Cómo Israel quedó impune por la masacre de Deir Yasin y otras

Ilan Pappe

Fuente: How Israel was absolved of Deir Yassin and all other massacres, The Electronic Intifada, 10/04/2015

Estudiantes palestinos de la ciudad de Gaza muestran su solidaridad con los refugiados del campo de Yarmuk, Damasco, el 8 de abril. (Foto: Ashraf Amra / APA images)

Esta semana conmemoramos la masacre de Deir Yasin.

En vísperas del aniversario, fui con un grupo de palestinos, israelíes y extranjeros a realizar una gira por el pueblo organizada por Zochrot, el grupo israelí que sigue recordando, sin descanso, a los israelíes los crímenes cometidos durante la Nakba.

El año pasado, esa visita terminó con un violento ataque de un residente local de Har Nof —el barrio judío ultraortodoxo construido sobre las ruinas del pueblo—, así que en esta ocasión dos malhumorados policías nos escoltaron (también para asegurarse de que no nos desviábamos de la ruta acordada). El calor que hizo disuadió probablemente a los habituales sospechosos de repetir la agresión.

Tres edificios se mantienen en pie: la escuela, que es ahora una yeshivá [centro de estudios de la Torá y el Talmud, también conocidos como ‘escuelas talmúdicas’. N. del T.], y dos casas. El resto está cubierto por horribles edificios cúbicos, que obligan a un esfuerzo de memoria si quieres reconstruir mentalmente la hermosa aldea situada al pie de las laderas occidentales de las montañas de Jerusalén.

Fue uno de los primeros objetivos de la limpieza étnica de Palestina, que comenzó semanas antes de que se atacara la aldea.

El 1 de abril de 1948, las fuerzas sionistas, que habían recibido la instrucción para limpiar una gran cantidad de pueblos palestinos del área occidental de Jerusalén, recibieron un gran paquete de órdenes.

Entre estas órdenes había una directiva del servicio de inteligencia de la Haganah, que presentaba a todos los pueblos como bases del enemigo y a todo palestino mayor de diez años, como un posible combatiente. Así, los pueblos y los hombres y niños que los habitaban eran considerados objetivos militares legítimos que debían ser destruidos y exterminados.

Deshumanización

En Deir Yasin, tampoco las mujeres y los bebés se salvaron. Pero la importancia de las directivas consiste en la deshumanización de los palestinos, que se integró en las órdenes enviadas a las tropas durante los diez meses siguientes y que permitió la masacre de miles de palestinos y la expulsión de casi un millón de ellos (la mitad de la población del país), la demolición de sus casas y la destrucción de sus pueblos.

Esta deshumanización también explica por qué el llamado pacto de no agresión que los pueblos firmaron con sus vecinos judíos y el mando militar de Jerusalén fue siniestramente traicionado una vez que se dio la orden de avanzar la limpieza étnica en la región.

Los judíos no son diferentes de las otras personas de este planeta. Casi todos los grupos de personas pueden ser adoctrinados para deshumanizar a otro grupo.

Así fue cómo se reclutó a alemanes normales para la maquinaria de la muerte de los nazis, cómo se consiguió que unos africanos participaran en el genocidio de Ruanda y cómo se organizaron los campos de exterminio de Camboya. Incluso personas que dijeron ser víctimas de esa deshumanización, como eran los milicianos sionistas de 1948, se comprometieron a fondo en la matanza de bebés y ancianos en Palestina.

Esta deshumanización la vemos ahora a diario en Siria, Irak, Libia y Yemen.

La ruta de la destrucción

El mundo se divide aproximadamente en tres respuestas a la actual deshumanización. La primera se caracteriza por la manipulación cínica de la tragedia por parte de las elites políticas y económicas de Occidente, China e India. En ellos puedes encontrar traficantes de armas, banqueros heterodoxos y políticos con sangre fría que calculan a diario cómo esto les va a dar más influencia y/o dinero.

El segundo enfoque es la indiferencia ejercida por la mayoría de las personas, a las que todo esto les importa más bien poco.

Y la tercera respuesta es una genuina preocupación y solidaridad, mostrada por sectores con conciencia de la sociedad que desean hacer algo.

Para todos estos grupos, es importante insistir en el vínculo existente entre lo que pasó esta semana hace 67 años en la aldea de Deir Yasin y las atrocidades que se cometen en la actualidad.

La masacre de Deir Yasin, que no es la peor ni la última en la historia de Palestina, es un símbolo de lo que fue característico de la difícil situación de este pueblo. Inmediatamente después de que ocurriera, las personas que la perpetraron (los líderes sionistas) culparon de los hechos a la extrema derecha y pidieron disculpas.

Al mismo tiempo, difundieron a los cuatro vientos las noticias con el fin de sembrar el pánico entre las poblaciones cercanas en su ruta de expulsión y destrucción. Hablaban de asaltos inminentes de ciudades palestinas, esperando que la masacre empujara a sus habitantes a huir. No funcionó todo lo bien que quisieron: tuvieron que masacrar y expulsar por la fuerza a los habitantes de los pueblos y ciudades a lo largo del mes de abril de 1948.

Perdonar a Israel

Pero la propaganda sobre la masacre dio sus frutos en otras partes. El nuevo estado de Israel fue absuelto de esta y otras masacres similares; de hecho, se han olvidado todos los crímenes cometidos en 1948 y desde entonces. La impunidad concedida en abril de 1948 sigue vigente en la actualidad.

En otras partes de Oriente Medio se practicó un tipo diferente de excepcionalismo. Los regímenes proestadounidenses, a menos que se volvieran locos, pudieron cometer abusos contra los derechos humanos y civiles, mientras aquellos que no estaban en el lado de los buenos eran condenados como estados canallas.

Los que tenían recursos codiciados por EEUU fueron castigados más duramente. Pero incluso aquellos que tenían un estatus excepcional a los ojos de Washington no fueron acogidos como miembros de la comunidad de naciones civilizadas, tal y como sí lo fue Israel. El excepcionalismo fue realmente excepcional.

Es este excepcionalismo lo que impide que las buenas personas de Occidente participen de forma significativa en la urgente conversación sobre los derechos humanos y civiles en el resto de Oriente Medio.

Todo el mundo debería participar en esta conversación sobre los actos de barbarie cometidos contra personas inocentes. Pero, además, todos los que cometieron estos actos deberían ser señalados en esta conversación.

Los criminales que atacaron Gaza, el campo de refugiados de Yarmuk, los pueblos yazidíes del norte de Irak y los que bombardearon Alepo y manejaron los aviones no tripulados en Pakistán no deberían ser exonerados bajo ningún concepto. Todos deberían ser llevados ante la Corte Penal Internacional o tribunales similares.

Hay que exigir justicia para todas sus víctimas.

Cuando esto suceda, podríamos volver la vista a Deir Yasin, sabiendo que se hizo algún tipo de justicia a las personas que han sido víctimas de crímenes que todavía no han sido reconocidos, y mucho menos castigados.


Ilan Pappe es uno de los “nuevos historiadores israelíes”, profesor de historia y director del Centro Europeo de Estudios Palestinos de la Universidad de Exeter, en Reino Unido, así como autor de varios libros sobre historia palestina y sobre la limpieza étnica de 1948 en particular.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)