Boicot, Desinversiones y Sanciones: Mitos y realidades

Nicola Pratt

Fuente: Boycott, Divestment, Sanctions: Myths and Realities, Jadaliyya, 4/02/2015

En el momento de escribir este artículo, los miembros de la Asociación de Estudios de Oriente Medio (MESA) van a votar una moción que, si se aprueba, allanaría el camino para un debate sobre la campaña BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones) contra Israel. Este artículo no es una defensa de dicha moción, que apoyo de todo corazón, sino una contribución a lo que espero que sea un debate sostenido a lo largo de este año sobre el BDS.

En 2002, la sociedad civil palestina lanzó un llamamiento a los ciudadanos de todo el mundo para que boicotearan a y dejaran de invertir en Israel hasta que reconociera los derechos humanos de los palestinos, a saber, el fin de la ocupación y el asedio de los territorios árabes, el respeto del derecho al retorno de los refugiados palestinos y la igualdad para los ciudadanos palestinos de Israel. En 2004, académicos e intelectuales palestinos lanzaron la Campaña Palestina por el Boicot Cultural y Académico. La campaña fue apoyada por organizaciones palestinas académicas, culturales y de otro tipo, incluyendo la Federación de Sindicatos de Profesores y Empleados de las Universidades Palestinas, que es la organización representativa del personal de la enseñanza superior en los Territorios Palestinos Ocupados. Desde entonces, la campaña se ha convertido en un movimiento global. El número de países en los que hay campañas de apoyo al BDS sigue aumentando año tras año y actualmente incluye a EEUU, Canadá, Reino Unido, Irlanda, Francia, Italia, Sudáfrica, India y Pakistán.

El BDS puede tomar varias formas, pero para los miembros de AMEWS es de particular interés el llamamiento a boicotear las instituciones académicas israelíes. Como era de esperar, los partidarios de Israel han condenado el boicot académico, recurriendo a menudo a las tergiversaciones. En particular, han afirmado que el boicot es racista. En respuesta, es fundamental subrayar que el boicot académico no va dirigido contra los israelíes como individuos, sino contra instituciones israelíes y sus representantes oficiales. Además, no se trata de un llamamiento a un boicot indefinido, sino hasta que Israel deje de violar sistemáticamente el derecho internacional.

Se han empleado varios argumentos para deslegitimar el BDS, a menudo por parte de personas que dicen apoyar los derechos palestinos o la paz en Israel/Palestina. A continuación, intentaré desmontar esos mitos y explicar por qué el BDS en general, incluyendo el boicot académico, es un medio legítimo para luchar por la justicia en Israel/Palestina, sin la cual nunca habrá una paz verdadera.

Mito 1: El BDS impide el diálogo y, por consiguiente, es contrario a la búsqueda de la paz

El BDS representa un cambio radical de los paradigmas tradicionales y liberales de búsqueda de la paz, basados en el diálogo y la cooperación. El BDS ha surgido debido al fracaso del paradigma liberal de búsqueda de la paz, encarnado en el proceso de paz de Oslo. Más de 20 años del proceso de Oslo no han terminado con la ocupación y la anexión israelíes de territorios palestinos (incluso ha permitido las apropiaciones de más territorios) y no han logrado una solución justa para los refugiados palestinos, mucho menos han eliminado el conflicto violento en Israel/Palestina.

El BDS reconoce que una gran parte de ese fracaso se ha debido a la disparidad de poder entre Israel y los palestinos, así como al fracaso del proceso de Oslo para reconocer los derechos palestinos reconocidos en el derecho internacional y las convenciones de derechos. Israel, con la complicidad o incluso la participación activa de EEUU, ha obligado a los palestinos a negociar y regatear sus derechos humanos en nombre de la “paz”. Mientras tanto, la comunidad internacional se ha negado, una y otra vez, a obligar a Israel a rendir cuentas por sus numerosas violaciones del derecho internacional, como las expropiaciones de tierras, la construcción de asentamientos, las demoliciones de casas, los bloqueos y estados de sitio, las detenciones sin juicio, las torturas y los crímenes de guerra. La Autoridad Palestina ha sido presionada repetidamente por EEUU y la Unión Europea (UE) para que no se integrara en la Corte Penal Internacional (CPI) y proteger, así, a Israel. Aunque la CPI ha aceptado en enero de 2015 investigar los crímenes de guerra cometidos en los territorios palestinos, esto ha tenido un elevado precio para los palestinos de estos territorios, pues Israel ha suspendido la transferencia de más de 100 millones de dólares de ingresos fiscales palestinos y EEUU ha amenazado con suspender su ayuda.

Con este telón de fondo, el BDS representa un nuevo paradigma para conseguir la paz, abriendo nuevos espacios de diálogo basados en los derechos y la justicia.

Mito 2: El BDS persigue de forma injusta a las universidades israelíes, que están en la vanguardia de la búsqueda de la paz

Los supuestos esfuerzos de las universidades israelíes para apoyar la búsqueda de la paz quedan ensombrecidos por su complicidad con la ocupación y las violaciones de los derechos palestinos por parte de Israel durante décadas. Las universidades participan en la investigación y el desarrollo de tecnologías armamentísticas que son utilizadas para imponer las políticas coloniales contra los palestinos. Por ejemplo, la Universidad Technion ha desarrollado una excavadora D9 manejada por control remoto que ha sido utilizada por el ejército israelí para demoler casas palestinas. La Universidad de Bar Ilan ha participado en un programa de investigación conjunta con el ejército israelí para desarrollar inteligencia artificial para vehículos de combate no tripulados, que han sido empleados en varios ataques de Israel contra la Franja de Gaza. Compañías privadas de tecnología armamentística como Elbit han participado en el asesoramiento de estudiantes israelíes de doctorado que estudian ciencia e ingeniería, mientras que el Centro Interdisciplinar de Herzliya ha desarrollado la “Doctrina Dahiya”, o doctrina de la fuerza desproporcionada, que ha sido utilizada en la guerra de 2014 contra Gaza. Además, las universidades israelíes participan en los programas de entrenamiento militar.

Varias importantes universidades israelíes han expresado públicamente su apoyo a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) en el transcurso de la operación Margen Protector, al tiempo que han reprimido a los opositores a la guerra en los campus universitarios. En general, las universidades israelíes ofrecen enseñanza gratuita y otros beneficios académicos a los israelíes que sirven en las FDI, lo cual discrimina forzosamente a los ciudadanos palestinos de Israel, que no son reclutados por el ejército.

Aunque hay personas valerosas en las universidades israelíes que se oponen a las políticas coloniales de Israel, son una minoría, frecuentemente intimidada y censurada en sus opiniones, y su oposición no ha conducido a un cambio en las políticas de sus instituciones. Lejos de aislar a estas personas, el BDS se solidariza con ellas.

Mito 3: El BDS es una violación de la libertad de expresión y de la libertad académica

El BDS no impide que los profesores empleados por las universidades israelíes asistan a conferencias internacionales, publiquen sus investigaciones o se reúnan con colegas de instituciones de otros países. Las directrices del BDS requieren que no permitamos que las instituciones académicas israelíes funcionen “como de costumbre” mientras sigan siendo cómplices de las violaciones sistemáticas de los derechos palestinas perpetradas por su gobierno. Específicamente, pedimos que se respete lo siguiente:

  • no asistir a conferencias organizadas por instituciones israelíes y/o financiadas por el estado de Israel;
  • no dar conferencias en instituciones israelíes;
  • no llevar a cabo investigaciones conjuntas con instituciones israelíes;
  • no patrocinar visitas de estudiantes a instituciones israelíes;
  • no revisar las propuestas de subvenciones académicas para organismos israelíes que otorgan subvenciones;
  • no revisar artículos de publicaciones académicas de instituciones israelíes;
  • las únicas personas afectadas por el BDS son aquellas que actúan oficialmente como representantes de instituciones académicas o académicos que actúan como representantes del estado de Israel.

Mientras tanto, son los opositores al BDS quienes están intentando eliminar la libertad de expresión intimidando a aquellos que lo apoyan o incluso impidiendo el debate sobre el BDS. En 2011, Israel prohibió a sus ciudadanos pedir el boicot a productos, servicios u organizaciones israelíes.

Por otra parte, es importante destacar que las políticas coloniales de Israel son un obstáculo importante para las libertades académicas palestinas y los derechos a la educación. Desde 1967, Israel ha cerrado periódicamente universidades palestinas durante meses una y otra vez y han sido asaltadas mediante operaciones militares. Durante la guerra israelí contra Gaza de 2014, las fuerzas hebreas bombardearon instalaciones educativas palestinas en el enclave costero y varias universidades de Cisjordania fueron atacadas, causando daños y destrucción de sus propiedades. Debido a los diez años de bloqueo israelí de la Franja de Gaza, los estudiantes gazatíes no han podido viajar a las universidades de Cisjordania y viceversa. Los profesores y estudiantes de Gaza tienen escasas posibilidades de viajar al extranjero para cursar estudios o asistir a conferencias, ya que solo pueden salir por el puesto fronterizo de Rafah, que solo se abre algunos días, y tienen dificultades para conseguir visados. Los palestinos de Cisjordania están obligados a viajar por tierra a través de Jordania para tomar allí un vuelo internacional, mientras que los palestinos de Jerusalén tienen que soportar humillantes procedimientos de “seguridad” en el aeropuerto de Ben Gurión. Como es de esperar, es raro encontrar a académicos palestinos en conferencias internacionales, incluyendo la reunión anual de la Asociación de Estudios de Oriente Medio.

Mito 4: El BDS ataca injustamente a Israel

Algunos afirman que Israel está siendo injustamente atacada cuando hay muchos violadores de los derechos humanos en el mundo que son más atroces. Israel ha sido señalado por los niveles de impunidad de que goza a nivel internacional, a diferencia de otros violadores de los derechos humanos. También es destacable el hecho de que reciba centenares de miles de millones de dólares de EEUU en concepto de ayuda, al tiempo que la UE le ha incluido como el único país no europeo que puede solicitar financiación académica y científica del programa Horizonte 2020 de la Unión Europea.

Algunos también dicen que la Autoridad Palestina (AP) y Hamas están violando los derechos humanos de los palestinos. A diferencia de Israel, Hamas ha sido sancionado por los gobiernos occidentales, que están boicoteando a su gobierno en Gaza, y han sido cómplices del bloqueo israelí de la franja. Las violaciones cometidas por la AP forman parte de su papel como colaborador policial de la ocupación israelí (conocido como “cooperación de seguridad”). Según el derecho internacional, Israel, en tanto que potencia ocupante, es responsable principal de las violaciones de los derechos humanos en los Territorios Ocupados Palestinos.

Mito 5: Los boicots y las sanciones no funcionan

Al contrario, los boicots de la sociedad civil, como es el caso del boicot a los autobuses de Montgomery de 1955 y el movimiento contra el apartheid sudafricano de los años 80, consiguieron ejercer una enorme presión moral sobre los gobiernos y otras organizaciones para llamar la atención sobre situaciones injustas. El movimiento global BDS no solo presiona a Israel, sino también a otros gobiernos que permiten que Israel continúe con su conducta ilegal, entre ellos Estados Unidos. Además, el boicot es también táctico debido al enorme grado de internacionalización de las instituciones académicas israelíes.

Por último, tenemos la obligación moral de respetar el llamamiento al boicot de Israel porque emana de las víctimas de las violaciones israelíes. Como dijo Desmond Tutu, “si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor”. Como feminista, estoy al lado de los oprimidos contra los opresores. Si las sociedades civiles de cualquier otra parte del mundo llamaran a boicotear a las instituciones cómplices de su opresión, incluyendo la mía propia, tendría que considerar también su petición.


Nicola Pratt es profesora adjunta de Política Internacional de Oriente Medio en la Universidad de Warwick, en Reino Unido. Es coautora, con Nadye al Alí, de What Kind of Liberation? Women and the Occupation of Iraq (University of California Press, 2009) y coeditora, también con Nadye al Alí, de Women and War in the Middle East (Zed Press, 2009). Ha escrito también sobre derechos humanos, sociedad civil y democratización en el mundo árabe, incluyendo Democracy and Authoritarianism in the Arab World (Lynne Rienner, 2007). Actualmente está investigando sobre el género y la política de seguridad en Oriente Medio, en especial en Egipto, Jordania, Líbano y Palestina, y es una de las promotoras de la red de investigación Reconceptualizar el Género de las universidades de Warwick y Birzeit, de Palestina. Nicola ha vivido siete años en Egipto en la década de los 90, mientras preparaba su tesis doctoral sobre la política de las ONGs de derechos humanos. Es miembro de Stop the War del Reino Unido, Campaña de Solidaridad con Palestina y la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)