La ‘coordinación de seguridad’ y la disolución de la Autoridad Palestina

Dr. Fayez Rashid

Fuente: Shocking security agency statistics and the dissolution of the PA, Middle East Monitor, 3/04/2015

El escritor palestino Said Abu Farha ha publicado un informe sobre los servicios de seguridad de la Autoridad Palestina. Este informe contiene estadísticas que, simplemente, no pueden ser creídas debido a sus implicaciones desastrosas y sus detalles miserables. Por ejemplo, hay un agente de seguridad por cada 52 ciudadanos palestinos, mientras que hay un maestro por cada 72 ciudadanos palestinos. En el mismo momento en que se creó la Autoridad Palestina (AP), se organizaron diez agencias de seguridad: la policía civil, la defensa civil, la seguridad preventiva, las fuerzas de seguridad nacional, la policía naval, la policía aérea, la Liga Marítima Palestina, la inteligencia militar, la guardia presidencial (Fuerza 17) y los servicios de inteligencia general.

El presidente palestina Yasir Arafat creó entonces dos agencias más: la seguridad interna y las Fuerzas Especiales, elevando el número total de efectivos de seguridad a unos 70.000 efectivos. Juntos consumen el 37 por ciento de los presupuestos generales de la AP. Las organizaciones palestinas de derechos humanos han recibido 3.409 quejas de personas detenidas relacionadas con torturas y amenazas, 82 de ellas solo en diciembre de 2014. A primera vista, el papel principal de las agencias de seguridad es el de coordinarse con Israel y realizar patrullas conjuntas en las calles (que se abandonaron después de que estallara la segunda intifada), constituir un comité conjunto de seguridad y cooperar en materia de seguridad civil.

Lo que yo digo —y las estadísticas están ahí para corroborarlo— es que las funciones de las agencias de seguridad se limitan a vigilar, espiar, arrestar y torturar a los palestinos que viven en los territorios ocupados en 1967; desde la fractura política de 2007, estas funciones se han concentrado principalmente en Cisjordania. Se supone que la AP —que también está ocupada por Israel— ha de proporcionar ayuda a los palestinos que sufren bajo la ocupación israelí, las restricciones de sus libertades y la opresión de su voluntad soberana. Pero lo que en realidad ocurre es exactamente lo contrario y esto me lleva a decir que la AP se ha convertido en una pesada carga para el pueblo palestino. ¿Es esto lo que quieren EEUU e Israel?

Es inaceptable que exista un agente de seguridad por cada 50 palestinos. El ominoso Acuerdo de Oslo tiene una cláusula que estipula la coordinación de seguridad de la AP con Israel y esto es utilizado por el liderazgo palestino como una justificación para no suspender esta vergonzosa coordinación de seguridad que solo beneficia a una de las partes. La AP actúa como un leal soldado de infantería contra todo lo que amenace la seguridad de Israel. No hay manera alguna de que Israel vaya a permitir la menor interferencia con las actividades de sus propias agencias de seguridad, que espían incluso a su principal aliado, EEUU, y lo ha hecho durante décadas, como lo ilustra la condena a cadena perpetua del espía israelí Jonathan Pollard. Por eso necesita Israel a la Autoridad Palestina.

Otro asunto sobre el que me gustaría llamar la atención es que casi la mitad de los presupuestos de la AP se gastan en estas agencias de seguridad, que son lo más parecido a un cuerpo parásito en la sociedad palestina. ¿Es esto lógico? ¿Dónde están los proyectos de desarrollo urbano y rural, los servicios de salud y educación y las prestaciones para las personas de edad avanzada y las otorgadas a las familias de los fallecidos, además de los otros servicios proporcionados a los ciudadanos, sobre todo a aquellos que viven bajo la ocupación? Según el informe, el empleo en las agencias de seguridad es utilizado para salir adelante y comprar la lealtad de la gente, y solo se emplea a miembros de Fatah. El control del partido progubernamental es algo que ocurre en todos los ministerios y departamentos. Es muy raro que haya alguna persona de otro partido en esos puestos. La AP ha sustituido a la OLP (Organización para la Liberación Palestina) en todas sus funciones y se ha asegurado de que esta ya no juegue ningún papel relevante.

En otro orden de cosas, se habla en la actualidad de disolver la AP, ya que es “una autoridad sin autoridad”. Mahmud Abás ha dicho siempre esto en sus reuniones con sectores oficiales y populares. Según el veterano negociador de la AP Saeb Erekat, confirmado por los periódicos israelíes Mariv y Haaretz, la AP ha informado a varios países, entre ellos EEUU e Israel, de su intención de disolverse en el contexto de lo que ha llamado la “transferencia de la autoridad a la ocupación”, como parte de un plan de cambio gradual. Este empezaría con la transferencia de las autoridades civiles, en concreto de salud y educación, y pospondría los temas de seguridad para un momento posterior. A pesar de estas amenazas, la AP no se ha disuelto.

La verdad es que la AP no es una autoridad. Israel quiere que actúe en su nombre para supervisar las vidas de los palestinos en los territorios ocupados sin darle ninguna soberanía. Israel quiere que la AP le represente preservando su seguridad e impidiendo toda resistencia a la ocupación. Es una autoridad sometida a los dictados de Israel en todos los niveles. La verdad en este asunto es que, desde su creación, la AP ha cumplido con sus funciones, lo que significa, en última instancia, que es una entidad autónoma frágil en los territorios ocupados.

La AP tendría que disolverse si tuviera algún grado de autoestima y de respeto por su pueblo. Pero, lamentablemente, el presidente Abás ha amenazado con disolver la AP no una vez, sino varias veces, traicionando sus verdaderas intenciones. Es difícil entender estas declaraciones sobre la disolución en un momento en que los medios de comunicación israelíes están diciendo que la AP está siendo utilizada para reprimir manifestaciones (por primera vez desde su creación) y que las fuerzas de seguridad reprimen estas manifestaciones con botes de humo, pelotas de goma y granadas aturdidoras. También me resulta difícil entender las amenazas de disolver la AP cuando esta sigue manteniendo su coordinación de seguridad con Israel. El presidente Abás debería denunciar los Acuerdos de Oslo en su conjunto y luego disolver la AP.

Es un hecho bien conocido que el número de empleados de la AP ha alcanzado la cifra de 250.000, además de los 70.000 efectivos de las agencias de seguridad. Es, pues, normal preguntarse por el destino de estos empleados si la AP se disolviera. Además, desde la creación de la AP, un grupo de personas se ha beneficiado de su existencia y ahora está preocupado por su supervivencia. Algunos son los fundadores de la AP y sus líderes, y es natural que intenten mantenerla con vida: solo pretenden que la vaca siga dándoles leche.

¿Por qué hablar de la disolución de la AP dada la marginación de la OLP y de sus instituciones? Los que fundaron la AP crecieron dentro de ella y no en la OLP, que es la razón por la que han hecho todos los esfuerzos para fortalecer las instituciones de la AP a expensas de las organizaciones de base.

¿Por qué hablar de la disolución de la AP en un momento en que la arena palestina está sufriendo por la división política y no existe ninguna forma de unidad nacional? Si quieren realmente disolver la AP, deberían empezar por lograr la reconciliación y la unidad nacional y, acto seguido, reformar la OLP junto con el resto de las instituciones, suspender todas las negociaciones con Israel, que han demostrado su inutilidad durante los 20 últimos años, y restaurar la resistencia legítima en todas sus formas, incluyendo la lucha armada. No deberían arrestar a los miembros de la resistencia y encerrarlos en las prisiones palestinas, ni tampoco deberían arrebatar las armas de las manos de su propio pueblo con excusas sobre la responsabilidad. Deberían, además, boicotear a Israel en el ámbito político, el económico y el de seguridad, así como recuperar la causa como una causa árabe, apoyándose en las masas árabes en lugar de esperar la “bondad” de los sionistas y la presión de Estados Unidos. Quienes quieran seriamente disolver la AP, deberían devolver la causa palestina a su contexto de legitimidad internacional y de las resoluciones de la ONU, en lugar de proponer un estado dentro de las fronteras de 1967, y reafirmar su compromiso con el derecho al retorno de los refugiados.

Quienes quieran en serio disolver la AP, deberían comprometerse con una estrategia que se base en lo que quiere el pueblo y lo que este decida sobre los derechos nacionales, sin hacer concesiones sobre los mismos. Y deberían, también, utilizar tácticas que sirvan a esta estrategia, que debe basarse en todas las formas de resistencia.

La amenaza de disolver la AP esgrimida por sus líderes no es seria. En realidad, no es más que un intento más de mejorar las condiciones de cara a una reanudación de las negociaciones. Esto es especialmente cierto porque la amenaza de la AP está siendo enérgicamente criticada por EEUU, Israel y demás países occidentales, todos los cuales están interesados en la existencia de una “autoridad sin autoridad”, una autoridad que ayude a Israel a soportar las pesadas cargas de la ocupación.

Solo resta decir que el comportamiento de la AP en todos los ámbitos, sobre todo en el de la seguridad, está todo lo lejos que puede estar de los intereses del pueblo palestino.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)