Israel Palestina: Una democracia constitucional

David Moshman

Fuente: Israel Palestine: A Constitutional Democracy, The World Post, 6/03/2015

Se dice que la única solución posible al problema de Israel y Palestina es reconocer a los dos pueblos y dividir el territorio entre ellos. Pero la cuestión sin resolver es, según parece, dónde trazar la línea y qué pasará con la gente que quede en el lado equivocado.

Esta solución ha sido un fracaso durante casi 70 años. No existe ninguna línea divisoria. La premisa de dos pueblos diferenciados no corresponde a la realidad.

Comencemos con una premisa distinta. En Israel, Cisjordania, Jerusalén y la Franja de Gaza hay un total de más de 12 millones de personas, con diversas identidades y complejas interpelaciones. Todas ellas están protegidas por los derechos humanos —la libertad religiosa, las libertades de expresión y asociación, igualdad de oportunidades independientemente de su origen, sexo, orientación sexual, etc.— y el imperio de la ley.

¿Qué hacer? No estamos ante un problema excepcional. En realidad, es el problema que hay que afrontar en la formación de las naciones en todo el mundo. La solución es la democracia constitucional.

¿Qué es una democracia constitucional? Es una forma de democracia regulada por principios constitucionales.

La democracia es un sistema de gobierno basado en la igualdad de respeto para todas las personas, incluyendo la igualdad de oportunidades para participar en el debate político. En la mayoría de los asuntos, si no se puede alcanzar un consenso, todo el mundo tiene las mismas oportunidades para votar y se acepta la regla de la mayoría.

La democracia constitucional establece límites al gobierno de la mayoría. Esta, por ejemplo, no puede prohibir tu religión, ni la expresión de tus opiniones, y tampoco puede discriminar el empleo en base a tu raza o sexo. Los derechos humanos fundamentales no pueden ser eliminados. Las constituciones democráticas protegen a las minorías de la discriminación por parte de la mayoría.

Las constituciones democráticas también protegen las libertades de afiliación e identidad social, posibilitando que todos los grupos puedan prosperar. La gente puede identificarse como palestinos, judíos, musulmanes, cristianos, humanistas laicos, libertarios, socialistas, abogados, músicos, maestros, estudiantes, trabajadores, mujeres, activistas políticos o cualquier otra identidad que le plazca. Y la mayoría de la gente tendrá varias identidades que se entrecruzan.

El concepto de Israel Palestina como un único país democrático que sirve a todos sus ciudadanos existe desde hace mucho tiempo y ha sido tomado en serio por muchas personas. Quizá su exposición más destacada sea la de One Country: A Bold Proposal to End the Israeli-Palestinian Impasse, de Alí Abunimah.

Sin embargo, hay muchos que no están de acuerdo. Las objeciones se pueden agrupar en dos categorías principales.

En primer lugar, están quienes insisten en que al menos parte de la Palestina histórica sea un estado islámico. Este es el tipo de estado en el que quieren vivir, y tienen sus razones. Pero muchos palestinos son cristianos y, además, muchos de los que son musulmanes no quieren vivir en una teocracia islámica. No podemos satisfacer todos los deseos.

En segundo lugar, están aquellos que insisten en que al menos una parte de la Palestina histórica siga siendo un estado judío, uno que favorezca oficialmente el judaísmo por encima de otras religiones y a las personas de origen judío por encima de los palestinos y otros. Este es el tipo de estado en el que quieren vivir. Yo crecí con la idea de Israel como estado judío y entiendo muy bien esta idea. Pero no es posible satisfacer todos los deseos.

Ojalá consiguiéramos la mediación de los Rolling Stones: “No siempre puedes conseguir lo que quieres”, nos recuerdan los Stones, “no siempre puedes conseguir lo que quieres”, y luego añaden: “pero si lo intentas alguna vez, podrías conseguir lo que necesitas”. La democracia constitucional tal vez no sea lo que más desea la mayoría de la gente, pero da a todos lo que necesitan.

Por otra parte, a largo plazo, la mayoría de los ciudadanos de las democracias constitucionales terminan reconociendo la libertad igual de los demás, no solo como el precio que tienen que pagar por su propia libertad, sino algo bueno en sí mismo. El respeto mutuo crea el tipo de comunidad en la que todos queremos vivir. Al final, todos conseguimos lo que queremos.

No veremos la emergencia de una democracia constitucional en Israel Palestina a corto plazo. Pero el proyecto de dividir Israel y Palestina ha llegado a un punto muerto predecible. Para avanzar, tenemos que buscar un nuevo ideal con un gran atractivo potencial: una única democracia constitucional comprometida por igual con todos sus ciudadanos.


David Moshman es profesor de psicología educativa en la universidad de Nebraska-Lincoln, donde estudia y enseña desarrollo cognitivo y adolescente. Es editor de la sección de libros del Journal of Applied Developmental Psychology y ha sido presidente de la ACLU (Unión de Libertades Civiles) de Nebraska y de la Coalición de Libertad Académica de Nebraska. Ha escrito Liberty and learning: Academic freedom for teachers and students (2009), Adolescent rationality and development (3º edición, 2011), The daughters of the Plaza de Mayo (ciencia ficción política, 2006) y Epistemic cognition and development: The psychology of justification and truth (2015). 

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)

4 thoughts on “Israel Palestina: Una democracia constitucional

  1. Es una excelente idea pero no aclara qué pasaría con el dercho al retorno de los expulsados, que vivien en los campos y su derecho a recuperar sus propiedades. Así planteado, es muy incompleto y hasta ingenuo.

    1. No sé cuál será la opinión del autor del artículo, pero otros defensores de la solución de un único estado, entienden, precisamente, que los refugiados deben tener derecho a volver a sus lugares de origen si así lo desean. Justamente este derecho fundamental tiene todos los obstáculos para poder ejercitarse en cualquier otra alternativa y, desde luego, en la de “dos estados”, pues sionistas de izquierda y de derecha ya han expresado su firme determinación a impedir el regreso de los refugiados a los territorios ocupados en 1948 (el actual Israel). Así, pues, un estado palestino en los actuales territorios de Cisjordania y Gaza, más o menos, no puede dar una solución satisfactoria al derecho de retorno de los refugiados, mientras que, en teoría, una solución de un único estado democrático con iguales derechos para todos sus ciudadanos sí podría dar una salida justa a ese derecho. Y este es, precisamente, un argumento de mucho peso para favorecer esta opción.

      1. Gracias por responderme. Coincido 100 % que el Estado único es la única solución justa y hoy parece también la única posible. Pero el tratamiento en la nota es incompleto en tanto no hace referencia al derecho al retorno. Por otra parte la solución de dos Estados implica legitimar un hecho absolutamente ilegal que fue la conquista por las armas de Palestina en 1948 y la creación de un Estado étnico, en plena época de fundación de las Naciones Unidas uno de cuyos objetivos fue terminar con la guerra y el derecho de conquista. Importa además legitimar una solución etnicista conforme a la cual los habitantes de un territorio conservan o pierden su derecho a permanecer según la religión que profesan (los palestinos judíos no fueron expulsados). De allí que el Estado único es la úncia solución adecuada a derecho siempre y cuando incluya el derecho pleno al retorno en los términos de la Res. 194/48 de la ONU.

  2. Miguel, estoy completamente de acuerdo contigo. El artículo no dice nada de los refugiados. Yo no sé si es la única solución posible (si por solución entendiéramos que unos y otros se conforman). Las dos soluciones (un estado y dos estados) me parecen extremadamente difíciles. La primera (un estado) porque ni siquiera la derecha israelí la quiere y los palestinos se sentirían insatisfechos con toda la razón (estado desmilitarizado y fragmentado en bantustanes y “olvido” del derecho al retorno, ¿quién se sentiría satisfecho con eso?); la segunda, porque la abrumadora mayoría de los israelíes no la quieren y yo no puedo imaginarme a una mayoría de los israelíes judíos aceptando igualdad de derechos y convivencia pacífica con los palestinos, que para ellos son terroristas y subhumanos. O me la puedo imaginar para el día de San Jamás. Desde luego, yo no lo veré, soy demasiado viejo. En todo caso, y aunque creo que la solución de un único estado democrático con igualdad de derechos para todos los ciudadanos es la mejor y más justa, solo nos queda apoyar su lucha.

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