Por qué los gazatíes quieren entrar en Israel

Amira Hass

Fuente: Why Gazans risk sneaking into Israel, Haaretz, 22/12/2014

Un tanque israelí cerca de la frontera sur con la Franja de Gaza. (Foto: AFP)

 

El hundimiento de un barco en el que viajaban varios gazatíes cuando se dirigía a Italia mostró a los habitantes de la Franja de Gaza que existe toda una industria, creada básicamente durante la guerra del último verano con Israel. Un elevado y desconocido número de palestinos que abandonaron la Franja de Gaza a través de túneles que discurren bajo la frontera con Egipto, que todavía no han sido destruidos, o a través del puesto fronterizo egipcio de Rafah, han pagado grandes sumas de dinero a contrabandistas, con la promesa de que les llevarían a Europa.

Los riesgos que esto implica y la disposición de los gazatíes a afrontarlos están en relación directa con las razones que estos tienen para huir de su país. Por tanto, no es sorprendente que unos 170 jóvenes palestinos hayan intentado hacer el viaje en otra dirección, a Israel concretamente, desde comienzos de año y tampoco sorprende que los números hayan crecido desde la guerra.

La tasa de desempleo en Gaza se sitúa entre el 45 y el 50 por ciento, y llega al 63 por ciento cuando se trata de jóvenes de 15 a 29 años. En una sociedad en la que la mayoría de la población es joven, resulta fácil entender lo que les empuja a poner en peligro su integridad física, su libertad e incluso sus vidas. El hecho de que no haya más jóvenes desempleados, sin esperanza de encontrar trabajo en el futuro inmediato en Gaza, que no hayan intentado infiltrarse en Israel solo es una muestra de la eficacia de la valla fronteriza israelí.

Es comprensible que el número de gazatíes que están intentando entrar en Israel después de la guerra haya aumentado. La enorme destrucción que ha causado la guerra en Gaza ha supuesto la pérdida de 30.000 puestos de trabajo adicionales. La perspectiva de una recuperación del mercado de trabajo a partir de la reconstrucción del territorio no parece ser muy prometedora por el momento. El ritmo con el que están entrando en el enclave cemento y otros materiales de construcción es muy lento; los países donantes que prometieron ayuda para la reconstrucción también están siendo muy lentos a la hora de transferir los fondos prometidos. Por consiguiente, la situación no solo se caracteriza por una falta de trabajo, sino también por una falta de esperanza.

Un investigador de la Franja de Gaza dijo a Haaretz que ha tenido conocimiento de que unos 50 jóvenes han intentado entrar en Israel desde que terminó la guerra, once de ellos de la zona de Rafah y 20 de la zona central del enclave. Varios de ellos han resultado heridos cuando intentaban entrar en Israel, mientras otros han sido arrestados.

Sin duda, la gran mayoría esperaba encontrar trabajo en Israel. Desde la retirada israelí del interior de Gaza en 2005, Israel no ha permitido que los gazatíes trabajen en Israel ni en Cisjordania. Pero en la memoria colectiva de los gazatíes parece que trabajar en Israel sigue siendo una opción lógica y natural. Con el tiempo, el trabajo en Israel ha adquirido proporciones míticas. Se ha olvidado que los patronos israelíes explotan a los palestinos y les imponen largas jornadas laborales. Pero el trabajo en Israel sigue significando salarios que les permiten vivir con cierta dignidad.

Entre los que han tratado de cruzar la frontera este año, muchos sabían que serían arrestados. El arresto es mucho más honorable que la humillante dependencia de la ayuda de las ONGs o de los familiares, o que la espera de los sacos de comida de la UNRWA (agencia de la ONU para los refugiados palestinos). El arresto y posterior juicio en Israel también puede suponer una compensación de la Autoridad Palestina para la familia, al menos durante el tiempo en que el detenido permanezca preso.

Israel es ese lugar del extranjero que nunca está en el extranjero, porque nunca ha dejado de ser su patria.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)