La ‘Nakba’ nace en el mar

“Estas manos plantaron los olivos. Ahora son árboles grandes. Ellos se comen las aceitunas“

El 15 de Mayo, los árabes de todo el mundo recuerdan la Nakba, la catástrofe que supuso que más de 700.000 palestinos tuvieran que huir de sus tierras arrancados de sus casas. Ese día se celebra la memoria de la dispersión, entre los que tuvieron que huir y refugiarse, y los que fueron integrados en el Estado de Israel.

Hoy en día, el Estado de Israel sigue ocupando, quemando y borrando Palestina. Mientras la industria del proceso de paz vuelve a producir una cortina de humo tras la que la colonización y el apartheid siguen avanzando, la Nakba continúa. La ocupación se desarrolla como un rizoma interminable en cada aspecto de la vida de los palestinos de dentro y fuera de Israel.

Y la Nakba se hereda de generación en generación, como nos cuentan Mustafá y su abuela Nasra. Tres generaciones marcadas por el asesinato, el exilio y el no poder regresar a sus casas. La Nakba es el recuerdo del bulldozer demoliendo hasta el techo del cielo, como diría Mahmud Darwix. La Nakba es Yenín 2002, Jerusalén oriental o el desierto del Neguev.

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