Bilin: Diez años de desobediencia civil

Abdalah Abu Rahmeh

Fuente: A decade of civil disobedience in my West Bank village, International Solidarity Movement, 2/03/2015

El 20 de febrero de 2005, nosotros, los residentes del pueblo palestino de Bilin, en Cisjordania, nos manifestamos, acompañados por simpatizantes de todo el mundo, y marchamos hacia la parte occidental del pueblo. Las excavadoras del ejército israelí habían empezado a arrancar nuestros olivos y a borrar del mapa el lugar que había dado forma a nuestros recuerdos y los de nuestros antepasados. El régimen de ocupación dijo que el muro que estaba construyendo allí era por “razones de seguridad”, pero la verdad era que el verdadero objetivo era robar tierras para construir asentamientos judíos. Desde entonces, hemos organizado 521 manifestaciones todos los viernes y otras 80 en otros momentos.

En la actualidad, seguimos con las protestas. Nos sentimos orgullosos no por el gran número de protestas que hemos celebrado, sino por el hecho de que nos propusimos una meta y la hemos alcanzado. Somos personas sencillas y no somos muchos, pero desde el primer momento nos negamos a aceptar la realidad que la ocupación nos quería imponer a través del muro de separación, que estaba previsto que atravesara Bilin y los pueblos vecinos. A pesar de la variedad de opiniones de los habitantes del pueblo, todos estuvimos de acuerdo en un objetivo común: la oposición firme al muro, hasta echarlo abajo.

Para avanzar hacia nuestro objetivo teníamos que cooperar como una colmena de abejas. El primer paso consistió en repartirnos las tareas y áreas de responsabilidad y reunir recursos y  esfuerzos. El reclutamiento de nuestros amigos del extranjero para nuestra lucha nos facilitó las cosas, como también lo hizo la participación de activistas israelíes. A los habitantes del pueblo, que nunca habían conocido a otros israelíes que no fueran soldados o colonos, no les fue fácil aceptar al principio la participación de los israelíes, pero pronto que las balas disparadas contra los manifestantes no discriminaban entre unos y otros. Afectaban a todos por igual, sin distinción de religión, raza o género, y lo misma sucedía cuando se producían arrestos. No obstante, sí existía discriminación entre los activistas palestinos, por un lado, y los israelíes y extranjeros, por otro, cuando eran llevados ante los tribunales militares del régimen de ocupación.

El segundo paso en la transformación de Bilin en un símbolo de la lucha popular palestina, hasta el punto que los habitantes del pueblo han sido denominados los “Gandhis palestinos”, fue el uso del arte, el teatro, los deportes y la música en las protestas para ilustrar el desastre que estaba ocasionando la construcción de la valla. Luego vino el tercer paso: el trabajo con los medios de comunicación para transmitir el sufrimiento de los palestinos. Creamos un puente de confianza y credibilidad que hizo posible prescindir de la desinformación y las tergiversaciones de las autoridades israelíes y los portavoces de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y, así, contar nuestras historias directamente a los demás palestinos y a los medios de comunicación, incluyendo a veces a los israelíes. Trabajamos no solo con los medios de comunicación establecidos, sino también con los medios alternativos y las redes sociales.

El cuarto paso supuso dedicar recursos a las batallas legales, proporcionando defensa legal y ayuda a los detenidos. Sabíamos que las posibilidades de que un tribunal israelí aceptara nuestra postura eran diminutas, pero con tenacidad y esfuerzos legales concertados, pudimos convencer a la Corte Suprema de que nuestros argumentos eran correctos, que el trazado de la valla en las tierras de Bilin no obedecía a consideraciones de seguridad, como afirmaba el ejército, sino que su finalidad era confiscar tierras y expandir los asentamientos que se construyeron en nuestras tierras.

Así, el 3 de julio de 2007, la Corte Suprema determinó que la valla debía ser demolida a su paso por Bilin. A pesar de numerosos retrasos, la demolición de la valla fue motivo de júbilo para los habitantes del pueblo, pero eso no fue el final de la historia. Las protestas continuaron, ahora con otros objetivos: la rehabilitación de las tierras que habían sido recuperadas, animando a los residentes a establecer su presencia en ellas, cultivándolas de nuevo y construyendo instalaciones recreativas, restableciendo, así, la relación de los residentes con sus tierras.

El quinto paso fue asegurar la continuidad. Con frío o con calor, independientemente de las circunstancias, estuviéramos tristes o contentos y a pesar de los muchos castigos colectivos que nos impusieron (cierres de los accesos, barricadas en las carreteras, toques de queda), insistimos en seguir con nuestras manifestaciones y nuestras banderas en alto. Un día me preguntaron por qué llevaba siempre una bandera palestina en las manifestaciones, a lo que respondí que mientras continúe la ocupación, mi bandera seguirá en alto como un símbolo de la lucha continua por la liberación.

El ejército israelí no escatimó esfuerzos para sofocar las manifestaciones en Bilin. Empleó varios tipos de munición, algunos viejos y conocidos, mientras que otros eran probados aquí por primera vez. Ellos también demostraron tener creatividad cuando se trataba de imponer castigos colectivos. Llevaron a cabo incursiones y redadas nocturnas en el pueblo con un elevado grado de sofisticación. Centenares de residentes han sido arrestados en los diez años de lucha y miles han resultado heridos. Dos personas de una familia, Basem y Yawaher Abu Rahmeh, fueron asesinados por el ejército. Nada de esto nos desvió de nuestro objetivo de liberar nuestra tierra.

En este momento trascendental, después de diez años de lucha, me han llevado a juicio por quinta vez con acusaciones falsas. Esta es, también, la quinta vez que un juez israelí me ha condenado. La última vez estuve 16 meses en prisión, pero no hay castigo que pueda socavar mi sentido de la justicia y mi derecho a defender mi tierra y las tierras de mi gente, así como nuestros derechos humanos. Seguiré siendo fiel a esta lucha al precio que sea.

Todo el que haya conocido el éxito y la victoria buscará siempre repetirlas y defenderlas, y no las sacrificará por cualquier otra realidad. El precio es elevado, pero las recompensas llegan cuando sientes la alegría, la seguridad y la paz que tus actividades han proporcionado a todos. A veces, el fracaso y la derrota hacen que las personas eludan su responsabilidad y echan la culpa a las circunstancias. Están también aquellos que asumen la derrota asimilando la concepción del mundo del vencedor y aceptando la nueva realidad. Esta es otra razón para que no permanezcamos en silencio ante la injusticia. Todos tenemos que esforzarnos para cambiar esta amarga realidad.

Los éxitos y los logros de Bilin no son solo de una persona, sino el resultado de un esfuerzo colectivo del que todo el mundo debe sentirse orgulloso: palestinos, activistas internacionales y activistas israelíes. Por eso compartimos nuestra felicidad con todos aquellos que han venido a Bilin desde 2005. Seguiremos luchando para que prevalezca la humanidad. Quienes no han venido al pueblo todavía están invitados a hacerlo y unirse con nosotros para probar las mieles del éxito.


Abdalah Abu Rahmeh es coordinador del Comité Popular de Bilin.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)