La solución de ‘un estado’ en Palestina

Alí Anuzla

Fuente: Palestine’s one-state solution, Middle East Monitor, 26/03/2015

El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu prometió a sus electores que no permitiría el establecimiento de un estado palestino si ganaba las elecciones. Las ganó y al hacerlo, puso el último clavo en el ataúd del proceso de paz y enterró la opción de dos estados, que era la finalidad de las fracasadas negociaciones.

La declaración de Netanyahu no sorprendió, porque las negociaciones entre palestinos e israelíes han fracasado y solo un golpe de gracia podría sacarlas de su estancamiento. En realidad, todo sugiere que las negociaciones se agotaron hace años y quedaron condenadas al fracaso desde el momento en que Israel consiguió lo que quería con ellas.  El objetivo último en el que estaban interesados los israelíes era el reconocimiento palestino de su estado y el fin de lo que creían que eran etiquetas discriminatorias para referirse al movimiento sionista en las resoluciones de la ONU. Desde que lograron este objetivo, dejaron de preocuparse por el futuro de las conversaciones, a pesar de que la paz supuestamente deseada por ambas partes y el propósito original de las negociaciones hace más de 20 años sean tan esquivos como siempre.

Hasta la fecha, las conversaciones han sido poco más que intentos de Israel para paralizar el proceso y conseguir más tiempo para presentar a los palestinos el hecho consumado de la expansión de los asentamientos, la consolidación de sus nuevas fronteras, el aislamiento de los palestinos en guetos aislados en Gaza y Cisjordania y la acentuación del carácter judío del estado de Israel.

Lo único que ha sucedido a lo largo de las interminables conversaciones desde los acuerdos de Oslo ha sido la expansión de Israel en los territorios ocupados, mientras que el sueño de un estado palestino se ha desvanecido lentamente. Israel no está interesado, en absoluto, en declarar formalmente el fracaso de las negociaciones y, por tanto, no debe esperarse semejante declaración, a menos que decida, como hizo en Gaza, retirarse unilateralmente de Cisjordania una vez que concluya la construcción del muro del apartheid. Por consiguiente, los palestinos deberían empezar a buscar ya una alternativa antes de encontrarse, una vez más, frente a un hecho consumado de difícil o imposible modificación. Deberían encontrar una alternativa que les conduzca al logro de los objetivos nacionales de la libertad, la independencia, la autodeterminación y el retorno de los refugiados.

Las opciones son escasas. Podrían regresar a la resistencia armada, a pesar de sus riesgos y las amenazas que representa para la causa y el pueblo palestinos. O podría volver al caos, con su miríada de posibilidades y resultados tan difíciles de predecir y controlar. No cabe esperar que las opciones sean determinadas por los israelíes, pues la situación actual es cómoda para Israel. Así, pues, no debemos esperar que los israelíes abandonen las conversaciones, ya que Israel necesita que continúen hasta poder garantizar que su “carácter judío” esté garantizado dentro de fronteras seguras, a pesar de que estas se extienden día tras día.

Así las cosas, la pelota está en el tejado de los palestinos, pues ellos son los perdedores si permiten que las negociaciones inútiles se arrastren sin rumbo. Les interesa declarar, aunque sea de manera unilateral, que las negociaciones han fracasado y desentenderse de todo lo que han producido. Hablamos de la Autoridad Palestina (AP), de la que Israel se sirve como medio para vigilar los guetos en los que el pueblo palestino está recluido y aprisionado. Cuando los palestinos decidan deshacerse de la AP, habrán impuesto su propio hecho consumado. Sin embargo, antes de hacer eso, deberían decidir que la única opción alternativa es impulsar una solución de un estado y luchar por un estado democrático, laico y pluralista en el que todas las personas tengan iguales derechos y libertades.

Esta es la alternativa a la que llegarán con el tiempo las dos partes, aunque tengan que pasar décadas de conflicto y conversaciones. Esta es la opción final: un estado con dos nacionalidades. No será fácil convencer a los israelíes sin una reflexión muy profunda sobre cómo puede lograrse este objetivo de la mejor forma. Una vía sería el desarrollo de movimientos que apoyen la opción de un estado, en primera instancia entre los palestinos, luego en Israel y después en el mundo árabe y en las comunidades judías de todo el mundo y, finalmente, en las organizaciones internacionales.

No deberíamos esperar que surgieran avances hacia una solución de este tipo en Israel, ya que la naturaleza judía de Israel es un pilar vital de la ideología sionista. Tampoco deberíamos esperar que fuera aceptada automáticamente tan pronto como los palestinos declaren que las negociaciones están muertas. Hará falta mucho tiempo conseguir que la opción de un estado sea aceptada, debido a las convicciones de los nacionalistas y los islamistas palestinos, así como de los árabes y los musulmanes, que consideran la cuestión palestina como algo esencialmente nacionalista y religioso.

Es poco probable que la mayoría de los israelíes piensen en esta solución, sobre todo debido al aumento de la influencia de la extrema derecha religiosa en la sociedad israelí. Los palestinos tienen que tener esto en cuenta si quieren superar la oposición inherente que significa el sionismo. Tienen que convencerse de que mantener con vida las conversaciones solo servirá para otorgar cierto grado de legitimidad al estado de Israel en su configuración actual.

Los israelíes son conscientes de la llamada “bomba de relojería demográfica” que representa la tasa de natalidad palestina. Y la tienen miedo. A pesar de todos sus esfuerzos para persuadir a los judíos de todo el mundo para que emigren a Israel durante las últimas décadas, el estado judío ha sido incapaz de inclinar la balanza del crecimiento demográfico a su favor. Esta es una razón por la que Israel ha intentado aislar la Franja de Gaza y dejarla, así, fuera de la ecuación demográfica. Y lo ha conseguido. Ahora, mediante el muro del apartheid, Israel está intentando llevar a cabo el mismo plan en Cisjordania. Sin embargo, con ese intento está contribuyendo, involuntariamente, al éxito de la solución de un estado, porque se está convirtiendo en un estado de apartheid. Con el tiempo, los israelíes no podrán seguir rechazando la solución de un estado y afirmar, al mismo tiempo, que son una democracia. Los argumentos morales, legales y prácticos en favor de esa solución de un estado serán demasiado fuertes. Aunque probablemente falta mucho camino por recorrer para llegar a esa situación, no debe ser desestimada de plano.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)