Gaza: Cultivar las tierras bajo las balas israelíes

Rina Andolini

Fuente: Journal: Farming in Gaza near the Buffer Zone, Movimiento de Solidaridad Internacional, 9/11/2014

Zona de amortiguamiento en Juzáa, Franja de Gaza, diciembre de 2012. (Foto: ISM)

JUZÁA (FRANJA DE GAZA). Los agricultores rara vez hablaban. Se confundían con el trasfondo de sus tierras, más allá de los edificios destruidos de las ciudades. Pero la realidad es que se enfrentan con una guerra propia.

Muchos agricultores han sufrido ataques contra sus casas y sus tierras de cultivo. Insisto, contra sus tierras de cultivo. ¿Quién habría pensado que la tierra pudiera ser un enemigo que abatir con un misil?

Los ataques desde el aire se han detenido, por el momento, aunque el zumbido de los aviones no tripulados no deja de romper el silencio, a veces acompañado por el típico silbido de los F-16.

La situación de los campesinos es simple y clara: tienes tierras, pero temen cultivarlas. ¿A qué tienen miedo, cuando todo lo que quieren hacer es labrar la tierra, plantar semillas y enriquecerla con nutrientes para que proporcionen alimentos, refugio y ropa para sus familias? ¿Cómo es posible que una persona trabaje con miedo a ser disparada por no hacer otra cosa que cultivar sus tierras?

La valla que recorre la “zona de amortiguamiento” es la frontera, por lo que deberíamos poder ir hasta ella sin temor a ser disparados o, peor aún, bombardeados por un ejército israelí que patrulla con sus tanques durante todo el día.

Ayer, 8 de noviembre, los agricultores fueron a sus tierras para prepararlas para la siembra. Utilizaron para ello un tractor. ¿Qué pasó cuando llegaron? Que los soldados israelíes dispararon hacia ellos. Afortunadamente, nadie fue herido, pero un neumático recibió un disparo y quedó inservible. Estos campesinos tienen dificultades para pagar incluso contingencias de este tipo: los desperfectos causados por los ataques israelíes. Pero, ¿por qué tienen que hacerlo? El caso es que lo hacen.

Así que llamaron a varios activistas internacionales presentes en Gaza y les dijeron: “Por favor, vengan con nosotros a nuestras tierras, tenemos que ir con el tractor y trabajar, pero no paran de dispararnos”.

Evidentemente, aceptamos ir y ayudar. Esta misma mañana nos llamaron dos veces, para asegurarse de que íbamos a ir. No querían comenzar a trabajar sin nuestra presencia.

Esta es su situación. Trabajan con el miedo a ser disparados. Es tan sencillo como eso. ¿Has oído hablar de alguna parte del mundo en la que sucedan este tipo de crímenes contra la humanidad y sus agresores permanezcan impunes?

Eso es lo que sucede en Gaza, en Palestina, continuamente. Los israelíes atacan y se salen con la suya. El silencio de la comunidad internacional está matando y destruyendo a estas personas.

Me reuní con un campesino llamado Rami Salim Kudeih, de 33 años. Tiene esposa y cinco hijos. El más pequeño tiene solo un mes y el mayor, nueve años. Le pregunté qué quería cultivar en sus tierras y me dijo que trigo y lentejas.

“Esta es la estación para ello. La temporada puede pasar y podría ser que no hubiéramos podido trabajar debido al temor a los ataques de los israelíes. Han matado a personas aquí, en este lugar, llamado Um Jamsin”.

“Cuando los israelíes disparan, me enfurezco y me pongo triste. Mataron a una mujer en unas tierras cercanas hace dos años. A mi hermana le han herido mientras estaba trabajando en estas tierras, le dieron en la cabeza, pero ahora está mejor gracias a Dios, aunque a veces, cuando hace frío, le duele la cabeza”.

Lo más triste de todo es que, cuando le pregunté a Rami qué creía que podía hacer el resto del mundo, el mundo que está fuera de la prisión al aire libre que es Gaza, su respuesta fue desgarradora. Había perdido la esperanza y se limita a seguir viviendo en esta situación, sin poder soñar con algo mejor.

“Ellos [los soldados israelíes] disparan a menudo, disparan hacia donde estamos, a la tierra y, gracias a Dios, hasta el momento no ha habido muertos… pero nunca sabemos lo que puede pasar”.

“La única solución es que nos acompañen los [activistas] internacionales mientras trabajamos”.

Estaba esperando una respuesta en la que pediría al mundo levantar sus voces y presionar a los líderes mundiales para que detengan estos crímenes contra la humanidad, pero no fue así. Su respuesta mostraba resignación ante el tipo de vida que tienen en Gaza. La vida de los que viven con el temor constante a ser atacados por Israel.

No deberían vivir así, nadie debería vivir así, pero así es como vive la gente en Gaza. ¿Cuándo haremos algo para conseguir que estas personas vivan la vida a la que tienen derecho y se merecen?

Esta mañana, estuvimos en sus tierras, a unos 100 o 150 metros de la valla. Las cosas estuvieron tranquilas, aunque vimos a dos tanques israelíes patrullando, que luego se ocultaron.

Los campesinos pudieron hacer su trabajo en paz y luego nos fuimos.

La cuestión es que no deberían necesitar la presencia de internacionales; deberían poder trabajar con seguridad y sin ningún tipo de miedo.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)