Estados Unidos: entre las iniciativas europeas y las elecciones israelíes

Jonathan Cook

Fuente: The US Feels the Heat on Palestine Vote at UN, CounterPunch, 16/12/2014

Han empezado a abrirse en Europa las compuertas para el reconocimiento de la estatalidad palestina. El viernes, el parlamento portugués fue el último en pedir a su gobierno que apoye esta demanda y se una, así, a Suecia, Gran Bretaña, Irlanda, Francia y España.

En los próximos días se esperan movimientos similares en Dinamarca y el parlamento europeo. El gobierno suizo se unirá a la refriega esta semana, invitando a los estados que han firmado la Cuarta Convención de Ginebra a celebrar una reunión extraordinaria para discutir las violaciones de los derechos humanos en los territorios ocupados. Israel ha amenazado con represalias.

Pero mientras Europa está buscando tener una voz en el conflicto israelo-palestino, el silencio reina al otro lado del Atlántico. La Casa Blanca parece paralizada, temerosa de aparecer fuera de sintonía con la opinión mundial y más temerosa, aún, de disgustar a Israel y a sus poderosos aliados en el Congreso de EEUU.

Existe un factor adicional que complica más las cosas. Los ciudadanos israelíes, que elegirán un nuevo gobierno dentro de tres meses, ven a EEUU cada vez con más desagrado. Una encuesta realizada este mes encontró que el 52 por ciento consideraba que la política de Barack Obama era “mala”, y un 37 por ciento pensaba que tenía una actitud negativa hacia su país, más del doble que hace dos años.

El secretario de estado de EEUU John Kerry aludió este mes a las dificultades que tiene la Casa Blanca cuando se dirigió al Foro Saban, un encuentro anual de las elites políticas estadounidenses para discutir sobre Oriente Medio. Prometió que Washington no interferiría en las elecciones israelíes.

Según los medios de comunicación israelíes, la postura de EEUU está siendo influida por Tzipi Livni, expulsada este mes del gobierno de Benjamín Netanyahu, lo cual ha provocado la convocatoria de nuevas elecciones, y del líder de la oposición Isaac Herzog, del partido laborista.

Estos dos políticos han unido sus fuerzas para echar a Netanyahu del gobierno. Su éxito electoral —improbable en estos momentos— sería una bendición para la Casa Blanca, pues el nuevo gobierno israelí renovaría, al menos de boquilla, las negociaciones de paz que fracasaron el pasado mes de abril. Sin embargo, han advertido que cualquier señal de apoyo del gobierno Obama sería como el beso de la muerte en las urnas.

A Washington le gustaría ver a Netanyahu fuera del gobierno, sobre todo porque él ha sido el mayor obstáculo para reactivar un proceso de paz que, durante dos décadas, ha servido para adormecer la presión internacional en favor de un estado palestino. Pero es casi seguro que una estrategia visible contra Netanyahu sea contraproducente.

Las dificultades de Washington quedan destacadas por la amenaza de los palestinos de llevar un proyecto de resolución ante el Consejo de Seguridad de la ONU esta misma semana, por el que demandarán la retirada de Israel a las fronteras de 1967 para finales de 2016.

Dado el clima actual, los palestinos esperan conseguir el respaldo de los estados europeos, sobre todo de los tres más importantes en el Consejo de Seguridad (Gran Bretaña, Francia y Alemania), aislando así a EEUU. Los ministros árabes de asuntos exteriores se reunieron el martes con Kerry para pedirle que no ejerza su derecho de veto.

Por su parte, EEUU está intentando posponer la votación, temiendo que su veto lo desacredite aún más a los ojos del mundo, mientras en Israel se sugiere que Netanyahu tiene a la Casa Blanca en el bolsillo.

Pero agradar a la derecha israelí tiene también sus riesgos, al reforzar su posición. Esos riesgos fueron visibles cuando el líder israelí de los colonos Naftali Bennett se dirigió al Foro Saban. Bennett es actualmente muy popular según las encuestas y probablemente será la columna vertebral de la siguiente coalición de gobierno.

Bennett dice claramente lo que Netanyahu solo insinúa: que la mayoría de Cisjordania debe ser anexionada, dejando a los palestinos en islas desmilitarizadas de territorio sin soberanía. El modelo, llamado “autonomía”, contemplaría una serie de consejos locales gobernados por los propios palestinos.

La audiencia de Washington se sorprendió aún más por el trato despectivo que Bennett dispensó a su entrevistador, Martin Indyk, que fue enviado de Obama en la última ronda de las conversaciones de paz. Acusó a Indyk de no vivir en el mundo real y de formar parte de la “industria de la paz”.

El objetivo de Bennett, según los analistas, fue demostrar a los votantes israelíes que no tiene miedo de enfrentarse a los norteamericanos.

Dada su debilidad —enfrentado a una derecha israelí cada vez más ridiculizada y una derecha europea cada vez más activa—, Washington está buscando un salvador improbable. El radical ministro de asuntos exteriores Avigdor Lieberman solía ser su bestia negra, pero ha moderado cuidadosamente su imagen.

A diferencia de otros candidatos, ha promovido agresivamente un “plan de paz”. Washington apenas se ha molestado en examinar su contenido, que solo es un poco más generoso que la opción de la anexión de Bennett e implica despojar por la fuerza de su ciudadanía israelí a centenares de miles de palestinos.

Lieberman, sin embargo, ha creado últimamente la impresión de que es un voluntarioso socio en un proceso de paz. Este fin de semana, llegó a sugerir que podría unirse a una coalición de centro con Livni y Herzog.

Lieberman está tratando hábilmente de ocupar una posición intermedia entre los votantes israelíes, demostrando que puede tranquilizar a los norteamericanos y ofrecer un plan de paz a los palestinos tan injusto que no pueda ser considerado como parte de la “industria de la paz”.

Esto puede responder al clima electoral: una reciente encuesta mostraba que el 63 por ciento de los israelíes están a favor de negociaciones de paz, pero el 70 por ciento cree que están condenadas al fracaso. Los ciudadanos israelíes creen, como Lieberman, que los palestinos nunca aceptarán el tipo de sometimiento que se les ofrece.

El resultado más probable de las elecciones es que, cualquiera que sea el ganador, la próxima coalición de gobierno permitirá, por acción u omisión, más de lo mismo: una lenta y sibilina anexión de lo que queda de un posible estado palestino, mientras EEUU y Europa siguen discutiendo por tonterías.


Jonathan Cook ha sido galardonado con el Premio Especial de Periodismo Martha Gellhorn. Sus últimos libros son Israel and the Clash of Civilisations: Iraq, Iran and the Plan to Remake the Middle East (Pluto Press) y Disappearing Palestine: Israel’s Experiments in Human Despair (Zed Books). Su sitio web es www.jonathan-cook.net.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)