La transferencia de los árabes israelíes

Jonathan Cook

Fuente: The transfer of Israeli Arabs, Jonathan Cook: the View from Nazareth, 13/11/2014

El asesinato de un joven árabe de 22 años por parte de la policía israelí el 7 de noviembre ha puesto de relieve las tensiones que se han ido acumulando con rapidez entre las autoridades israelíes y los 1,5 millones de palestinos del país.

El asesinato a tiros de Jeir al Dein Hamdan en Kafer Kana, cerca de Nazaret, ha provocado las protestas de la mayoría de las comunidades palestinas de Israel, convirtiéndose, en algunos casos, en violentos choques con la policía.

Una convocatoria de huelga general fue ampliamente seguida el 8 de noviembre y la indignación sigue llevando a muchos jóvenes a las calles de Kafer Kana y otros sitios.

Hamdan es uno de los muchos ciudadanos palestinos de Israel que han sido asesinados por la policía en circunstancias no aclaradas en los últimos 14 años. Sin embargo, su muerte ha magnificado un estado de ánimo de intensa rabia y frustración entre la minoría palestina, que representa una quinta parte de la población de Israel.

La atmósfera tomó forma ya a comienzos de este año con una oleada de violentos ataques efectuados por colonos judíos contra palestinos de Israel, quemando mezquitas, haciendo pintadas en iglesias y destrozando coches. En la gran mayoría de los casos, la policía no ha identificado a los culpables.

A estos les siguieron una serie de acontecimientos, como el espantoso asesinato de Mohamed Abu Jedeir, de 16 años, en Jerusalén, a manos de extremistas judíos a principios de julio. La guerra de Israel contra Gaza, que dejó más de 2.100 palestinos muertos, la mayoría de ellos civiles, no hizo más que atizar la indignación de la minoría palestina.

Las protestas generalizadas que tuvieron lugar en el verano derivaron en frecuentes choques con la policía, llegando a un nivel nunca visto desde el comienzo de la segunda intifada en 2000.

Cientos de arrestos

La policía respondió realizando cientos de arrestos, incluyendo a muchos niños, a menudo en espectaculares redadas nocturnas, algo que se ha convertido en rutina en los territorios ocupados. Destacados abogados de los derechos humanos en Israel han calificado la muerte de Hamdan como una “ejecución” policial.

La intensificación de los esfuerzos, en las últimas semanas, por parte del gobierno israelí y los extremistas judíos, con el apoyo de la policía, para establecer un mayor control sobre la Explanada de las Mezquitas en Jerusalén Este ha añadido otra causa más al malestar palestino en Israel.

Muchos palestinos acusan a la policía de imponer políticas racistas que deshumanizan a todos los palestinos, ignoran sus derechos e intereses e impiden cualquier discrepancia, sea pacífica o violenta.

Para la minoría, este incidente fue otro impactante y gráfico ejemplo de que son vistos no como ciudadanos, sino como enemigos.

Hace más de una década, esa fue, precisamente, la conclusión de una comisión estatal de investigación sobre el asesinato de 13 palestinos por la policía en varias localidades de Galilea en octubre de 2000, al comienzo de la segunda intifada.

Durante las manifestaciones en contra de la represión militar de los palestinos de los territorios ocupados, la policía disparó fuego real y pelotas de goma contra manifestantes desarmados y desplegó, por primera vez, una unidad de francotiradores antiterroristas.

El presidente de la comisión, el juez Theodor Or, consideró que la policía veía a los ciudadanos palestinos de forma similar a como el ejército veía a los palestinos de Cisjordania y Gaza, es decir, como enemigos que deben ser aplastados mediante la fuerza bruta.

Discriminación sistemática

El juez Or también señaló la existencia, durante décadas, de una discriminación sistemática e institucionalizada contra la minoría palestina como factor a destacar en el surgimiento de las protestas.

Las ciudades y pueblos de la minoría palestina están muy superpoblados, y las casas son a menudo declaradas ilegales debido a las asignaciones de minúsculos terrenos y a las restricciones de una planificación urbana opresiva. Sus comunidades no tienen parques industriales y son marginadas en los presupuestos de los gobiernos, dejando a sus ayuntamientos sin dinero. Sus escuelas carecen de fondos suficientes y las universidades levantan obstáculos al ingreso de los palestinos en los estudios superiores.

Pero lo que el juez Or no comprendió, o quizá admitió, fue que las actitudes de la policía, el gobierno y los israelíes habían sido modeladas —y lo siguen siendo— por una atmósfera política más general que deriva de la ideología sionista fundacional de Israel.

La minoría palestina de Israel es vista como el talón de Aquiles del estado, un caballo de Troya por el que los palestinos de los territorios ocupados socavan la naturaleza judía del estado.

Consideran que esta amenaza tiene dos vertientes.

Demográficamente, los ciudadanos palestinos pueden erosionar la supremacía judía y revertir la limpieza étnica de la población palestina realizada en 1948, consiguiendo, por ejemplo, la ciudadanía para los cónyuges originarios de los territorios ocupados. Israel cerró esa puerta en 2003 con una legislación que prohíbe expresamente este tipo de matrimonios.

Y, en segundo lugar, ideológicamente. Los ciudadanos palestinos están poniendo de relieve que, para ellos, no hay democracia en Israel y que un estado “judío” no puede ser justo con ellos.

La igualdad es algo subversivo

Una campaña política en favor de la igualdad para las minorías —que propone la reforma del estado de Israel para que deje de ser un estado judío y pase a ser un “estado para todos sus ciudadanos”— es clasificada oficialmente como “subversión”.

Los políticos israelíes —tanto de derechas como de izquierdas— comparten una visión común, expresa o implícitamente, de que los ciudadanos palestinos nunca podrán pertenecer verdaderamente a un estado judío. Los describen como “quinta columna”, “caballo de Troya” y “bomba demográfica del tiempo”.

Es revelador que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, explote la muerte de Hamdan para advertir a la minoría palestina que no es deseada en Israel.

En una reunión del gabinete, celebrada el domingo, Netanyahu dijo a su ministro de interior que examinara las vías que existen para despojar de la ciudadanía a todo aquel que “actúe contra el estado” o ataque a la policía.

Al día siguiente, Netanyahu dijo a los manifestantes que se fueran de Israel, que se “fueran a la Autoridad Palestina o a Gaza”.

Sus comentarios han borrado, deliberadamente, la distinción entre la legítima rabia por el asesinato de Hamdan y la serie de ataques recientes contra israelíes llevados a cabo por palestinos de los territorios ocupados en Jerusalén, Cisjordania y Tel Aviv. De forma peligrosa, Netanyahu ha dado a entender que todos los palestinos forman parte del mismo “terrorismo”.

Sus dos socios más destacados en el gobierno de coalición han expresado su conformidad.

Terroristas enloquecidos

El ministro de relaciones exteriores, Avigdor Lieberman, elogió a las fuerzas de seguridad por actuar “con decisión y eficacia”. Naftali Bennett, ministro de economía, dijo que Hamdan era “un terrorista árabe enloquecido” y calificó la respuesta de la policía —que le mató cuando no representaba ninguna amenaza— como “lo que se espera de nuestras fuerzas de seguridad”.

El fiscal general, Yehuda Weinstein, ha ordenado a la unidad de investigaciones de la policía judicial, Mahash, que investigue la muerte de Hamdan. Pero esta unidad no goza de ninguna confianza por parte de la minoría palestina.

En un reciente informe de Adalah, un centro legal de la minoría árabe, se dice que el Mahash ha cerrado el 93 por ciento de las denuncias presentadas contra la policía entre 2011 y 2013. Además, Adalah documenta casos que se cerraron a pesar de que había pruebas sólidas de un uso excesivo de la fuerza por parte de la policía.

Otro tanto cabe decir de la incapacidad del Mahash para investigar adecuadamente a los agentes de la policía responsables de la muerte de 13 palestinos en octubre de 2000. Ninguno fue inculpado.

El actual jefe de la policía, Yohanan Danino, ha condicionado la actual investigación al decir que los agentes implicados no solo tenían “todo mi apoyo”, sino que calificó las críticas contra su actuación como “infundadas” e “irresponsables”.

No obstante, las sugerencias de que el asesinato de Hamdan podría desatar una nueva intifada, esta vez en Israel, son prematuras.

Como en Cisjordania y Jerusalén, la desesperación ante el arraigado racismo existente en Israel y la negativa a realizar concesiones políticas han llevado a los palestinos a un punto en el que las protestas espontáneas y los estallidos de violencia son la salida lógica.

Pero los palestinos están más divididos territorialmente, y sus líderes lo están ideológicamente, que al comienzo de la segunda intifada.

Falta de dirección

Israel no está ofreciendo ninguna solución, lo cual no hace más que avivar la indignación, pero no parece que los dirigentes palestinos tengan respuestas o planes creíbles para desafiar a Israel. Esta falta de dirección está asfixiando la resistencia organizada necesaria para una intifada.

No obstante, el asesinato de Hamdan y las protestas de los últimos días marcan un nuevo hito en el deterioro constante de las relaciones entre un estado autodeclarado judío y sus ciudadanos palestinos.

Según Mohamed Zeidan, director de la Asociación de Derechos Humanos de Nazaret, el énfasis puesto en la protección de la naturaleza judía de Israel a toda costa está empujando a ambas partes hacia una confrontación cada vez mayor.

“El hecho de que el primer ministro [Netanyahu] diga a los ciudadanos árabes que protestan que deberían irse a Cisjordania envía el mensaje de que deshacerse de nosotros es una opción política legítima”, dijo Zeidan a Al Yazira.

“La transferencia [el desplazamiento de los palestinos] ha entrado en la opinión pública dominante y, con ello, el derecho a utilizar la violencia del estado para resolver los problemas políticos”.

Ese mensaje ha estado de moda recientemente en el parlamento de Israel, el Knesset, donde se han intensificado los esfuerzos para eliminar a los partidos políticos de la minoría [árabe] y a sus representantes.

A comienzos de este año, el Knesset elevó el mínimo electoral necesario para tener representación, de forma que ninguno de los partidos palestinos pueda alcanzarlo.

Una destacada representante palestina, Hanin Zoabi, ha sido suspendida en su calidad de parlamentaria por un periodo de seis meses, por expresar sus opiniones y podría ser llevada a juicio. Y Netanyahu ha comparado, una vez más, al Movimiento Islámico de Israel con el Estado Islámico y ha prometido que lo va a ilegalizar.

Los ciudadanos palestinos tienen claro que, a partir de incidentes como el asesinato de Hamdan y las medidas contra sus representantes, su futuro en el “estado judío” es más oscuro cada día que pasa.

Por esa razón, y también por otras, el fuego que ardía en Kafer Kana y otras comunidades palestinas de Israel no es probable que se apague pronto.


Jonathan Cook es periodista y ha sido galardonado con el Premio de Periodismo Martha Gellhorn. Vive en Nazaret.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)