¿Quién se beneficia del régimen israelí de permisos?

Haggai Matar

Fuente: Who really profits from Israel’s permit regime?, +972, 6/03/2015

El número de permisos de trabajo que el ejército israelí concede a los trabajadores palestinos casi se ha triplicado, según un reciente informe del Banco de Israel. ¿Se han vuelto de repente los palestinos menos peligrosos o los permisos sirven a intereses distintos de la seguridad?

Trabajadores palestinos de la construcción en un asentamiento israelí. (Foto: Yotam Ronen / Activestills.org)

 

El marco normativo del régimen de permisos de Israel se deriva exclusivamente de las necesidades de seguridad del estado, una herramienta que permite al gobierno diferenciar entre aquellos palestinos que amenazan la seguridad de Israel y los que no lo hacen.

Esta idea no es cuestionada prácticamente por nadie, a pesar de que, una y otra vez, queda de manifiesto su carácter arbitrario: en cada festividad judía, los permisos son cancelados y se impone el cierre de todos los accesos a Israel desde los territorios palestinos ocupados en 1967. Las personas que son consideradas trabajadores no peligrosos son encarceladas varios días en Cisjordania. En las festividades musulmanas más importantes, sobre todo en el Eid al Fitr [fin del Ramadán, N. del T.], se abren de repente todas las puertas de los puestos de control, lo cual permite a miles de palestinos disfrutar de un día en la mezquita de Al Aqsa o en la playa de Tel Aviv. Después, vuelven a su calificación anterior de personas “peligrosas”, como si durante las fiestas no lo fueran ni representaran amenaza alguna. Y todo esto sin entrar a considerar cómo los permisos de trabajo y los procedimientos médicos se convierten, a menudo, en formas de extorsionar a los palestinos para obligarles a colaborar con la ocupación y contra su pueblo.

El martes, el Banco de Israel publicó unas estadísticas sobre el número creciente de trabajadores palestinos en Israel. En los siete últimos años, casi se ha triplicado el número de trabajadores palestinos con permisos, mientras que el número de palestinos que han entrado sin permisos en Israel casi se ha doblado. ¿A qué se ha debido esto? Según el Banco de Israel, la razón hay que encontrarla en la decisión del gobierno israelí de incrementar la mano de obra en la construcción y la agricultura, así como la “calma relativa” existente en Cisjordania.

Aunque la “calma relativa” es algo referido a la seguridad, es una realidad a nivel colectivo y no se refiere a los individuos. Es una consideración política que castiga a los palestinos por “alterar la paz” o les recompensa por “mantener la paz”, pero no tiene nada que ver con ninguna persona individual. El hecho de que hubiera 21.000 trabajadores palestinos con permisos en 2007 y 59.000 en 2015 no significa, en absoluto, que hubiera 38.000 trabajadores palestinos peligrosos hace siete años que ahora estarían rehabilitados de sus tendencias subversivas.

Por otra parte, el hecho de que en Israel haya 33.000 trabajadores palestinos sin permisos —que probablemente entran a través de las partes no terminadas del muro de separación o lo saltan o reptan bajo el mismo— nos dice algo interesante sobre la forma en que Israel concibe la seguridad proporcionada por su muro y su régimen de permisos. Basta con ver la gran facilidad con que miles de personas pueden entrar en Israel. Sin más ni más.

Desde el punto de vista israelí, es importante entender cómo sirve el régimen de permisos a los empresarios, al tiempo que perjudica a los trabajadores, palestinos e israelíes por igual. La dependencia de los trabajadores palestinos de sus empleadores, que pueden no solo despedirles, sino también impedirles la entrada en Israel o en los asentamientos —donde trabajan frecuentemente— según les interese, dificulta que estos trabajadores puedan reivindicar sus derechos, lo cual explica que sus salarios medios sean mucho más bajos que el mínimo legal, que es de 3.500 shekels al mes (unos 800 euros). Los trabajadores sin permisos ganan todavía menos: alrededor de 2.700 shekels al mes (unos 620 euros), según el informe.

Palestinos con permisos de trabajo israelíes se protegen de la lluvia mientras esperan, en el puesto de control de Eyal, cerca de Kalkilia, para entrar en Israel y acudir a sus puestos de trabajo. 4 enero 2015. (Foto: Oren Ziv / Activestills.org)

 

Y luego están los trabajadores cuyos empleadores les despiden cuando están heridos o enfermos. Y también están los que se afilian a los sindicatos, contra los cuales los empresarios pueden utilizar el ejército, el régimen de permisos y las excusas de “seguridad” con el fin de impedirles trabajar.

Cuando los trabajadores palestinos son tan impotentes, tan dependientes de la bondad de sus empleadores o de los soldados y sufren las consecuencias de la difícil situación económica de la Autoridad Palestina, entonces los trabajadores israelíes también se ven perjudicados. ¿Quién necesita trabajadores con el salario mínimo cuando puede aprovecharse de personas asustadas, que carecen de derechos fundamentales, se despiertan cada día a las tres de la mañana y no tienen ninguna forma de protegerse?

Así, pues, ¿responde el régimen de permisos a intereses de “seguridad”? En realidad, parece ser más bien un instrumento del gobierno para ejercer una presión política y sirve, además, a los empresarios para explotar a los trabajadores. El informe del Banco de Israel demuestra todo esto perfectamente.


Haggai Matar es periodista y activista israelí. Ha trabajado en los diarios israelíes Haaretz y Maariv. Ahora es coeditor de Mekomit, la publicación digital hermana de +972 en hebreo. Fue galardonado con el premio Anna Lindh de Periodismo Mediterráneo en 2012 por su serie sobre el muro de separación publicado en +972.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)