Tratados como esclavos: Grupo de derechos humanos critica la situación de los inmigrantes en Israel

Harriet Salem

Fuente: ‘Treated Like Slaves’: Israel Faces Criticism Over Violations of Migrant Worker Rights, Vice News, 21/01/2015

Praiwan Sisuja, de 37 años, murió en Israel, a más de 4.000 kilómetros de distancia de su Tailandia natal, en un dormitorio hacinado e improvisado situado en un gallinero. Pasaba hasta 17 horas al día, siete días a la semana, realizando duros trabajos por menos del salario mínimo.

Sin embargo, a pesar de las reiteradas peticiones de los grupos de defensa de los derechos humanos, las autoridades israelíes nunca investigaron el caso y repatriaron sus restos sin realizar una autopsia.

“A Raw Deal”, el informe del Observatorio de Derechos Humanos sobre las violaciones de los derechos de los trabajadores inmigrantes en Israel, encontró que la vida y muerte de Sisuja no son, lamentablemente, un caso aislado.

En lo que el informe denomina “un patrón de conducta preocupante”, 122 trabajadores tailandeses han muerto en Israel entre 2008 y 2013, 43 de ellos de un “síndrome de muerte nocturna súbita”, cinco por suicidio y otros 22 por causas desconocidas.

La inmigración a gran escala a Israel comenzó en los años 90, después de que, a raíz de la segunda intifada, se aprobaran algunas leyes que redujeron drásticamente el número de palestinos a los que se concedía permiso para trabajar en Israel. En la actualidad, alrededor de 20.000 hombres y mujeres tailandeses —la nacionalidad de la mayoría de los trabajadores extranjeros— están trabajando en el muy desarrollado sector agrícola, casi todos en condiciones inferiores a las legalmente establecidas.

“Dadas las relaciones conocidas entre el entorno estrenaste y este síndrome de muerte súbita, emerge la sospecha de que exista una relación entre las condiciones de trabajo de los inmigrantes y las muertes”, ha dicho Noa Shaur, coordinadora de proyectos de Kav LaOved, una ONG israelí que proporciona servicios de ayuda y una línea caliente para trabajadores inmigrantes. “Pero puesto que las autoridades no lo han investigado, es imposible probarlo”, añadió.

El informe del Observatorio de Derechos Humanos, publicado el miércoles, documenta numerosas violaciones de derechos de los inmigrantes. Tras reunirse con diez grupos de trabajadores, los investigadores descubrieron que todos los trabajadores con los que hablaron informaron de que las pagas eran inferiores al salario mínimo legal, se les obligaba a trabajar largas jornadas laborales con más horas de las permitidas, sometidos a condiciones de trabajo inseguras y sin poder cambiar de patronos.

Un trabajador describió a los autores del informe cómo, al final de un día de trabajo, que normalmente duraba más de 14 horas, se sentía “como muerto”. Otro dijo que los empleadores les vigilaban con prismáticos y “les trataban como esclavos”.

“Los trabajadores vienen aquí a ganar dinero, haciendo sacrificios enormes y dejando atrás a sus familias”, dice Nicholas McGeehan, investigador del Observatorio de Derechos Humanos (HRW) en Oriente Medio y uno de los autores del informe. “Se merecen algo más que ser alojados en gallineros y dejarse la piel trabajando”.

En varios casos documentados por HRW, los empleadores no suministraban a los trabajadores equipos necesarios para trabajar con seguridad y, cuando sí lo hacían, eran frecuentemente inadecuados. En otros casos, trabajadores que manejaban plaguicidas sin máscaras de gas terminaban sufriendo graves problemas de salud, incluyendo problemas respiratorios, tos persistente, coagulación de la sangre en la nariz, dolores de cabeza y ataques de debilidad.

En un campamento, HRW observó que los trabajadores inmigrantes vivían en chabolas construidas con cartones en un cobertizo agrícola.

“Esto es absolutamente común. Los trabajadores informan continuamente que se les paga por debajo del salario mínimo y se les debe varias pagas. La mayoría de los alojamientos que vimos se caen a pedazos o son improvisados y no aptos para seres humanos”, dice Shaur. “Los trabajadores viven en todo tipo de lugares, en viejos almacenes utilizados previamente para guardar productos químicos, gallineros, construcciones hechas con cartones… lugares no aptos para vivir en ellos”.

Sobre el papel, la mejora de las leyes laborales sobre el empleo de trabajadores inmigrantes en 1991 y los acuerdos bilaterales de 2009 entre Israel y los estados de origen de los inmigrantes deberían proporcionar una protección adecuada a los trabajadores extranjeros que viven en el país. Sin embargo, en la práctica, poco se ha hecho contra los empleadores. Entre 2009 y 2014, se impusieron un total de 145 avisos, 15 multas de 19.800 euros de media y una suspensión de licencia por violaciones de la ley.

Aunque son varios los factores que contribuyen a esta falta de aplicación de la ley, el gobierno israelí no tiene interés en actuar con dureza contra el atribulado sector agrícola del país.

La exención de desgravación fiscal por emplear trabajadores inmigrantes hace que el trabajo de estos sea “fructífero, valioso y de grandes beneficios para el gobierno”, explica Shaur. “El incumplimiento de la ley, permitiendo ilegalidades y bajos salarios, funciona como un subsidio oficioso a los agricultores”.

“Tal vez el gobierno israelí no quiere ser duro con un poderoso grupo de presión, cuyos beneficios ya están siendo estrujados”, dice McGeehan. “Es fácil ignorar las quejas de los inmigrantes tailandeses ya que no hablan inglés ni hebreo”.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)