Negar nuestro derecho al retorno es un atentado a la justicia

Nael Bitarie

Fuente: Denying our right to return is an offense against justice, The Electronic Intifada, 15/01/2015

Los palestinos refugiados en Siria están sufriendo otro desplazamiento en masa. (Foto: Taghrid Mohammad / UNRWA)

 

Folke Bernadotte, el primer mediador del Consejo de Seguridad de la ONU en Palestina, comprendió perfectamente por qué los refugiados deben poder volver a sus hogares. En un informe publicado un día después de que fuera asesinado en Jerusalén en septiembre de 1948, el diplomático sueco escribió que sería “una ofensa contra los principios de la justicia elemental” si se negara a los palestinos expulsados por las fuerzas sionistas el derecho de retorno.

Más de 66 años más tarde, ese derecho sigue siendo denegado. Los gobiernos árabes y Occidente no parecen estar interesados en ello.

Peor aún, los refugiados palestinos de Gaza y Siria han sido víctimas de brutales ataques en los últimos años. En muchos casos, se han visto obligados a huir una vez más. En algunas ocasiones, han embarcado en navíos que se han adentrado en el Mediterráneo, solo para encontrar la muerte.

Mi propia experiencia es compartida por muchos otros palestinos.

Hasta 1948, mi familia vivió en Nazaret. Pero se vieron obligados a huir durante la Nakba (término árabe que significa “catástrofe”), la limpieza étnica que Israel llevó a cabo en aquel año.

Ya no hay seguridad

Mi familia se refugió en Yarmuk, un campamento situado en Damasco. Ese fue mi hogar lejos de mi hogar.

Siendo un joven activista, me impresionó el fuerte sentido de comunidad de los refugiados. Desde 2004, trabajé en varios proyectos para refugiados, no solo con palestinos, sino también con libaneses e iraquíes.

Cuando dio comienzo el levantamiento contra el régimen de Bachar al Asad en 2011, los palestinos de Yarmuk procuraron permanecer neutrales. Sin embargo, nuestra neutralidad no nos protegió de las fuerzas de Asad ni de los rebeldes. No hace mucho, Yarmuk fue la capital de la diáspora palestina en Siria. Hoy, el campamento ha sido destruido.

En noviembre de 2012, abandoné Siria. El continuo hostigamiento de los activistas por parte de las fuerzas del régimen dejó claro que ya no tenía ninguna seguridad.

Decidí ir al Líbano, donde tenía una gran red de contactos. Allí, renové mi permiso de residencia siempre que pude.

“No nos fiamos de sus intenciones”

Cuando viví en Beirut, intenté conseguir visados para varios países. Mis solicitudes fueron rechazadas argumentando que era un palestino refugiado de Siria.

En junio de 2013, solicité un visado para Reino Unido con el fin de poder asistir a una escuela de verano de la universidad de Oxford sobre las emigraciones forzosas. Quería mejorar mi conocimiento sobre la emigración y los refugiados más allá de lo que había experimentado de forma directa.

A pesar de que había sido aceptado en la escuela de verano por la universidad de Oxford y un donante había accedido a pagar generosamente mis honorarios, las autoridades británicas me rechazaron. Me enviaron una carta en la que decían: “No nos fiamos de sus intenciones”.

Tuve más suerte con Suecia. El año pasado, tuve la oportunidad de conseguir un visado para asistir a un “programa de visitantes para líderes jóvenes”, organizado por el Instituto Sueco. Pero cuando estaba en Suecia, me enteré de que el Líbano estaba impidiendo la entrada en su territorio a los refugiados palestinos procedentes de Siria. Así que no podía volver a Beirut.

A pesar de todo esto, se podría decir que soy un afortunado. Estoy en Suecia y tenga la oportunidad de estudiar, trabajar y viajar dentro de la Unión Europea. Las decenas de miles de palestinos que huyeron de Siria hacia el Líbano han tenido mucha peor suerte.

Mientras tanto, Mahmud Abás, el presidente de la Autoridad Palestina, ha renunciado al derecho palestino al retorno. Parece estar más interesado en ser fotografiado con otros líderes en París que en defender los derechos de su pueblo.

Abás no representa a los palestinos. Para nosotros, el derecho al retorno es una cuestión central. Y seguirá siendo así hasta que este derecho fundamental sea ejercido en la práctica.


Nael Bitarie es un activista palestino refugiado en Siria que ahora vive en Suecia. Es cofundador del grupo Sawa para el Desarrollo y la Ayuda del Líbano y es miembro del consejo y asesor de la Fundación Yafra de Siria.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)