¿Lanzará Israel otra guerra contra el Líbano?

Belén Fernández

Fuente: Time for another Israeli War on Lebanon?, Palestine Chronicle, 19/01/2015

Ayer, un ataque aéreo israelí en la provincia siria de Kuneitra mató, según las informaciones, a seis militantes libaneses de Hizbolah y seis soldados iraníes, incluyendo varios jefes militares. Hizbolah e Irán han unido sus fuerzas con las del presidente sirio Bachar al Asad en un conflicto que ha degenerado en una guerra contra los yihadistas suníes.

Entre las víctimas estaba Yihad Mugniyeh, un jefe militar de Hizbollah e hijo del difunto Imad Mugniyeh, él mismo asesinado por el Mossad en Damasco en 2008. Acusado de ser el cerebro intelectual de varios complós contra objetivos israelíes, Imad no fue el primer Mugniyeh en caer en las garras de los servicios de inteligencia israelíes. Como Dan Raviv y Yosi Melman han documentado en su libro Spies Against Armageddon: Inside Israel’s Secret Wars, su hermano Fuad murió en un atentado en el sur de Beirut en 1994, tras caer en la trampa que le tendió el Mossad: “se esperaba que Imad no pudiera resistir el fraternal deber chiíta de asistir al funeral de Fuad”.

La eliminación de un tercer Mugniyeh está, así, cargada de simbolismo y provoca algún tipo de represalia de Hizbolah. Añadamos el hecho de que el ataque aéreo ocurrió tres días después de que el secretario general de Hizbollah, Hasán Nasralah, advirtiera al estado judío de inminentes acciones de represalia si Israel seguía llevando a cabo ataques militares en Siria.

Dada la proximidad a Israel de los cuarteles generales de Hizbolah y la relativa libertad de movimientos del Partido de Dios como un actor no estatal que recibe ayuda de Irán, es lógico que sea él, en lugar de la república islámica, el objetivo de las acciones israelíes.

Muchos se preguntan por qué Hizbolah, una organización cuya misión oficial es defender el territorio libanés de las acciones militares israelíes, ha considerado oportuno intervenir en el conflicto bélico sirio. Pero los partidarios del grupo tienen buenos argumentos en su favor.

Tras el ataque de ayer, el analista libanés Amal Saad-Gorayeb, autor de Hizbu’llah: Politics and Religion, arremetió contra “quienes siguen pidiendo a Hizbolah que deje de luchar junto a sus hermanos musulmanes y vuelvan a centrarse en la resistencia a Israel, cuando está claro que Siria es otro campo de batalla para Israel, que ha estado proporcionando ayuda a los grupos afiliados a Al Qaeda en Kuneitra”.

Violencia con fines electorales

Un artículo de Israel National News presenta una hipótesis sobre la oportunidad del asesinato de Mugniyeh y demás.

En él se cita al general israelí retirado Yoav Galant, que fue jefe del Comando Sur de las Fuerzas de Defensa de Israel y candidato en las próximas elecciones generales, quien declara que “de los acontecimientos del pasado, se puede aprender que a veces la oportunidad está relacionada con las elecciones”.

Entre los acontecimientos del pasado invocados por Galant está el asesinato del jefe de Hamas Ahmed Yabari en 2012, justo al comienzo de la operación Pilar Defensivo, la masacre que tuvo lugar en Gaza en los prolegómenos de las elecciones israelíes de 2013. En opinión de Galant, la operación de ayer podría haber sido ideada, en parte, para reforzar la actual campaña electoral del primer ministro Benjamín Netanyahu.

Pero si este es el caso, se trata de un movimiento de relaciones públicas muy arriesgado, ya que podría dar lugar a un nuevo enfrentamiento entre Israel y el Líbano, dos estados que siguen estando oficialmente en guerra desde el nacimiento del primero en 1948.

Hay que recordar que Hizbolah tiene el honor de haber sido la única fuerza de la región que ha vencido al enemigo israelí, el cual se vio obligado a poner fin a su ocupación de 22 años del sur del Líbano en mayo de 2000, tras una campaña de hostigamientos concertados del Partido de Dios y sus aliados.

Tampoco le fue bien a Israel en los altercados militares posteriores a la mencionada retirada, en particular en su guerra de 2006 con el Líbano, en la cual su capacidad de destrucción, desproporcionada y criminal, no le otorgó la victoria y no hizo más que acrecentar la popularidad de Hizbolah en la región.

Esto no quiere decir que el Líbano no tenga nada que temer de una reanudación de las hostilidades con su vecino del sur. La magnitud del daño infligido al país en 2006 —tanto en términos de vidas civiles como de infraestructuras nacionales— pone de relieve la naturaleza definitivamente sádica de las posteriores amenazas israelíes, en las que advirtió que no distinguirá entre Hizbolah y el estado libanés en futuros conflictos.

La ocasión la pintan calva

Es imposible predecir el momento y la naturaleza precisa de las acciones de represalia de Hizbolah. Pero sí está claro que los perennes graznidos de Israel sobre la importancia primordial de su propia autodefensa y seguridad es una fantasía delirante. Después de todo, no queda espacio para la seguridad en las provocaciones deliberadamente imprudentes como la del ataque aéreo de ayer.

Y aunque puede argumentarse que las operaciones de Hizbolah en Siria constituyen una temeraria provocación en sí mismas, esto ignora el hecho de que el grupo ve la preservación del régimen sirio como algo vital para resistir a los planes geopolíticos israelíes.

Por último, no olvidemos que la misma existencia de Hizbolah es resultado de las provocaciones de Israel, que durante su devastadora invasión del Líbano de 1982 —en un intento ostensible de erradicar esa otra reacción a la opresión israelí que es la Organización para la Liberación de Palestina—consiguió sembrar las semillas del surgimiento de Hizbolah, ampliando con ello las amenazas a la “seguridad” de Israel.

A fin de cuentas, la realidad es clara: la empresa sionista se basa en la proliferación de la inseguridad en el nombre de la seguridad, un contexto que excusa la militarización eterna y los beneficios empresariales que conlleva, junto con la usurpación territorial y demás medidas de castigo contra la gente en casa y en el extranjero.

Se supone que la acción de ayer reforzará el status quo. Como se suele decir, la ocasión la pintan calva.


Belén Fernández es autora de The Imperial Messenger: Thomas Friedman at Work, publicado por Verso. Es colaboradora de la revista Jacobin.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)