Israel no es una democracia

Asa Winstanley

Fuente: Israel is not a democracy, Middle East Monitor, 13/02/2015

Según la persistente propaganda israelí, Israel es la “única democracia de Oriente Medio”. Los líderes políticos occidentales, sobre todo los de EEUU y Reino Unido, también hacen de vez en cuando este tipo de declaraciones como parte de su justificación para tener relaciones con Israel. Hacen estas afirmaciones mientras, al mismo tiempo, apoyan o crean directamente regímenes brutales de ocupación y tiranía por todo el mundo (como el creado en Irak por EEUU y Reino Unido, o la teocrática tiranía saudí).

Como activistas y críticos, hemos señalado desde hace mucho tiempo que Israel es una etnocracia, es decir, un estado dominado por un grupo étnico particular que es definido, en la ley y la práctica israelíes, como el “pueblo judío”.

(En realidad, como ha argumentado de forma convincente el historiador israelí Shlomo Sand en su libro La invención del pueblo judío, no existe tal cosa como un “pueblo judío” homogéneo y unificado. Al contrario, existen muchas diferentes culturales e identidades judías, que van desde las ashkenazíes de Europa oriental a las judías de Irak, Yemen y Etiopía. Como demuestra Sand, no existe una cultura secular unificada que mantenga unidos a estos pueblos diferentes.)

El estado de Israel discrimina oficialmente a la población nativa de la Palestina histórica, que un día de 1948 se despertó para descubrir que, de repente, son definidos como “árabes israelíes” por un estado que, en el mejor de los casos, les mira con recelo. El segundo libro de mi colega Ben WhitePalestinians in Israel: Segregation, Discrimination and Democracy es la mejor introducción a este tema.

Como él señala, las leyes del estado de Israel están concebidas para garantizar que cualquier judío de cualquier parte del mundo (independientemente de que tengan o no alguna relación ancestral de hecho con la tierra de la Palestina histórica, ahora ocupada por Israel) puede “retornar” a Israel, mientras que los refugiados palestinos, que han sido incesantemente expulsados de sus hogares por Israel desde 1948, no pueden retornar a sus hogares, en los que nacieron ellos o sus abuelos.

Si sigue la actualidad de Palestina y se informa de las prácticas israelíes cotidianas en el terreno, verá que Israel no es una democracia en ningún sentido significativo del término.

El estado de Israel ha impuesto, desde el principio, la más cruda y brutal forma de gobierno militar sobre al menos una parte importante de la población nativa.

Desde 1948 hasta 1966, los ciudadanos palestinos de Israel estuvieron sometidos a un régimen militar, bajo el cual carecían de libertad de movimientos y vivieron sujetos a un régimen asfixiante de permisos. En 1967, Israel invadió y ocupó ilegalmente Cisjordania, la Franja de Gaza y la parte suroccidental de Siria conocida como los Altos del Golán. Los palestinos de los territorios recién ocupados fueron sometidos a un régimen militar brutal que, aunque sus formas han cambiado desde los acuerdos de Oslo, se ha mantenido hasta hoy.

A pesar de que legiones de periodistas occidentales se instalan temporalmente en Jerusalén y, en ocasiones, en Ramala, casi todas sus informaciones sobre Palestina ignoran el hecho de que el control israelí de Cisjordania no es en absoluto democrático o liberal. Es un régimen de escuadrones de la muerte y de colonos terroristas, que tortura y viola los derechos humanos más fundamentales según criterios puramente étnicos y sectarios.

Los colonos judíos de Cisjordania son tratados como ciudadanos israelíes y están sometidos al derecho civil israelí (en teoría, pues en la realidad gozan de absoluta impunidad para cometer crímenes y abusos de todo tipo contra los civiles palestinos). Los palestinos que viven en el mismo territorio, donde ellos y sus antepasados han vivido desde tiempos inmemoriales, son juzgados por tribunales militares según leyes especiales (un sistema de juicios-farsa en los que los oficiales militares estampan sus firmas en las decisiones de sus colegas). Estos “tribunales” emiten condenas en el 99,7 por ciento de los casos, una cifra que haría ruborizar incluso al más brutal de los dictadores de la región.

La naturaleza fundamentalmente antidemocrática de Israel quedó de relieve, una vez más, esta semana durante una audiencia contra Abdulah Abu Rahme, un conocido activista palestino del pueblo de Bilin.

Este pueblo agrícola lleva luchando durante una década contra el muro del apartheid y el robo de sus tierras por parte del gobierno de Israel, que luego las destina para la construcción de asentamientos en los que solo los judíos pueden vivir.

Abu Rahme ha sido uno de los principales líderes de esta larga y no-violenta lucha. En respuesta, los israelíes le han hostigado a él y a su familia, así como a todo el pueblo. Los niños han sido secuestrados de sus camas por la noche por los matones del ejército israelí.

Los israelíes ya habían encarcelado anteriormente a Abu Rahme, utilizando el patético pretexto de que en su casa se había encontrado una instalación artística realizada con una colección de botes de gases lacrimógenos utilizados por las fuerzas de ocupación israelíes y que dicha instalación artística era, en realidad, un “arma”.

Ahora, el ejército israelí está tratando de condenarle nuevamente. En esta ocasión, el argumento es que es culpable de “delitos ideológicos” [¡sic!], según ha informado el sitio web israelí 972. No es de extrañar en una situación en la que toda protesta palestina es ilegalizada mediante decretos militares de las fuerzas de ocupación.

El régimen torturador israelí en Cisjordania debe terminar ya.


Asa Winstanley es editor adjunto de The Electronic Intifada y periodista de investigación. Vive en Londres. Su sitio web es Asa Winstanley.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)

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