Palestina y la Corte Penal Internacional: Esperanzas y problemas

Lawrence Davidson

Fuente: Palestine at the International Criminal Court: Potential and Problems, MWC News, 25/02/2015

La Corte Penal Internacional (CPI) fue ideada como un instrumento para la persecución de los crímenes más atroces cometidos por personas en posiciones de autoridad estatal, es decir, aquellos militares y políticos situados en el eslabón superior de la cadena nacional de mando. Hasta hace poco, los procesamientos efectuados por la CPI se han limitado a líderes de estados pequeños y débiles. Esto se debe no a que los líderes de países poderosos no sean a veces culpables, sino a que ningún estado miembro de la CPI ha presentado todavía una denuncia pertinente.

Esta situación está a punto de cambiar. En noviembre de 2012, Palestina logró el estatus de observador oficial en la ONU y esto le permitió unirse a la CPI.

La Autoridad Palestina (AP) dudó en tomar este paso cuando las “negociaciones de paz” con Israel estaban en curso. Pero en la primavera de 2014, la última ronda de estas conversaciones fue tan infructuosa como las anteriores, así que los palestinos siguieron adelante y firmaron el tratado que les convirtió en estado miembro de la CPI, un estatus que se hará oficial el próximo mes de abril. Palestina ya ha solicitado a la corte que inicie una investigación preliminar de las actuaciones de Israel en los Territorios Ocupados Palestinos durante la invasión de Gaza de 2014.  Con ello pretende acusar a líderes israelíes por crímenes de guerra.

Esto ha hecho que el gobierno israelí y su patrón en Washington se hayan enojado mucho. El Congreso de EEUU ha amenazado con cortar la ayuda económica a la AP y los israelíes han propuesto “disolver la CPI”. La razón de esta airada reacción reside en el hecho de que las pruebas de la comisión de crímenes de guerra por parte de Israel son abrumadoras.

Evidencias

Hay que señalar que, aunque la CPI haya iniciado su propia investigación formal sobre la conducta de Israel, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU ha nombrado una comisión independiente de tres miembros para investigar las posibles violaciones de los derechos humanos y el derecho internacional durante la invasión de 2014. Su informe se hará público en marzo. Mientras tanto, Amnistía Internacional, el Observatorio de Derechos Humanos y la organización israelí de derechos humanos B’Tselem han elaborado sus propios informes independientes.

He aquí, a grandes rasgos, los hechos que son conocidos en la actualidad:

  • Alrededor de 2.200 palestinos, civiles en su mayoría, murieron violentamente en el periodo comprendido entre el 8 de julio y el 26 de agosto. Según las estimaciones de la ONU, 1.473 de las víctimas eran civiles, incluyendo 527 niños y 299 mujeres. Según el ministerio palestino de salud, 11.100 resultaron heridos, incluyendo 3.374 niños, 2.088 mujeres y 410 ancianos. Este elevado número de víctimas ha sido atribuido al “uso temerario y desproporcionado de fuerza letal en áreas urbanas densamente pobladas” por parte de las tropas israelíes.
  • En comparación, 71 israelíes murieron violentamente, de los cuales solo cuatro eran civiles; además, 469 soldados israelíes y 261 civiles resultaron heridos.
  • La ONU ha estimado que la intervención israelí destruyó 18.000 viviendas, desplazando permanentemente a unos 108.000 gazatíes. Durante la invasión, Israel atacó deliberadamente las casas civiles de líderes políticos y militares palestinos.
  • Los israelíes también atacaron la red eléctrica del territorio, dejando inutilizada la única central eléctrica de la Franja de Gaza.
  • La destrucción de la central eléctrica causó el cierre de las instalaciones de tratamiento de agua. Así, 450.000 personas se quedaron sin suministro municipal de agua. Los tanques israelíes dispararon contra depósitos y pozos individuales. Por cierto, no hace falta una guerra para que los israelíes nieguen el agua a las comunidades palestinas. El 11 de febrero de 2015, los israelíes destruyeron un acueducto de mil metros que suministraba agua a las comunidades palestinas del norte del valle del Jordán.
  • La artillería israelí destruyó la planta de tratamiento de aguas residuales más grande de Gaza.
  • La ONU ha informado que se destruyeron 22 escuelas y otras 118 fueron dañadas, entre ellas escuelas de la ONU que sirvieron como refugios para los civiles desplazados. A esto hay que añadir el hecho de que unos 373.000 niños han sufrido traumas psicológicos hasta el punto de necesitar “apoyo psicosocial” profesional.
  • Israel atacó hospitales y clínicas: 24 instalaciones médicas fueron dañadas.

El argumento del enemigo oculto entre los civiles

Los israelíes han argumentado que los combatientes de Hamas se ocultaban entre la población civil y que esa ha sido la razón del alto número de víctimas civiles. Esta excusa no se compadece de la destrucción generalizada y deliberada de las infraestructuras civiles.

Aunque hubiera algo de verdad en dicha excusa, cabe preguntarse por qué habrían de hacer eso los combatientes de la resistencia. ¿Era algo voluntario y, por lo tanto, un acto insensible y monstruoso? ¿O es que, realmente, no tenían otra opción? Esto último es lo más probable, porque los israelíes han convertido a la Franja de Gaza en uno de los lugares de mayor densidad de población del planeta. Las expulsiones de palestinos de Israel a la Franja de Gaza, así como el bloqueo egipcio-israelí, que impide que la gente salga del territorio, han confluido para que en este enclave palestino de 360 kilómetros cuadrados se agolpen 1,8 millones de personas. El territorio ha sido denominado como un gueto o una cárcel al aire libre. Se puede argumentar que es la política israelí la que ha obligado a los combatientes de la resistencia de Gaza a esconderse en áreas civiles.

Aún más condenable es el hecho de que exista un patrón histórico en los ataques israelíes contra los civiles, así como contra la infraestructura civil. En otras palabras, existe una estrategia consciente y deliberada cuyo objetivo es causar un elevado número de víctimas civiles mediante la práctica de castigos colectivos. Esta estrategia es tan vieja como el mismo estado de Israel y está basada en una interpretación extremista del concepto de “muro de hierro”, propuesto en primer lugar por el líder sionista y neofascista Vladimir Jabotinsky. El propósito de la estrategia de “muro de hierro” era, y sigue siendo, hacer que el coste de la resistencia sea tan elevado que fuerce a los palestinos a rendirse. Esta táctica ha funcionado realmente con algunos gobiernos árabes, como fue el caso de Jordania y del Egipto posterior a Naser. Y puede haber influenciado, también, la postura de Mahmud Abás y de la AP. Sin embargo, nunca ha funcionado con el pueblo palestino en general y con los grupos de la resistencia como Hamas, en particular.

Pero el que la estrategia del “muro de hierro” funcione o no no es un asunto de la ONU ni de la CPI. Sin embargo, los castigos colectivos y la destrucción deliberada de infraestructuras civiles son actos que violan el derecho internacional. Son crímenes de guerra.

El argumento de la autodefensa

Los israelíes han dicho siempre que sus guerras son defensivas y que, naturalmente, ellos tienen derecho a defender su país y su gente. Es en este contexto que interpretan la decisión palestina de acudir a la CPI. Como ha dicho el ministro israelí de asuntos exteriores Avigdor Lieberman, esta decisión “solo persigue intentar debilitar la capacidad de Israel para defenderse”.

Dejando de lado la cuestión de la legitimidad de Israel dentro de las fronteras anteriores a 1967, el consenso de la gran mayoría de los gobiernos del mundo es que Cisjordania y la Franja de Gaza son territorios ocupados y que Israel tiene ciertas obligaciones, de conformidad con el derecho internacional, hacia la gente de esos territorios. Establecer asentamientos de ciudadanos israelíes en esos territorios y empobrecer deliberadamente a sus habitantes nativos son actos ilegales de acuerdo con el derecho internacional.

Así mismo, desde un punto de vista meramente lógico, las reacciones violentas y represivas de Israel a lo que es realmente una resistencia palestina a una ocupación administrada ilegalmente no puede ser definido con precisión como “autodefensa”. Dicho de otra forma, si entras por la fuerza en la casa de tu vecino y este se resiste, llegando incluso a dispararte, tú no puedes decir que lo hiciste en defensa propia.

La mayoría de los sionistas protestarán y dirán que Cisjordania y la Franja de Gaza no son territorios ocupados, sino partes del Israel bíblico propiamente dicho o, quizá, “territorios en disputa”. Sin embargo, más allá del círculo ideológico de los sionistas, nadie más cree que estos argumentos son defendibles y es muy poco probable que la CPI los tome en serio.

Acciones de la CPI: esperanzas y problemas

Es muy alentadora la posibilidad de que, finalmente, se resquebraje la fachada de justificaciones sionistas y mistificaciones estadounidenses y se considere, realmente, a los gobernantes israelíes como los agresores que ciertamente son. Y dadas las evidencias existentes, las acusaciones deberían triunfar. Esto daría, a su vez, un gran impulso al movimiento de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) contra Israel y, ojalá, debilitaría la influencia sionista en el Congreso de EEUU y en otros gobiernos occidentales.

No obstante, es dudoso que un israelí sea llevado a juicio. Estas acusaciones causarán serios dilemas en los gobiernos occidentales de los estados miembros de la CPI. ¿Qué pasaría si un israelí procesado viajara a Francia, Reino Unido o Alemania? Después de todo, el mismo primer ministro Benjamín Netanyahu podría ser acusado. ¿Cumplirían estos gobiernos con sus obligaciones, expresadas en el Estatuto de Roma, y obedecerían las órdenes de arresto emitidas por la Corte Penal Internacional? ¿O se inclinarían ante la influencia sionista en estos países y desafiarían a la CPI, socavando con ello el imperio de la ley? No está garantizado en absoluto que optaran por respetar la ley.

La solicitud palestina para que la CPI investigue la conducta israelí durante su invasión de Gaza en el verano de 2014 es un grito histórico por la justicia. Es, también, un reto fundamental para la corte y todos sus estados miembros, que demostrará si son capaces de imponer la ley internacional a los poderosos y los fuertes. El juicio a Israel es el juicio al derecho internacional.


Lawrence Davidson ha investigado ampliamente y publicado trabajos sobre Oriente Medio y el fundamentalismo islámico. Sus dos últimos libros son Islamic Fundamentalism (Greenwood Press, 1998) y America’s Palestine: Popular and Official Perceptions from Balfour to Israeli Statehood (University Press of Florida, 2001).

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)