército. Cuando las estrellas del cine visitaban Vietnam, los soldados adoptaban frecuentemente poses como si fueran soldados de una película de Hollywood, “pretendiendo ser” lo que eran. En 1968, para colaborar con la propaganda norteamericana en favor de la guerra, John Wayne hizo una película “del oeste”, Boinas verdes, en la que los soldados estadounidenses se enfrentaban como cowboys contra los “indios” vietnamitas. La película fue un éxito de taquilla, pero recibió muchas críticas. El reclutamiento para el ejército aumentaba cada vez que echaban películas de John Wayne en la televisión.


Weaver, que es también una estudiosa del nacionalismo, explora cómo y por qué la historia de las violaciones ha sido “olvidada”, reprimida o borrada. Discute las formas en las que las violaciones son utilizadas generalmente para “reforzar el nacionalismo”: 1) los hombres dicen que hay que defender a la nación de los enemigos que violarían a “sus” mujeres, y 2) las violaciones cometidas por los nacionales son justificadas, excusadas, etc. Así, para promover o “restaurar los confortables mitos del excepcionalismo estadounidense […] los productores de la narrativa cultural […] olvidan” estos y otros aspectos de la conducta estadounidense que causan vergüenza: admitir estos hechos desmontaría el “excepcionalismo militarizado del que ha surgido este comportamiento”. Incluso los académicos, “cuyo trabajo consiste en recordar estos hechos […] participan en esta operación de amnesia”. Una de las razones de esto es que el veterano de Vietnam ha sido representado como una víctima. Esto supone la desaparición de las víctimas vietnamitas y, por extensión, permite que la nación entera de EEUU se convierta en la verdadera víctima de la guerra. Esto es, en parte, un fallo de la teoría del trauma, que no ha proporcionado un análisis matizado en el que el veterano pueda ser tanto una víctima como un victimario y criminal de guerra (aunque parece que este “fallo” puede ser un efecto del arraigado nacionalismo — también en el medio académico — que Weaver describe). Esta autora señala que muchos veteranos son “victimizados” por la memoria de las atrocidades que cometieron, pero al cometerlas, también son victimarios. Permitirles que reconozcan lo que han hecho — como lo han intentado hacer muchos — y aceptar lo que tienen que decir, en lugar de ocultarlo, dice Weaver, es una parte importante del proceso de curación.

El “principal vehículo para promover el olvido de la violencia contra las mujeres en Vietnam” está constituido por “los medios audiovisuales, en especial las películas de Hollywood”. Weaver ha analizado algunas de las películas supuestamente contrarias a la guerra. La chaqueta metálica de Kubrick, basada en la novela de Hasford, un veterano del Vietnam, Un chaleco de acero, borra lo que Hasford dice sobre las violaciones cometidas por los soldados estadounidenses, así como su ilustración sobre la mezcla militar de violación y asesinato. En la novela de Hasford no hay prostitutas vietnamitas, pero el film de Kubrick incluye a dos. El cineasta reemplaza, así, a las mujeres victimizadas por los estadounidenses con mujeres que corrompen a los estadounidenses (a pesar del hecho de que, como señala Weaver, el ejército de EEUU fue “casi el único responsable” de la proliferación de la prostitución en Vietnam mediante la destrucción deliberada de la economía y la agricultura, lo cual forzó a mucha gente a buscar otros medios para sobrevivir).

Platoon, de Olivers Stone, contiene una escena en la que una violación está a punto de ocurrir, pero la mantiene fuera de campo, mientras un soldado estadounidense normal y corriente interviene contra las “malas hierbas” marginales. Corazones de hierro, de Brian De Palma, hace en gran medida lo mismo: primero, casi justificando una violación al hacer ver que los soldados esperaban encontrar prostitutas en el lugar; luego, en contra del material que inspiró la película [un artículo sobre unos hechos reales escrito por el periodista Daniel Lang y publicado en THE NEW YORKER, N. del T.], representa la violación — aunque sin desnudos — mientras un estadounidense normal y corriente, de clase media (en realidad, todos los soldados implicados eran “hombres de familia” de la misma clase social), interpretado por Michael J. Fox, interviene contra las “malas hierbas”, los soldados de clase trabajadora (una intervención que, de hecho, no ocurrió en la realidad), alentando así la interpretación de que esto era algo atípico, un comportamiento esencialmente extraño en un hombre estadounidense. En la realidad, los violadores y asesinos fueron juzgados. De Palma incluye su juicio y condena, sugiriendo que el problema era limitado y castigado por el sistema de justicia y, de esta forma, fomentando el sentimiento de orgullo y de clausura de unos hechos inusuales. Pero, como observa Weaver, omite que las sentencias fueron muy leves y que quedaron reducidas a prácticamente nada.

Weaver menciona que una película posterior de Stone, El cielo y la tierra, representa la violación de una mujer vietnamita, Hayslip, por un soldado norvietnamita (una violación que ocurrió en la vida real). Weaver no abunda en esta escena. Supuse que esta violación era más explícita y cruda, en comparación con los otros filmes, que no hubo intervención alguna para impedirla, ni justificación ni sugerencia de que el violador estuviera actuando al margen del código de conducta o que fuera llevado ante la justicia. Cuando vi la película, mi hipótesis demostró ser cierta. Es la escena más gráfica de todas las comentadas. Stone muestra al soldado norvietnamita empujando a Hayslip al suelo embarrado bajo la lluvia, rasgando su ropa, descubriendo sus pechos y abriendo sus pantalones para, acto seguido, violarla, todo ello en planos medios y primeros planos de los rostros de los personajes, una expresión torturada la de ella y una mueca malvada la de él. Stone no se sujetó a la “norma”, ningún hombre norvietnamita trató de impedir la violación, el crimen no es justificado de ninguna forma, el violador es representado como un soldado normal, mientras otro soldado, también normal, monta guardia. Una comparación de las dos escenas de violación de Stone habría contribuido a la demostración, por parte de Weaver, de que el nacionalismo influye en la representación de la violencia sexual: tal como muestra Weaver, las violaciones cometidas por miembros del país “propio” tienden a ser eliminadas, ocultadas, desautorizadas por otros miembros del país “propio”, un salvador ordinario interviene para impedir las violaciones, que son cometidas por nacionales que no son normales. Sin embargo, las violaciones cometidas por miembros de un país extranjero o, sobre todo, enemigo son representadas de forma explícita y cruda, sin elementos que rediman a sus autores.


Robert J. Barsocchini es licenciado en Estudios Americanos y periodista. Ha trabajado durante varios años como intermediario intercultural para corporaciones de radio y televisión.

Publicado originalmente en www.counterpunch.org

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)

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