Los ciudadanos de segunda clase de Israel

Noreen Sadik

Fuente: Israel’s second-class citizens, New Internationalist, 16/12/2014

Foto: Emmanuel Dyan, con licencia Creative Commons.

 

A finales de noviembre, unos incendiarios prendieron fuego a dos aulas de primer grado la escuela bilingüe Max Rayne de Jerusalén. En sus paredes aparecieron pintadas “Muerte a los árabes”, “No hay coexistencia con el cáncer” y otros eslóganes antiárabes.

Una de las cinco escuelas de la red mixta, este espacio árabe-judío es un lugar de igualdad y coexistencia, donde existe la convicción de que la paz es posible en Israel.

Tres miembros del grupo racista y ultraderechista Lehava fueron arrestados como sospechosos del ataque. Uno de ellos es de Jerusalén; los otros dos son hermanos, del asentamiento Beitar Illit.

Reconocieron que decidieron prender fuego al lugar después de enterarse de que la escuela había celebrado una ceremonia en memoria del expresidente de la Autoridad Palestina Yasir Arafat, en el aniversario de su muerte, varias semanas antes del ataque.

El objetivo principal de Lehava es impedir la asimilación, evitando sobre todo los matrimonios entre judíos y musulmanes o árabes cristianos. Sin embargo, sus provocaciones contra los árabes han ido a menudo en otras direcciones.

Han alentado a los soldados israelíes a disparar a los árabes en la cabeza si se sienten amenazados. Han convencido al gobierno para que prohíba a las mujeres judías cumplir su servicio nacional de voluntariado [algo parecido al “servicio social” de la España franquista, N. del T.] en hospitales pasadas las nueve de la noche, con el fin de limitar su contacto con médicos palestinos en horas diurnas.

El sábado 13 de diciembre, alrededor de 250 judíos y árabes israelíes se manifestaron en Jerusalén en contra del creciente racismo en Israel y pidieron la ilegalización de Lehava. En las pancartas se podía leer “Alto al racismo”, “Judíos y árabes no quieren ser enemigos” y “El racismo de Lehava comienza en el gobierno”.

En noviembre, el gabinete del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu votó a favor de una “ley del estado judío”.

El presidente israelí Reuven Rivlin, que se opuso al proyecto de ley, dijo que este establece que “el derecho a la realización de la autodeterminación nacional en Israel es exclusivo del pueblo judío”.

Otros críticos del proyecto de ley, muchos de los cuales son destacados políticos de la derecha, creen que si el proyecto de ley sale adelante, permitiría la discriminación de los 1,7 millones de ciudadanos árabes, cristianos y musulmanes, que representan el 20 por ciento de la población.

Mayd Kayal, del grupo Adalah, un centro legal para la protección de los derechos de la minoría árabe en Israel, dijo que esta ley  significa “la institucionalización del racismo, que ya es una realidad en la calle, tanto en la legislación como en el corazón del sistema político”.

La ley propuesta ha causado un alboroto en el parlamento israelí y, aunque el primer borrador fue aceptado por el gabinete de Netanyahu, el parlamento ha sido disuelto, en parte debido a la oposición a dicho proyecto de ley, dejando temporalmente en suspenso su aprobación.

Las elecciones parlamentarias se celebrarán en marzo de 2015 y, aunque no es seguro que este proyecto de ley sea propuesto nuevamente, el hecho de que fuera elaborado con una clara intención discriminatoria sienta un precedente, aumentando la desconfianza que ha venido creciendo desde la operación Margen Protector, la guerra contra Gaza de julio y agosto de este año.

El gobierno ha llevado la discriminación un paso más adelante cuando el alcalde de Ascalón, Itamar Chimoni, anunció el mes pasado que iba a cancelar el empleo de los trabajadores de la construcción árabes, prohibiéndoles trabajar en la construcción de refugios antiaéreos en las guarderías de la ciudad. Sus comentarios fueron ampliamente criticados por varios líderes políticos.

Una encuesta realizada por el Instituto Democracia de Israel encontró que el 40 por ciento de los judíos israelíes creen que la ley de estado judío podría dañar los intereses del país, mientras que el 31 por ciento dijo que promovería los intereses del país. La encuesta mostró que el 52 por ciento de los judíos israelíes estaba en contra de la idea de prohibir el empleo de trabajadores árabes, mientras que un 43 por ciento lo apoyaba.

Gran parte de la actual frustración y malestar entre la población árabe de Israel comenzó con la operación Margen Protector. A medida que el número de muertes en Gaza ascendía, las manifestaciones en las ciudades árabes de Israel también aumentaron y muchos manifestantes fueron arrestados.

En la actualidad, hay más de 50 leyes israelíes que discriminan a los ciudadanos palestinos de Israel en todas las áreas de la vida, incluyendo sus derechos a la participación política, el acceso a la tierra, la educación, la justicia penal y los recursos del estado.

En un incidente que tuvo lugar el 7 de noviembre, Jeir Hamdan, un joven palestino israelí de 22 años de Kafar Kana, fue abatido por la policía israelí, lo que provocó manifestaciones de protesta en ciudades árabes de todo el país.

Su muerte fue un recordatorio de la matanza de 13 jóvenes árabes por la policía en 2000, en el transcurso de unas manifestaciones. La investigación sobre estos hechos se dio por terminada debido a “información insuficiente”. La creencia de los palestinos de Israel de que son tratados como ciudadanos de segunda clase queda, así, demostrada.

El mes pasado, Yusef Ramuni, un conductor palestino de autobuses de Jerusalén, fue encontrado ahorcado en su vehículo y, aunque la policía dijo que se trataba de un suicidio, los signos de violencia que había en su cuerpo convenció a su familia de que fue víctima de un asesinato perpetrado por extremistas judíos.

La muerte de Ramuni ha provocado que alrededor de cien conductores palestinos de autobuses de Jerusalén abandonen sus empleos por miedo. Dicen que, en los últimos meses, han sufrido agresiones violentas casi todos los días.

Por otra parte, ciudadanos árabes israelíes también han cometido actos de violencia contra judíos, aunque en menor medida. Han quemado coches y un hombre estuvo a punto de ser linchado, siendo salvado por un palestino.

Inevitablemente, los acontecimientos de Gaza y Cisjordania afectan indirectamente a los ciudadanos árabes israelíes. Cualquier muestra de simpatía por su parte puede ser interpretada como una amenaza a la seguridad de Israel, lo cual está llevando a muchos a permanecer en silencio ante la discriminación y el racismo que padecen.

Árabes y judíos han vivido como vecinos durante años, desde mucho antes que Israel fuera fundado. La seguridad de los niños —sean árabes o judíos— no debería estar comprometida. Y una democracia debe promover la igualdad y el entendimiento entre todos los ciudadanos.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)