Israel y la ‘amenaza demográfica’ palestina

Yusef Munayer

Fuente: What It Feels Like to Be a ‘Demographic Threat’ to Israel, The Nation, 20/03/2015

Una mujer árabe israelí se dispone a votar en las elecciones israelíes de marzo de 2015. (Foto: Ammar Awad / Reuters)

 

Soy una amenaza demográfica.

Soy una amenaza demográfica. Soy hijo, nieto y padre de amenazas demográficas. Y soy el esposo de otra amenaza demográfica. Soy ciudadano palestino de Israel y este es el lenguaje que el estado de Israel, sus líderes y sus elites han establecido en su discurso para referirse a mí y a millones de otros seres humanos.

Y una vez que has sido definido como una amenaza, ¿qué otra cosa habría que hacer sino atacar esa amenaza, marginarla, contenerla o eliminarla?

Es una bocanada de aire fresco ver que muchos están horrorizados ante la retórica que Benjamín Netanyahu ha utilizado el mismo día de las elecciones israelíes. Para movilizar a los votantes de extrema derecha, advirtió que “el gobierno de la derecha está en peligro” porque “los votantes árabes están acudiendo en masa a las urnas”. Algunos lo han comparado con la “estrategia sureña” en EEUU, cuando el Partido Republicano apeló al racismo existente entre los sureños blancos a finales de los 60 para alejarlos del Partido Demócrata, que se había pronunciado en favor de los derechos civiles.

Pero el lenguaje de Netanyahu no ha sido solo una táctica electoralista. En realidad, como saben los palestinos —sean ciudadanos de Israel, residentes de Jerusalén o los que viven bajo la ocupación en Cisjordania y Gaza o en campamentos de refugiados o en la diáspora—, este recurso a la amenaza demográfica está arraigado en los fundamentos mismos del proyecto sionista en Palestina. El origen y el mantenimiento del sionismo se ha basado en una ingeniería demográfica dirigida a mantener el poder político en las manos de un grupo etno-religioso, los judíos israelíes. Esto no es una táctica electoral; es la esencia misma del sionismo.

Por eso, un judío de cualquier parte del mundo puede venir a Israel y vivir en las casas de los refugiados palestinos que tienen prohibido volver a sus hogares, precisamente porque son de la etnia y la religión equivocadas. Esta es la razón por la que a los ciudadanos palestinos de Israel como yo no se les permite vivir en Israel con su cónyuge si este/a es un/a ciudadano/a palestino/a de Cisjordania. Políticos como Netanyahu hicieron todo lo posible para que las leyes israelíes evitaran lo que llaman “excedente demográfico”. Y esta es la razón por la que la tasa de natalidad de los palestinos israelíes es un asunto de gran preocupación y debate político en Israel. Y lo que es tal vez más importante, esta es la razón por la que a los 4,5 millones de palestinos que viven bajo el control de Israel en los territorios ocupados no se les permite votar para elegir al gobierno que les gobierna, porque, como han dicho reiteradamente los líderes israelíes, el hecho de permitirles votar supondría una gran amenaza para el monopolio judío del poder.

En Israel, tanto la llamada izquierda como la derecha están dispuestas a emplear el argumento de la amenaza demográfica para promover sus objetivos políticos. Los sionistas liberales siguen predicando que Israel debe seguir negociando con la Autoridad Palestina (para dividir el territorio y, de esa forma, millones de palestinos ya no tengan que vivir bajo el control de Israel) con el fin de intentar conjurar la amenaza demográfica que los palestinos de los territorios ocupados representan para el sionismo si la ocupación se convierte en algo permanente.

Por su parte, los políticos de la derecha utilizan la amenaza demográfica que supuestamente representan no solo los palestinos de Cisjordania y Gaza, sino también los palestinos ciudadanos de Israel. Emplean este argumento para llevar a los votantes judíos a las urnas y crear un clima de temor que apoye sus intereses extremistas. Algunos han pasado a la acción, atacando a los palestinos que conmemoran la Nakba [la limpieza étnica de 1948, N. del T.] y forzándoles a jurar lealtad al estado judío; y hay quienes han llamado incluso a “transferirlos”. La izquierda y la derecha, por tanto, no discrepan en si hay demasiados palestinos, sino en qué cantidad se establece ese “exceso demográfico” y cómo manipular las fronteras de Israel para apropiarse de la mayor cantidad de territorio palestino con la menor cantidad de población palestina.

Desde el punto de vista de la “amenaza demográfica”, es decir, de mí y mis compañeros palestinos, el problema se ve de una forma muy diferente, sobre todo porque nosotros nunca hemos sido caracterizados en esos términos antes de que se promoviera el proyecto sionista. Lo que yo veo no es un problema demográfico, sino un problema sionista, un problema que pretende hacer algo imposible: imponer y mantener un sistema de opresión a expensas de la mayoría de los habitantes nativos del territorio mientras, simultáneamente, se invocan valores democráticos y liberales.

Así, aunque los comentarios de Netanyahu en las urnas deben ser condenados como incitación al racismo, debemos saber que esta incitación es mucho más profunda y central para Israel que para cualquiera de sus partidos políticos particulares. Quien promueve la idea de que las personas de una etnia, religión o raza representan una amenaza simplemente debido a sus orígenes o de sus ancestros y en virtud de su mera existencia está, de hecho, promoviendo el discurso de incitación al odio que Netanyahu decidió utilizar. El hecho de que se haya empleado para promover un objetivo político diferente no lo hace menos pernicioso.

Motivar a la gente a través del miedo, especialmente el miedo demográfico, no conducirá a nada bueno. Lo que se necesita es hacer frente a la paradoja que el sionismo introdujo en Palestina y combatir los sistemas e instituciones que ha creado para promover la desigualdad.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)