¿Está Israel ayudando a Al Qaeda?

Jim Lobe

Fuente: Israel Working With Al-Qaeda?, LobeLog, 28/02/2015

Cuando el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu hable en una sesión conjunta del Congreso de EEUU la semana que viene, ¿tendrá alguno de los asistentes el coraje de preguntarle si Israel está apoyando a Al Qaeda? Nada menos que el Weekly Standard de Bill Kristol ha sugerido que sí.

Lo sé. Es algo bastante chocante. Y hasta ahora, LobeLog solo recientemente se ha referido a ese apoyo en dos colaboraciones de Aurelie Daher, una experta en Hizbolah. Sus análisis se centraron en la posible emergencia de un segundo frente en la confrontación entre Hizbolah (con Irán) e Israel en el lado sirio de los ocupados Altos del Golán, que ha estado controlado por fuerzas antigubernamentales durante más de un año. Y esas fuerzas rebeldes han caído bajo el creciente dominio de Yabat al Nusra, tal como señala Aurelie.

Ahora, en la edición del 2 de marzo del Weekly Standard, Thomas Joscelyn, miembro de la Fundación para la Defensa de las Democracias (FDD), nos recuerda que Al Nusra es “una rama oficial de Al Qaeda y abiertamente leal al emir de la organización Ayman al Zawahiri”. Además, Joscelyn dice que en sus primeras incursiones contra el Estado Islámico (EI) en Siria en septiembre pasado, aviones norteamericanos atacaron también a miembros del denominado Grupo Jorasán, que, supuestamente, estaba planeando ataques contra EEUU, así como otros objetivos occidentales. Este grupo, subraya Joscelyn, “no es una entidad separada”, sino “profundamente integrado en el Frente al Nusra”. En otras palabras, no parece haber ninguna duda de que Al Nusra es, de hecho, parte de Al Qaeda, al menos si la FDD y Weekly Standard están en lo cierto. Y tampoco hay la menor duda de que Al Qaeda ha estado muy interesada en atacar al “enemigo lejano”, como EEUU y Europa Occidental, desde hace bastante tiempo.

El artículo de Joscelyn no aborda las relaciones entre Israel y Al Nusra. Como sugiere su título (“Doomed Diplomacy: There’s No Way Iran Will Ever Help Fight Al Qaeda”, es decir, “Diplomacia Condenada: No hay forma de que Irán ayude a combatir a Al Qaeda”), se ha centrado casi por completo en recapitular todas las alegaciones de los gobiernos de EEUU sobre el supuesto “patrocinio” iraní de Al Qaeda, que se remonta a muchos años atrás. (Joscelyn acaba de publicar un par de nuevas alegaciones —“New Docs Reveal Osama bin Laden’s Secret Ties With Iran”, es decir, “Nuevos documentos revelan los vínculos secretos de Osama Ben Laden con Irán”— este viernes en el blog de Standard que sugieren la existencia de relaciones mucho más escabrosas que lo que se sostenía en “Doomed Diplomacy”.) Usted puede juzgar los méritos de las opiniones de Joscelyn por sí mismo, aunque yo le animaría a echar un vistazo a un análisis menos tendencioso que Matt Duss ha realizado para el Instituto de la Paz de EEUU, así como un artículo más corto de la colaboradora ocasional de LobeLog Barbara Slavin, publicado en Al-Monitor.

Pero, mientras que Joscelyn no aborda los vínculos existentes entre Israel y Al Qaeda/Al Nusra, sí lo hace otro artículo, publicado en la misma edición del Weekly Standard —“Friend and Foe in Syria: The Enemy of My Enemy Is My Enemy’s Enemy”, es decir, “Amigos y enemigos en Siria: El enemigo de mi enemigo es el enemigo de mi enemigo”— por el neoconservador de línea dura Lee Smith. El artículo es convincente, no solo porque concluye que Israel está coligado con el afiliado sirio de Al Qaeda, sino también porque deja muy claro que, en palabras de Smith, EEUU e Israel han llegado a una “divergencia estratégica” en Oriente Medio. Dicho de otra manera, los intereses de EEUU e Israel en Siria y en otras partes ya no son los mismos (si es que alguna vez lo fueron).

Smith comienza su artículo citando al ex jefe del estado mayor, general Benny Gantz: “es importante que la comunidad internacional derrote a los dos campos de extremistas regionales”. Según el general, sigue diciendo Smith,

[…] en un lado están los radicales suníes, como el Estado Islámico, Al Qaeda, los Hermanos Musulmanes y el Frente al Nusra, afiliado a Al Qaeda. En el lado chií, están Irán y la unidad expedicionaria de la Guardia Revolucionaria, la Fuerza Quds, Hizbolah y las milicias iraquíes chiíes apoyadas por Irán.

Al decir esto, según Smith, Gantz “se estaba aprovechando de la extendida opinión” de que los dos lados son “igualmente malos”. Pero Smith continúa:

La realidad, sin embargo, es que el gobierno al que recientemente sirvió Gantz ha hecho distinciones claras entre los grupos extremistas de Oriente Medio y ha defendido sus preferencias sobre el terreno en favor de ciertos grupos del campo suní. La Casa Blanca también ha expresado sus prioridades, aceptando a regañadientes, si no apoyando activamente, al eje chií respaldado por Irán.

(Personalmente, encuentro esta última afirmación bastante cuestionable, ya que Obama ha dejado muy claro que su objetivo regional, como declaró hace un año a David Remnick, del The New Yorker, es lograr “un equilibrio entre los estados suníes, o predominantemente suníes, del Golfo e Irán, en el que exista competencia, quizá sospechas, pero no una guerra activa o a través de intermediarios”. Pero volvamos a Smith.)

Al explicar la preferencia de Israel por el campo (extremista) suní, Smith cita el ataque israelí del 18 de enero contra un convoy de Hizbolah en los Altos del Golán, que causó la muerte de cinco combatientes de Hizbolah y un general iraní. Para él, esto “fue la señal más clara hasta la fecha de cuál es la máxima prioridad de Jerusalén: Irán”.

La prueba de que Israel no tiene tales preocupaciones inmediatas con respecto a los rebeldes suníes que luchan contra el régimen de Asad es que esta fue la primera vez que Israel atacó la región de Kuneitra, territorio sirio que los rebeldes han controlado durante un año. Presumiblemente, al menos por el momento, los israelíes han hecho la vista gorda sobre las actividades de los rebeldes, a pesar de que sus unidades incluyen, con toda seguridad, a combatientes de Al Nusra, uno de los grupos que Gantz dice que deberían ser derrotados.

Smith continúa citando a Tony Badran, que al igual que Joscelyn es miembro de FDD, para quien Israel está proporcionando ayuda a los rebeldes sirios:

Israel ha proporcionado tratamiento médico no solo a civiles sirios, sino también a combatientes. De esta forma, se está comunicando con ellos y, probablemente, compartiendo información de inteligencia, con el pleno conocimiento de que estas unidades rebeldes colaboran con Al Nusra en contra del régimen de Asad, Hizbolah y la Guardia Revolucionaria iraní.

Naturalmente, él no dice que esta ayuda vaya directamente a los combatientes de Al Nusra, sino que se limita a sugerir que la ayuda es proporcionada a los rebeldes más aceptables, pero que “colaboran con Al Nusra”. Pero los combatientes de Al Nusra han afirmado que han recibido tratamiento médico en Israel (con un coste de 1.000 dólares por paciente) y hay informes de la ONU que también contradicen la conclusión de Smith y a los que se refirió Aurelie mucho antes del ataque contra el convoy. Incluso el mismo Smith se contradice al hacer la siguiente afirmación:

No es de extrañar, entonces, que Jerusalén vea un interés vital en mantener a las tropas de la Guardia Revolucionaria iraní lejos de su frontera, aunque eso implique la coordinación con grupos rebeldes, incluyendo a Al Nusra.

Smith sigue diciendo, en conformidad con los argumentos “neocons”, que Obama está haciendo todo lo que está en su mano para alcanzar un acuerdo nuclear que permita a Teherán y Washington llevar adelante una estrategia conjunta contra el Estado Islámico y los afiliados a Al Qaeda en la región (pace Joscelyn) y que, en la búsqueda de estos objetivos, Obama ha adoptado básicamente la visión que Teherán tiene de la región.

El resultado es que la Casa Blanca tiene una imagen de la región muy diferente a la de Israel, pero que es casi exactamente la misma que la de Irán y sus aliados. Cuando las necesidades de seguridad de Israel exigen taparse la nariz y trabajar con grupos afiliados a Al Nusra para mantener a raya al eje iraní, la Casa Blanca no hace distingos entre el Estado Islámico y Al Nusra, al que calificó como organización terrorista extranjera en 2012.

Pero recordemos la afirmación de Joscelyn de que el Grupo Jorasán, que supuestamente ha planeado ataques en suelo estadounidense y europeo, está “profundamente integrado en el Frente Al Nusra”. ¿Qué pasa si los miembros de Jorasán se reagrupan en la región de Kuneitra, donde pueden defenderse mejor de los ataques del gobierno y/o de Hizbolah? ¿Está Israel proporcionando un santuario a estas fuerzas radicales suníes para “mantener a raya al eje iraní”? ¿Querrán plantear esta cuestión los miembros del Congreso cuando Netanyahu se dirija a ellos?

Por supuesto, Smith culpa a Obama de la actual situación y de las “divergencias estratégicas” entre EEUU e Israel. Argumenta que, si Washington hubiera intervenido antes en la guerra civil siria, no sería necesario hacer este tipo de compromisos morales y todo iría, presumiblemente, miel sobre hojuelas en el frente del Golán.

Como advirtieron muchos analistas en su momento, si la Casa Blanca sigue de brazos cruzados mientras la guerra continúa, el conflicto podría desestabilizar a todos los aliados vecinos de Siria, incluyendo Turquía, Jordania e Israel. Es en buena parte la negligencia de la Casa Blanca lo que ha obligado a los aliados de EEUU, incluyendo Israel, a asociarse con potenciales enemigos en contra de lo que perciben como una amenaza aún mayor.

El artículo de Smith es importante, y no solo para ayudar a confirmar las informaciones sobre la colaboración efectiva de Israel —incluyendo el intercambio de información de inteligencia— con el Frente Al Nusra/Al Qaeda. Sin necesidad de proponérselo, el artículo también justifica la realpolitik que sustenta la postura de Israel, la cual, a pesar de las ambigüedades de Smith, se reduce a eso de “el enemigo de mi enemigo es alguien con quien puedo trabajar”.  Para Israel, el “eje iraní” es una amenaza mayor que Al Qaeda, razón por la cual ofrece a esta última su colaboración y ayuda, al menos por ahora. Pero para los países occidentales, incluyendo EEUU, la lógica de desarrollar una cierta coordinación con Irán y sus aliados en contra de Al Qaeda y sus afiliados es mucho más convincente. (La misma lógica puede aplicarse también a las relaciones de Irán con Al Qaeda.)

Pero cuando Bibi empiece a hablar sobre cómo Irán es el mayor patrocinador mundial del terrorismo, espero que alguien le pregunte qué está pasando en los Altos del Golán.


Jim Lobe es jefe de la redacción de Washington de la agencia Inter Press Service y es muy conocido por sus análisis de la política exterior de EEUU. Le puedes seguir en Twitter y en Facebook.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)