Cien conductores árabes de autobuses de Jerusalén abandonan sus trabajos tras sufrir la violencia de pasajeros judíos

Nir Hasson

Fuente: Fearing Jewish attacks, 100 Arab bus drivers in Jerusalem quit their jobs, Haaretz, 12/12/2014

Cuarenta y siete años después de la unificación de Jerusalén, hay pocas islas de coexistencia árabe-judía en la ciudad. De estas, una de las que más merecen la pena era la cooperativa de autobuses Egged. Aproximadamente la mitad de sus conductores eran palestinos de Jerusalén Este, que dicen que recibían un trato justo, buenos salarios y beneficios, cosas de las que muy pocos palestinos de Jerusalén Este disfrutan.

Pero la ola de violencia que se ha desatado en la ciudad en los últimos meses, y que ha incluido ataques violentos contra conductores árabes, ha empujado a cien de estos conductores —aproximadamente una tercera parte de los conductores árabes de Egged— a dejar su trabajo. Cuarenta han renunciado oficialmente, mientras que otros 60 simplemente no se han presentado en el trabajo. Esto ha causado serios problemas en el transporte público de Jerusalén.

“He trabajado en Egged seis años”, dice Arafat Tahan. “Fue un buen empleo. Pero es mejor ganar menos dinero y no volver a casa dentro de una bolsa” [muerto].

El miércoles pasado por la noche, otro conductor árabe fue atacado. Dos hombres judíos que conducían una motocicleta intentaron romper el parabrisas de un autobús en el barrio de Gilo. Al no conseguirlo, obligaron al conductor a detener el autobús, le lanzaron una piedra que rompió el parabrisas y se fueron a toda prisa.

En este caso, los sospechosos fueron rápidamente detenidos. Pero según los conductores, por lo general la policía reacciona con lentitud.

Los conductores dicen que no ha pasado un día, en los últimos meses, sin que se haya producido al menos un ataque violento contra un conductor árabe. Tamir Nir, jefe del departamento municipal de transportes, confirma esto. Y no estamos incluyendo los insultos, los salivazos y los comentarios racistas.

“La situación es catastrófica”, dice el abogado Osama Ibrahem, que representa a más de 40 conductores que han sido atacados, sobre todo en los cuatro últimos meses. “No pasa un día sin que haya una agresión física”, dice. “No me refiero a insultos verbales. Eso es algo que [los conductores] no cuentan, han aprendido a vivir con ello”.

El punto de inflexión se produjo con la muerte del conductor Yusuf Hasán al Ramuni, que fue encontrado ahorcado en un autobús en una estación de Egged el mes pasado. La autopsia concluyó que se había ahorcado. Sus compañeros de trabajo no lo creen así; están convencidos de que fue asesinado por extremistas judíos. El día siguiente de la muerte de Ramuni el 16 de noviembre, la mayoría de los conductores árabes se quedó en casa.

Tahan ha descrito un incidente que ocurrió hace un mes. Después de que todos los pasajeros salieron del autobús en la última parada, varios jóvenes empezaron a insultarle: “árabe, hijo de puta”, “terrorista”.

“Yo les dije: ‘si soy un terrorista, ¿por qué os montáis conmigo?’”, recordaba Tahan. “Abrí la puerta y, de repente, me dieron un puñetazo en la nariz y cuatro de ellos se me echaron encima. Empecé a conducir y, entonces, se bajaron del autobús y huyeron. Llamé a la policía y, luego, me desmayé y me desperté en un hospital”. Los médicos le diagnosticaron fractura en la cuenca del ojo y otras lesiones.

La noche es lo peor

Awad Ganin fue atacado por varios pasajeros judíos el domingo pasado. Uno llamó a otros pasajeros que estaban en la parte trasera del autobús, diciendo: “venid, a este conductor no le gustan los judíos”. Luego, según el relato que ofreció al Canal 2 de la televisión, “uno de ellos me golpeó en el pecho mientras yo conducía”.

Siguió conduciendo hasta la terminal y estacionó el autobús. Cuando se puso de pie, le atacaron. “Me dieron patadas en la cara y en la espalda. Me empujaron hacia fuera del autobús y empezaron a gritar ‘¡muerte a los árabes! ¡Te vamos a matar, a ti, árabe!”.

Los conductores dicen que algunos barrios son especialmente problemáticos, como es el caso de los barrios ultraortodoxos de Ramat Solomo y Ramot. La noche es lo peor y la mayoría de los ataques ocurren en la última parada, después de que todos los pasajeros se han ido.

El problema no se circunscribe a Jerusalén. Los conductores de la compañía de autobuses Kavim dicen que sufren, con frecuencia, ataques físicos y verbales en Betar Ilit Y Modin Ilit, dos asentamientos ultraortodoxos de Cisjordania.

“La gente entra y me dice: ‘no quiero pagar, usted es un árabe hijo de puta’”, cuenta un conductor de Kavim, Nidal Yit. “Y hay una calle en la que siempre nos tiran piedras”.

Tanto a los conductores de autobuses judíos como a los árabes les tiran piedras frecuentemente en los barrios palestinos de Jerusalén. Y los conductores judíos se quejan de algunos pasajeros que creen que ellos [los conductores] son árabes y les piden sus carnés de identidad antes de subir al autobús.

Todos los conductores dicen que la policía actúa con lentitud. Amyad Arikat dice que le han roto varias veces las ventanas de su autobús, pero “llamas a la policía y aparecen una hora más tarde”.

Ala Yalyal cuenta que unos matones intentaron darle una paliza el 4 de agosto. La policía le arrestó a él en lugar de a los agresores, encerrándole en una celda durante siete horas, supuestamente por haber utilizado gas lacrimógeno. Cuando, por fin, le pusieron en libertad, se negaron a aceptar su queja contra los atacantes. “El policía me dijo: ‘vete a casa o te arresto’, así que me fui”.

Los conductores acusan a Egged de no hacer lo suficiente para protegerles. Uno dijo que había pedido a la dirección de la empresa que hablara con los rabinos de Har Nof, o que suspendieran durante unos días el servicio en el barrio ultraortodoxo, pero se negaron. “No estoy dispuesto a morir por Egged”, añadió.

Ibrahem sostuvo que debería haber algo que separara a los conductores de los pasajeros. “Esa es la única solución al problema”, dijo.

Pero eso exigiría la instalación de un sistema automático de cobro y expedición de billetes. En la actualidad, la gente compra los billetes a los conductores. La policía y Egged están considerando otras opciones, como la instalación de cámaras de seguridad en los autobuses e incrementar la presencia policial en los barrios problemáticos.

La policía dijo en un comunicado que responde a todas las quejas “inmediatamente” y “profesionalmente”, y que están trabajando en estrecha colaboración con Egged tanto en vigilancias abiertas como encubiertas. “Estas actuaciones han dado lugar a una disminución de los incidentes”, decía el comunicado.

Egged, por su parte, dijo en unas declaraciones que el servicio de autobuses de Jerusalén había vuelto a la normalidad y añadió que la cooperativa “cree en la coexistencia y está trabajando para contratar y formar nuevos conductores, incluyendo árabes”. Denuncia la violencia contra sus conductores, pero dice que esto “no es exclusivo de Jerusalén y que no tiene que ver con la religión, el origen étnico o el género de los conductores”.

Egged proporciona apoyo a los conductores y sus familias, dicen, y espera que la policía les diga “cómo hacer frente a este fenómeno indignante”.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)