Mitos y realidades del bloqueo israelí de Gaza

Belal Dabur

Fuente: Myths and realities about Israel’s siege of Gaza, The Electronic Intifada, 10/02/2015

Jóvenes palestinos sostienen unas pancartas durante una protesta para exigir la apertura del puerto marítimo de Gaza, que está bloqueado por Israel. 19 enero 2015. Una de las pancartas dice: “Una salida al mar es una demanda humanitaria”. (Foto: Ashraf Amra / APA images)

Durante casi ocho largos años, Gaza ha sufrido un periodo sin precedentes de estrangulamiento tan brutal e implacable que la palabra “bloqueo” ha quedado vinculada automáticamente con el enclave palestino en las mentes de muchas personas.

En ese periodo, se han desarrollado una serie de conceptos erróneos. He aquí tres de los más comunes con que me he topado cuando he hablado sobre las condiciones de vida de Gaza.

1. Los palestinos de Gaza necesitan cosas básicas, como alimentos y mantas

Esto fue cierto durante los 51 días de ataques israelíes en Gaza el verano pasado y posteriores, pero esta no ha sido la situación para la mayoría de la gente en Gaza, al menos en los últimos cuatro años.

Cuando el bloqueo comenzó a cobrar su precio a la población, a principios de 2008 hasta mediados de 2009, conseguir comida para la familia era una auténtica agonía diaria.

En aquel entonces, Israel creaba crisis “rotativas”: durante algunos días, y a veces semanas, el trigo escaseaba y cuando los medios de comunicación informaban de ello, entonces Israel permitía que el trigo entrara y, al mismo tiempo, impedía las entregas de gas o combustible. De esta forma, siempre había al menos un elemento básico que faltaba para hacer pan.

Las papillas para bebés escaseaban a menudo y solo entraban las más caras. Y lo mismo pasaba con todo, desde las medicinas al cemento, pienso para el ganado, fertilizantes y muebles. En ciertos momentos, casi todo el comercio se detenía porque Israel no permitía que entraran monedas y billetes en Gaza, donde la moneda corriente es el shekel israelí.

La gente todavía se acuerda de los días en que utilizaba el aceite para cocinar en sus coches, en lugar de gasolina, incluso en los coches del gobierno y las ambulancias.

Las madres tenían que valerse con dos tipos de pañales que Israel permitía que entraran: uno de muy mala calidad y el otro muy caro.

Mientras tanto, una empresa que fabricaba pañales en Gaza cerró porque Israel no permitía la entrada de materias primas (véase el Informe Goldstone sobre la masacre de Gaza de 2008-2009, página 199). Centenares de empresas que producían artículos de consumo tuvieron que cerrar.

En 2007, cuando se estaba preparando para imponer el bloqueo, el ministro de defensa israelí calculó que Gaza necesitaría un mínimo de 106 camiones de ayuda humanitaria al día, principalmente alimentos.

Se trataba de una política deliberada para reducir el nivel de vida de Gaza como castigo colectivo y presión después de que Hamas ganara las elecciones en 2006 y, más tarde, en 2007, asumiera el control del interior del territorio.

Entre julio de 2007 y julio de 2010, el número de camiones que entraban en Gaza fue, exactamente, dos terceras partes del mínimo calculado de 106, según el grupo israelí Gisha, que está supervisando el bloqueo de Gaza.

En esas fechas, el bloqueo era generalizado y brutal, pero también estúpido: atrajo la atención de los medios internacionales.

En 2012, después de una larga batalla judicial para conseguir unos documentos del gobierno, Gisha desveló las crueles fórmulas matemáticas que utilizó Israel para calcular las calorías que iba a recibir, de media, cada palestino de Gaza cada día: lo justo para poner a la población “a dieta”, pero no provocar una hambruna. A pesar de esto, los sectores más vulnerables de la población vienen sufriendo una desnutrición crónica.

En 2010, dos acontecimientos cambiaron el curso del bloqueo: la “Flotilla de la Libertad” en mayo y la expansión de la red de túneles en la frontera egipcia de Rafah.

El brutal asalto israelí contra la flotilla y el asesinato de nueve personas a bordo del Mavi Marmara constituyó un punto de inflexión, pues provocó una oleada de protestas sin precedentes en las calles de las principales ciudades del mundo.

Mientras tanto, los palestinos habían mejorado sus túneles y por ellos empezaron a transitar un montón de artículos y materiales cuya entrada había prohibido Israel. Por primera vez en más de año y medio, el trigo, la leche, el chocolate y los refrescos podían comprarse en las tiendas.

2. Los palestinos de Gaza estarían mucho mejor si invirtieran en infraestructura en lugar de hacerlo en resistencia

A raíz de estos dos acontecimientos, el bloqueo israelí tomó una forma más inteligente. Israel suavizó las restricciones de artículos vulgares, como los refrescos y los snacks, pero el estrangulamiento de la economía y de los ciudadanos se intensificó, imposibilitando el menor desarrollo económico.

Si la gente conseguía alimentos a través de los túneles, ¿por qué habría de perder Israel la oportunidad de beneficiarse vendiéndoles directamente? Después de todo, la gran mayoría de los bienes de consumo que entraban en Gaza eran fabricados por empresas israelíes.

Sin embargo, cualquier material que pudiera servir para reactivar la economía local seguía siendo controlado o prohibido férreamente, sobre los materiales de construcción y las materias primas. Además, Israel mantenía la prohibición de casi todas las exportaciones de Gaza.

Esto fue seguido por los sucesivos ataques militares israelíes, en noviembre de 2012 y de nuevo el verano de 2014. El déficit preexistente de 75.000 viviendas se multiplicó por más de dos como consecuencia de la nueva destrucción.

Para complicar las cosas, Egipto destruyó la red de túneles tras el derrocamiento militar del presidente electo Mohamed Morsi en julio de 2013, devolviendo una vez más a Israel el control exclusivo de lo que los habitantes de Gaza podían tener.

En consecuencia, un importante sector de la sociedad gazatí ve alimentos que no puede comprar, mientras que una minoría tiene dinero que no puede utilizar.

Ahora, unos seis meses después de los ataques del verano de 2014, solo se ha permitido la entrada de menos del 2 por ciento de los materiales que Gaza necesita para la reconstrucción.

Por otra parte, Gaza sufre un nivel de desempleo sin precedentes, sus habitantes solo tienen un máximo de seis horas de electricidad al día, decenas de miles no cobran sus salarios y la infraestructura del enclave está bajo mínimos.

Cabe señalar que a lo largo de estos seis meses, los grupos armados palestinos han observado meticulosamente el alto el fuego acordado con Israel el 26 de agosto de 2014, mientras que Israel lo está violando casi todos los días.

Ahora, el último bloqueo inteligente es el “Mecanismo de Reconstrucción de Gaza” apoyado por la ONU, que muchos en Gaza ven como un visto bueno internacional del bloqueo israelí.

3. Antes del bloqueo iniciado en 2007, las cosas iban bien

Gaza era ya una prisión mucho antes de que los palestinos comenzaran a lanzar cohetes improvisados en la década del 2000. Israel empezó a levantar una valla alrededor de la Franja de Gaza en 1994, poco después de los Acuerdos de Oslo, y dio inicio a las primeras restricciones de entradas y salidas de una población que se veía obligada a trabajar en Israel.

La valla recorre los 50 kilómetros de frontera terrestre entre la Franja de Gaza y el actual estado de Israel, y está compuesta de una alambrada, sensores y zonas de exclusión. Fue ampliada en 2005, el año en que Israel retiró a sus colonos del territorio, para cubrir también la frontera entre Gaza y Egipto.

Al principio, había ocho puertas y pasos creados para controlar los movimientos de personas a través de la valla. Ahora hay solamente tres, dos para paso de personas (uno con Egipto y otro con Israel) y otro para mercancías. Todos ellos están cerrados con frecuencia o están sometidos a fuertes restricciones.

No es de extrañar, por tanto, que el desempleo en Gaza superara el 30 por ciento en 2005-2006, antes del bloqueo.

Un reportaje de Anne Barnard realizado en 2006, cuando era periodista del The Boston Globe, un año después de la retirada israelí, describe así la situación:

En lugar de una nueva prosperidad derivada del floreciente comercio con Israel y el mundo, los gazatíes se enfrentan a un férreo cordón de seguridad israelí que ha restringido severamente las exportaciones. Toneladas de frutas y vegetales se pudren antes de llegar a los mercados, las pequeñas empresas están arruinadas y, en los últimos meses, Israel ha impedido a los gazatíes pescar en sus propias aguas y entrar en Israel para trabajar.

Esto mismo podría escribirse hoy y sería igualmente cierto, aunque la situación es ahora más catastrófica todavía.

Lo que Gaza necesita realmente es volver a relacionarse con el mundo. El mundo debe dejar de verle a través de los ojos de Israel, como una amenaza para la seguridad. Necesita que se la vea como un tesoro de infinitas posibilidades de innovación humana.

Necesita relacionarse con Cisjordania, con Jerusalén. Necesita libertad de movimientos. A sus 1,8 millones de habitantes no se les debe exigir permisos especiales para entrar en muchos países, por el mero hecho de vivir en Gaza.

Necesita responsabilidad y justicia, pues una paz sin justicia sería algo milagroso. Gaza necesita que la dejen vivir y prosperar.


Belal Dabur es médico y vive en Gaza. Tiene un blog en belalmd.wordpress.com. Puedes seguirle en Twitter: @BelalMD12.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)