EEUU recurre a Israel para justificar la tortura

Vijay Prashad

Fuente: US looks to Israel to justify torture, al-Araby, 23/12/2014

Cuando la CIA buscó cobertura legal para su programa de torturas después del 11-S, no sorprende que recurriera a Israel. El aliado de Washington tiene su propio Guantánamo, el Campo 1391, que la Corte Suprema israelí ha protegido consistentemente contra toda investigación.

Las notas a pie de página de los informes gubernamentales suelen ser el lugar donde los burócratas descontentos dejan pistas. Es donde se colocan de forma sugerente porciones de información que conducen a otras informaciones. Los funcionarios jefe no pueden permitir que informaciones potencialmente controvertidas aparezcan en el cuerpo de los informes.

En el informe del Senado sobre torturas de la CIA hay una de esas notas a pie de página. En ese informe de más de 500 páginas, la nota número 51 se refiere al Borrador del 26 de noviembre de 2001 del “Apéndice Legal. Interrogatorios hostiles: Consideraciones legales para los agentes de la CIA”.

Este borrador, según el informe del Senado, “citaba el ‘ejemplo de Israel’ como una posible base para argumentar que ‘la tortura es necesaria para evitar daños físicos inminentes e importantes para las personas, cuando no existen otros medios disponibles para impedirlo’”.

Las leyes de EEUU son muy claras: la tortura es ilegal en todos los casos. No hay situaciones de “bombas de relojería” que permitan el trato cruel e inhumano de los presos. Puesto que no hay ninguna base en la legislación estadounidense, sugiere la CIA, entonces sus agentes podrían utilizar la práctica israelí a modo de precedente. El poder judicial israelí ha sido más comprensivo con la tortura.

En 2007, la CIA estaba preocupada: ¿podría ser considerada responsable de las torturas que sus agentes habían estado llevando a cabo en los llamados “sitios negros”?

La correspondencia entre Steven Bradbury, asistente principal del fiscal general, y John Rizzo, consejero general de la CIA, muestra esa ansiedad. Rizzo proponía el “ejemplo israelí” como justificación.

El Congreso de EEUU había estado debatiendo la enmienda McCain para prohibir el “trato inhumano de los presos”. Rizzo escribió que existía una “llamativa” semejanza entre los debates de EEUU y los que tuvieron lugar en Israel en 1999. Y añadió que la Corte Suprema israelí dictaminó que “varias técnicas eran posiblemente permisibles, pero era necesaria alguna forma de aprobación legislativa”. Esperaba que el Congreso proporcionara esa aprobación. En caso contrario, Rizzo invocaría el “estado de necesidad”, importado de Israel, para que la tortura fuera algo aceptable en caso de necesidad.

¿Por qué la CIA buscó una justificación en el ejemplo israelí? Después de todo, dice Laleh Jalili, autora de Time in the Shadow, la CIA tiene su propio historial de torturas. Fueron utilizadas en América Latina con consecuencias decisivas y consagradas en el manual de interrogatorios KUBARK 1963 de la CIA.

Ese manual no es apto para cardíacos. Su estilo hace que la tortura parezca algo realmente banal: “la corriente eléctrica debe ser conocida de antemano, de modo que los transformadores y otros dispositivos similares estén a mano en caso de que fuera necesario”, se dice en la sección sobre descargas eléctricas.

Algunas secciones del actual informe del Senado sobre la tortura podrían haber sido copiadas del manual de 1963: los detenidos deberían ser encarcelados “en una celda que no tenga luz”, aunque “un entorno más controlado, como un tanque de agua o un pulmón artificial, es aún más eficaz”. Una justificación más honesta de las torturas de la CIA en la “guerra contra el terror” no debería buscarse en la práctica israelí, sino en lo que el historiador Greg Grandin llama el “taller del imperio”, o sea, América Latina.

No obstante, señala Jalili, la CIA probablemente quería encontrar legitimidad en los tribunales —en los israelíes si no podía ser en los estadounidenses— en lugar de acudir a la historia pasada. La Corte Suprema israelí está compuesta por personas que han tenido becas distinguidas de Princeton y Harvard, “y cuyas sentencias supuestamente liberales dejan espacio para un amplio rango de torturas”. Parecía, pues, un lugar ideal para buscar un precedente.

Torturas normales

Sin embargo, la sentencia de la Corte Suprema israelí de 1999 tiene un enorme agujero. Se supone que solo en circunstancias extraordinarias pueden las autoridades israelíes utilizar la tortura. Ahora bien, como han puesto de relieve los abogados del Comité Público Contra la Tortura en Israel (PCATI), hay torturas “normales” y torturas “extraordinarias”.

La abogada del PCATI Bana Shoughry-Badarne ha dicho que, cuando se ha entrevistado con presos palestinos que han sido puestos en libertad, estos dicen a menudo que el trato que recibieron en las cárceles israelíes fue “adi, normal, el habitual”. Pero lo que es “normal” para ellos ha sido descrito por la abogada Lea Tsemel en los siguientes términos: “Casi todos los palestinos que han sido interrogados pueden hablarte de la privación de sueño, la prohibición de acceso a los baños o la ducha, el hambre, las presiones físicas, como permanecer colgado o sentado atado a un taburete durante días, las palizas y las patadas, las flexiones, las amenazas y, en ocasiones, la muerte, etc.”.

La extensión de la lista de torturas rutinarias a las que Tsemel se refiere debería preocupar al lector/a.

¿Qué es una detención adi? Shoughry-Badarne cuenta la historia de un palestino con ciudadanía israelí que fue recluido durante 33 días en régimen de aislamiento, de incomunicación. En sus últimos días de prisión, cuatro o cinco miembros de los servicios de inteligencia israelíes (GSS) le interrogaron, “mientras le humillaban y le mantenían dolorosamente esposado”. Los miembros del GSS amenazaron a su familia, le dijeron que sus dos bebés gemelos no tendrían padre y que su padre había sido arrestado. Le golpearon. Esto es adi.

Le pregunté a Laleh Jalili si veía semejanzas entre los métodos de tortura de la CIA y los métodos adi del GSS. Me hizo una lista: “colocar a la gente dentro de cajas en las que tienen que retorcer sus cuerpos para encajarse; privación de sueño; control de la alimentación; temperaturas extremas de calor y frío. En todos los casos se han utilizado perros, así como música extremadamente alta y oscuridad. Una demanda planteada a mediados de los 90 por dos presos libaneses acusó a sus carceleros de utilizar herramientas para penetrar analmente a los hombres, lo cual parece una reminiscencia de la tortura de ‘hidratación rectal’”.

Israel tiene su propio Guantánamo, el Campo 1391, situado entre Hadera y Afula, en el norte del país. En 2009, el Comité de la ONU Contra la Tortura solicitó acceso a este campo, pero su solicitud fue rechazada sumariamente. Cabe destacar que la Corte Suprema israelí ha impedido toda investigación del  Campo 1391. El trato inefable de los presos es la norma en el Campo 1391.

Shoughry-Badarne ha señalado que ni una sola de las 700 denuncias por torturas hechas ante las autoridades del GSS han abierto una investigación seria, mucho menos han dado lugar a acusaciones penales. En 2009, la Corte Superior de Justicia de Israel decretó que una sentencia de la Corte Suprema, emitida hacía una década, era nula. En otras palabras, la práctica israelí de la tortura podía seguir aplicándose sin ningún obstáculo legal.

No es de extrañar, por tanto, que a los abogados de la CIA se les haga la boca agua con el ejemplo israelí.


Vijay Prashad es columnista de Frontline e investigador adjunto del Instituto Issam Fares de Políticas Públicas y Asuntos Internacionales de la AUB. Su último libro es The Poorer Nations: A Possible History of the Global South (Verso, 2014).

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)