Los palestinos necesitan menos negociaciones, no más

Matt Peppe

Fuente: Palestinians Need Less Negotiations, Not More, CounterPunch, 2-4/01/2015

Cuando la resolución para poner fin a la ocupación militar israelí de los territorios ocupados y establecer un estado palestino en 2017 fue derrotada en el Consejo de Seguridad de la ONU, nadie en su sano juicio se sorprendió. La resolución recibió ocho votos a favor, los votos de EEUU y Australia en contra y cinco abstenciones. A pesar de que, para su adopción, solo necesitó un voto más, EEUU ya había decidido ejercer su poder de veto para dejar más clara aún, si cabe, su postura. Pero, de todos modos, el proyecto de resolución no habría conducido a un arreglo justo. Si se hubiera alcanzado un acuerdo, este no habría sido justo para los palestinos. Un arreglo justo pasaría por asumir los objetivos de la resolución como punto de partida, no como punto final.

Al explicar por qué mandó al garete la resolución, la embajadora de EEUU Samantha Power dijo que el proyecto era “desequilibrado” y se inclinaba “solamente a un lado”. Era desequilibrado porque defendía los derechos de los palestinos pendientes desde 1967, mientras ignoraba otros derechos palestinos, como el del retorno de los refugiados y el de iguales derechos dentro de las fronteras de 1948. Y recompensaba a Israel por 47 años de crímenes atroces (limpieza étnica, robos de tierras y agua, destrucción de miles de casas y olivos) que permanecían impunes.

La insistencia en mantener el status quo fue explicada por Power al decir que “creemos firmemente que el status quo entre israelíes y palestinos es insostenible”.

Power también hizo varias referencias a las negociaciones entre las partes. “EEUU busca todos los días nuevas formas de tomar medidas constructivas para conseguir que las partes hagan progresos en el logro de una solución negociada”, dijo. Al parecer, con estas palabras quería decir que EEUU busca nuevas formas para obligar a los palestinos a negociar qué derechos están dispuestos a ceder, mientras que Israel no tiene que renunciar a nada.

El único resultado aceptable para Israel es mantener el control de toda la Palestina del Mandato, desde el río Jordán hasta el mar, mediante una anexión de facto. Washington sabe esto y está permitiendo que se avance en esa dirección, entregando a Israel 3.000 millones de dólares todos los años en concepto de ayuda y vetando, desde 1972, 43 resoluciones que habrían condenado a Israel, entre otras cosas.

Si Power no estaba siendo deshonesta o mentirosa, la única explicación que queda para entender sus declaraciones es que no está en su sano juicio. La definición de locura es “una enfermedad mental de una naturaleza tan grave que una persona no puede distinguir entre la fantasía y la realidad”. La idea de que Israel ha estado interesado, siquiera alguna vez durante un segundo, en un arreglo negociado, desde su fundación en 1948, es más fantástica que el juego de los tronos. Y pensar que EEUU ha hecho alguna otra cosa que no sea ayudar a Israel y consentir su conquista de Palestina, mediante su apoyo ideológico, financiero y diplomático, exigiría un grado incomprensible de amnesia histórica.

Si Israel hubiera estado interesado en un acuerdo real, habrían tenido que admitir que no pueden negociar con lo que no les pertenece, a saber, cualquier porción de territorio situado más allá de la Línea Verde. Los palestinos no necesitan otra resolución para clarificar que Israel debe terminar su ocupación militar de los territorios que fueron conquistados en la guerra de 1967. Esto ya ha sido aprobado legalmente desde hace 47 años.

La resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU declara que “el establecimiento de una paz justa y duradera en Oriente Medio […] debería incluir” la “retirada de las fuerzas armadas de Israel de los territorios ocupados en el reciente conflicto” y “la terminación de todos los reclamos o estados de beligerancia, así como el respeto y el reconocimiento de la soberanía, la integridad territorial y la independencia política de todos los estados de la zona”.

Esto fue reiterado seis años más tarde con las exigencias recogidas en la resolución 338 para que se cumpla la resolución 242 “en todas sus partes” y que “se inicien las negociaciones entre las partes implicadas bajo los auspicios adecuados y dirigidas al establecimiento de una paz justa y duradera”.

Al proponer una nueva resolución que logre, en el mejor de los casos, lo que ya está garantizado por las resoluciones 242 y 338, los palestinos se verían obligados a renunciar al resto de sus derechos, es decir, al derecho al retorno de los refugiados de 1948 y sus descendientes desplazados durante la Nakba, así como el fin de las discriminaciones que sufren los palestinos dentro de Israel, que hacen de ellos ciudadanos de segunda clase en un estado judío.

Israel no puede, en la práctica, desmantelar todos los asentamientos ilegales que ha construido en Cisjordania y devolver a los 500.000 colonos al interior de la Línea Verde. Mucho menos puede absorber a millones de refugiados, muchos de los cuales todavía conservan las llaves de sus casas hoy situadas dentro de Israel. No existe ninguna posibilidad de una solución de dos estados. Es una idea tan fantástica como la afirmación de la embajadora Power de que EEUU no cree en el status quo.

Una vez que este timo de los dos estados ha quedado desenmascarado, la única posibilidad que queda es un estado binacional, donde los palestinos disfruten de los mismos derechos que los judíos. Es la razón por la que Alí Abunimah dijo el mes pasado, en The Electronic Intifada, que deseaba que EEUU vetara la “terrible resolución” en el Consejo de Seguridad.

“[La resolución] insiste en que toda la cuestión palestina se reduce a la cuestión de la ocupación de 1967 y que terminar con esta ocupación significaría poner fin realmente a todas las reclamaciones palestinas”, escribe Abunimah.

Cuando la cuestión de la ocupación ya ha sido resuelta en la legislación existente en favor de los palestinos, ¿por qué habrían de querer renunciar voluntariamente al resto de lo que les fue robado? Desde que Yasir Arafat firmó los Acuerdos de Oslo en 1993, el liderazgo palestino ha demostrado su disposición a renunciar a los derechos del pueblo que representa para tranquilizar a Israel y EEUU y quedarse con las sobras.

Con increíble previsión, Edward Said llamó a los Acuerdos de Oslo el “Versalles palestino”, debido a las “muchas concesiones unilaterales realizadas a Israel”. Entonces, como ahora, Israel no estaba dispuesto a ceder ni un milímetro hacia el reconocimiento de la autodeterminación palestina. Pretender que los palestinos puedan atraer a Israel a un acuerdo si ceden un poquito más es más absurdo ahora que hace 21 años en Oslo.

Los palestinos superarán en número a los judíos en el Gran Israel hacia el 2016. Se espera que los palestinos de los territorios ocupados y del interior de las fronteras de 1948 alcanzarán a los judíos cuando lleguen a los 6,42 millones, antes de sobrepasarlos. La oficina del censo estima que, a finales de la década, habrá 7,4 millones de palestinos y 6,87 millones de judíos. Estos datos no incluyen a los aproximadamente cinco millones de palestinos que viven en la diáspora y que tienen prohibido retornar a sus hogares por la Ley de Prevención de la Infiltración de Israel.

Así, pues, por el mero hecho de existir, los palestinos pondrán fin a las huecas declaraciones de Israel de ser una democracia. Naturalmente, esto no es poca cosa. Los palestinos han estado luchando durante siete décadas para mantener su existencia, a pesar de la desposesión, la limpieza étnica, el apartheid y el genocidio a cámara lenta. ¿De qué otra forma se puede rendir pleitesía a esta heroica resistencia que no sea probando definitivamente que las proclamas israelíes de que su país es una democracia y un estado judío nunca han sido nada más que un mito?

Al exigir sus derechos, al margen de las negociaciones con Israel, como hicieron cuando firmaron el Estatuto de Roma esta semana, los palestinos pueden ejercer presión de forma unilateral. Con la opinión mundial inclinada a favor de los palestinos, ha quedado claro que aislar a Israel y obligarle a responder a sus crímenes es la única forma de que los palestinos logren sus derechos.

Joseph Massad escribe que “los palestinos deben insistir en que quienes son solidarios con ellos adopten el BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones) como estrategia, y no como un objetivo, con el fin de poner fin al racismo y el colonialismo de Israel en todas sus formas, dentro y fuera de las fronteras de 1948.

Merece la pena recordar que la única razón por la que existe Israel es, precisamente, porque las potencias coloniales que lo crearon actuaron en contra de todos los conceptos de democracia y derechos humanos. Si la recientemente formada Corte Mundial hubiera escuchado el caso de los palestinos en 1948, cuando poseían casi el 90 por ciento de las tierras y representaban alrededor del 66 por ciento de la población, nunca habría permitido otorgar el país a una minoría para que lo gobernara.

Más negociaciones no forzarán a Israel a renunciar al racismo y al colonialismo por las buenas, de la misma forma que ninguna negociación pudo obligar a hacerlo al régimen del apartheid sudafricano. La única forma por la que los palestinos lograrán la paz será a pesar de Israel y de EEUU, que seguirán haciendo todo lo que puedan, como lo han hecho durante décadas, para impedir la autodeterminación de los palestinos. Estos deben desenmascarar la hipocresía de Israel y EEUU sobre la democracia y los derechos humanos, impidiendo que se escondan tras ella.


Matt Peppe escribe sobre política, política exterior de EEUU y América Latina en su blog. Le puedes seguir en Twitter.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)