El terrorismo de la derecha venezolana

Sectores de la derecha venezolana están alimentando la violencia y actos de terrorismo con el objetivo de desestabilizar el país y justificar una intervención “humanitaria” de EEUU

Militantes de la oposición incendiaron 54 autobuses públicos en Ciudad Guyana el 22 de mayo. (Foto: @TransBolivar)

Frederick B. Mills / William Camacaro

Un 20 de mayo, un vendedor de 21 años del barrio pobre de Petare, Orlando José Figueras, fue golpeado, apuñalado, rociado con gasolina y prendido fuego por militantes de la oposición de Altamira (1), una urbanización de clase media de Caracas, en el curso de una manifestación contra el gobierno, al parecer porque le confundieron con un chavista o un ladrón. Esta atrocidad ha provocado el temor en los barrios populares y ha planteado la cuestión del terrorismo de derechas en Venezuela. La horrible escena fue capturada en vídeo por el fotógrafo profesional Marco Bello, que incluye testimonios de la víctima y de sus padres. Otros manifestantes presentes en el lugar de los hechos instaron, al parecer, a los terroristas a que no mataran a Figueras cuando este suplicó por su vida.

Lo que sucedió con Figueras, que ha sobrevivido para poder contar su historia, no se puede ignorar y arroja luz sobre el odio y el salvajismo de algunos partidarios radicales y extremistas de la oposición venezolana.

Esta hostilidad no surgió de la noche a la mañana. Una retórica insistente dirigida a calumniar y estigmatizar a todos los chavistas, a menudo salpicada de racismo e intolerancia, ha causado un número creciente de crímenes de odio y agresiones, así como la destrucción de símbolos del chavismo. Esta destrucción es manifiesta en los recientes actos de vandalismo contra edificios gubernamentales, el Hospital Materno Infantil Hugo Chávez, una flota de autobuses y una humilde casa de un artesano chavista en el estado de Mérida. Ha habido varios casos en los que chavistas, miembros de sus familias y supuestos simpatizantes han sido hostigados por partidarios de la oposición en EEUU, Italia, España y Australia.

Algunos actos de violencia y barricadas callejeras han tenido lugar en municipios gobernados por la oposición, en muchos casos con absoluta impunidad, razón por la cual ocho alcaldes han recibido sendas órdenes del Tribunal Supremo de Venezuela para que restauren el orden en cumplimiento de sus obligaciones legales. Ha habido también una creciente presión sobre la fiscal general del estado, Luisa Ortega Díaz, cuya lealtad al gobierno parece estar en entredicho, para que investigue hasta el fondo y, cuando sea pertinente, lleve estos crímenes ante la justicia.

A pesar de la polarización política que se ha apoderado de Venezuela, el odio y la violencia no cuentan con grandes apoyos en la república bolivariana. Según una encuesta de Hinterlaces de abril de 2017, el 80 por ciento de los venezolanos está “en desacuerdo” con las manifestaciones violentas y las guarimbas (disturbios callejeros) como medios de protesta. La mayoría de los venezolanos quiere la paz y apoya las conversaciones entre la oposición y el gobierno.

Generalizar sobre la oposición o el chavismo distorsionará, inevitablemente, el complejo panorama política de Venezuela. La oposición al gobierno de Maduro incluye una diversidad de orientaciones políticas, desde la extrema derecha a la socialdemocracia, y muchos de los partidos de la oposición se han agrupado en la Mesa de Unidad Democrática (MUD). Hay también varios grupos disidentes en la izquierda, incluyendo algunos que se consideran a sí mismos chavistas, pero a diferencia de la MUD, ninguno de estos grupos quieren una intervención de EEUU para promover sus objetivos.

La mayoría de los manifestantes antigubernamentales ha expresado su desacuerdo pacíficamente y tienen intereses y demandas legítimas. Muchos opositores argumentan que el gobierno es antidemocrático y corrupto, y que las fuerzas de seguridad reprimen protestas legítimas. El gobierno de Maduro, a su vez, argumenta que está combatiendo la corrupción, que hay un golpe de estado en marcha apoyado por EEUU y que las fuerzas de seguridad se enfrentan no solo a manifestaciones legales, sino también a diversos grados de violencia, incluyendo crímenes de odio, sabotajes, barricadas, ataques a la propiedad, francotiradores y ataques armados contra la policía y la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), algunos de los cuales han causado víctimas mortales. En esta situación, los chavistas siguen movilizando manifestaciones pacíficas multitudinarias, como las que tuvieron lugar el 19 de abril, día de la Independencia de Venezuela, y el 1 de mayo para defender la soberanía nacional y el proyecto bolivariano.

Algunos de los que se sitúan en las primeras líneas de los disturbios callejeros contra el gobierno son menores, equipados con caras máscaras antigás, cascos, escudos y, a veces, cócteles Molotov y armas de fabricación casera. En algunos municipios de clase media gobernados por políticos de la MUD, existe una creciente impaciencia entre sus residentes por tener que sufrir la indignidad de estar gobernados por niños y jóvenes enmascarados, mientras muy a menudo la policía mira para otro lado. En esas comunidades, estos “héroes de la resistencia” ya no son tan bienvenidos. El gobierno ha dicho que estos menores son víctimas y ha presentado el 25 de mayo un informe ante la UNICEF que documenta las violaciones de las leyes que protegen a los niños de la explotación.

Niños venezolanos participan en las protestas violentas de la oposición antichavista.

Las autoridades venezolanas han informado de la detención de seis paramilitares colombianos en el estado de Tachira la semana pasada, que al parecer han sido contratados por opositores de la extrema derecha venezolana. Este tipo de sospechas deberían ser investigadas de forma exhaustiva por un organismo independiente, en lugar de ser desestimadas con sorna como inventos del gobierno. Esto es muy importante ya que estos elementos de ultraderecha pretenden, supuestamente, aterrorizar a la población en general, exacerbar la crisis económica y, en última instancia, crear el caos suficiente en Venezuela para legitimar una intervención “humanitaria” de Estados Unidos. Si este es el caso, el pueblo venezolano debería ser elogiado, incluso a estas alturas, por no lanzar a los perros de la guerra a gran escala. Los venezolanos quieren la paz.

Venezuela Analysis (VA) realiza un seguimiento diario de las causas de las últimas muertes en Venezuela. En un reciente resumen, VA ha dicho:

El último asesinato ha elevado el número de muertes al menos a 55 en las siete semanas de protestas antigubernamentales, incluyendo ocho muertes confirmadas a manos de las autoridades y 18 por la violencia de la oposición. El ministerio público ha confirmado que, hasta la fecha, al menos 972 personas han resultado heridas en los disturbios.

Las protestas han llevado a cabo ataques generalizados contra propiedades públicas y privadas, incluyendo 115 empresas saqueadas en todo el país, según ha informado Últimas Noticias.

En el último incidente de destrucción de una propiedad pública, el gobernador del estado de Bolívar, Francisco Rangel Gómez, ha confirmado que 54 autobuses públicos de TransBolívar fueron incendiados a primeras horas del lunes, causando la destrucción total de 51 de ellos. (Lucas Koerner, 22 de mayo de 2017; véase actualización.)

Toda esta violencia y asesinatos deberían provocar indignación. Varios policías y efectivos de la GNB han sido arrestados por las autoridades venezolanas y acusados de violaciones de los derechos humanos, incluyendo homicidios. Estos abusos son ampliamente informados, al igual que todas las violaciones de derechos humanos, incluyendo las causadas por la violencia política de la oposición.

La MUD está tratando de introducirse en los barrios populares para reclutar seguidores, pero no es probable que consiga muchos adeptos. A pesar de la grave crisis económica, que ha sido exacerbada por una guerra económica que recuerda las tácticas empleadas para derribar a Salvador Allende, los chavistas y la mayoría de los movimientos sociales no se han subido al carro de la MUD y han defendido sus vecindarios de la intromisión de los militantes de la oposición. La imagen de Figueras ardiendo, el asesinato del joven legislador chavista Robert Serra y su esposa en octubre de 2014 y la memoria histórica del “caracazo”, en febrero de 1989, siguen vivas en la memoria de la gente y funcionan como recordatorios de lo que podrían esperar los chavistas de un gobierno de la MUD.

Los crímenes de odio y la violencia terrorista de los paramilitares y la extrema derecha, así como la presencia de tantos niños en las barricadas levantadas por los militantes de la oposición, no es solo un problema de los venezolanos; pronto podría representar un problema político para Washington y sus aliados en la Organización de Estados Americanos (OEA), que justifican su descarado intervencionismo en nombre de los derechos humanos y los valores democráticos. Como ha señalado Patricio Zamorano, el partidismo extremo del secretario de la OEA, Luis Almagro, en nombre de la oposición venezolana no solo ha dado — deliberadamente o no — luz verde a los partidarios de la línea dura en el campo de la oposición, sino que también ha obstaculizado las conversaciones promovidas por el papa Francisco. Almagro tiene ahora la infame distinción de haber dañado la legitimidad institucional de la OEA y haber seguido las órdenes de Washington.

El Departamento de Estado ve a Venezuela como un obstáculo para la rehabilitación de la hegemonía de EEUU en la región y quiere utilizar a la OEA como un instrumento para imponer su agenda. No hay nada extraño en esto. En una inusual muestra de sinceridad, el Departamento de Estado, en su Justificación del Presupuesto del Congreso para el año fiscal 2018, declara lo siguiente:

La Organización de Estados Americanos (OEA) promueve los intereses políticos y económicos de EEUU en el Hemisferio Occidental al contrarrestar la influencia de países contrarios a EEUU como Venezuela y promover elecciones libres y limpias, así como al impulsar el apoyo internacional para el acuerdo de paz de Colombia y los esfuerzos de reconstrucción en Haití. (p. 180)

La OEA debe expresar su desacuerdo con semejantes palabras e insistir en que la organización debe promover los “intereses políticos y económicos” de todos los estados miembros, en el espíritu de las nuevas organizaciones regionales que han trabajado duramente para fortalecer la región contra los excesos manipuladores de Estados Unidos.

Esta manipulación e intromisión es evidente en el caso de Venezuela. El decreto de Obama por el que declara que Venezuela es una “amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de EEUU”, las sanciones contra el gobierno venezolano, la financiación de organizaciones de la oposición, así como las recientes reuniones de líderes de la oposición y representantes de EEUU, han proporcionado a la oposición la confianza necesaria para mantener el rumbo hacia un cambio de régimen sin demora. Irónicamente, la MUD rechaza las elecciones regionales previstas para el 10 de diciembre de 2017, las cuales había venido reclamando de forma insistente. Además, repudia el proceso constituyente, demanda la liberación de los “presos políticos” y rechaza mantener conversaciones con el gobierno de Maduro, con la mediación del papa Francisco y el apoyo de la ONU, CARICOM y otras organizaciones regionales, así como de la mayoría de los venezolanos y venezolanas.

Es muy importante condenar no solo los abusos cometidos por las fuerzas de seguridad, sino también los asesinatos selectivos y los crímenes de odio contra los chavistas. El hecho de que los líderes de la MUD no hayan denunciado, hasta ahora, la violencia terrorista, venga de donde venga, y no hayan repudiado el uso de niños en las barricadas, así como las continuas reticencias de algunos alcaldes de la oposición a actuar para restablecer el orden público en sus municipios, es inconsistente con una postura de principios sobre los derechos humanos. Aunque hasta el momento la violencia antigubernamental está reducida a unas pocas partes del país, los intentos de hundir al país sudamericano en el caos con el fin de justificar una intervención extranjera debería alertar a todas las fuerzas progresistas.

Notas

  1. Orlando José Figueras murió el 5 de junio de las heridas causadas por militantes de la oposición venezolana. Recibió seis puñaladas y sufrió quemaduras en el 80 por ciento de su cuerpo. N. del T. ↩︎

Frederick B. Mills es profesor invitado del Consejo de Asuntos Hemisféricos. William Camacaro es investigador senior del Consejo de Asuntos Hemisféricos.

Publicado originalmente en: Right-Wing Terrorism in Venezuela, Consejo de Asuntos Hemisféricos (COHA), 27/05/2017

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)

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