El movimiento del Monte del Templo es un fraude

Larry Derfner

Fuente: The fraud that is the Temple Mount movement, +972 Magazine, 31/10/2014

Fieles musulmanes palestinos rezan en la Explanada de las Mezquitas, en Jerusalén, el primer día de la Festividad del Sacrificio (Eid al Adha). 4 de octubre de 2014. (Foto: Activestills.org)

Hace diez años, entrevisté al parlamentario del Likud Moisés Feiglin en su oficina del asentamiento cisjordano de Karnei Shomron. En una de las paredes podía verse una fotografía aérea de la Explanada de las Mezquitas, o Monte del Templo, pero en ella no estaba ni la mezquita de Al Aksa ni la Cúpula de la Roca. En su lugar podía verse un templo judío. He oído que esta fotografía y otras similares son best sellers en Jerusalén.

Feiglin estuvo en la conferencia del miércoles celebrada en el Centro Histórico y Cultural Menajem Begin, donde el activista partidario del Monte del Templo Yehuda Glick fue atacado y gravemente herido por un palestino. También estuvo presente Yehuda Etzion, que fue encarcelado a comienzos de los 80 por dirigir un complot, en las filas de una organización terrorista judía, con el fin de volar la Cúpula de la Roca. Feiglin no fue el único parlamentario antiárabe del Likud presente en la reunión; Miri Regev y otros también asistieron al acto. La conferencia se titulaba “Israel vuelve al Monte del Templo”.

Tras el intento de asesinato de Yehuda Glick, se ha dicho —y se ha comentado con más simpatía de lo habitual, aquí y aquí— que él y sus colegas habían estado promoviendo un movimiento por los “derechos civiles” de los judíos, cuyo objetivo es, simplemente, que los judíos tengan los mismos derechos que los musulmanes para rezar en el Monte del Templo, que los musulmanes veneran como el Noble Santuario (Haram al Sharif, en árabe). Escuché al ministro israelí de la vivienda, Uri Ariel, hablando airadamente en la radio sobre la injusticia del status quo impuesto por Israel en la Explanada de las Mezquitas (que permite a los judíos visitarla con permiso de la policía, pero les prohíbe rezar, para no provocar los temores de los musulmanes acerca de una eventual apropiación judía del lugar y cumplir con las normas rabínicas). El locutor de la radio no sabía qué hacer para desafiarlo. Sin duda, Ariel convenció a muchos oyentes de que él y otros activistas defensores del Monte del Templo son como Martin Luther King.

Esto es un gran engaño. Estoy seguro de que hay algunos judíos que realmente solo quieren poder rezar en el Monte del Templo, sin tener la menor intención de molestar a los musulmanes y sus lugares santos, y que quieren incluso una coexistencia religiosa en ese sitio. Pero estos no tienen ninguna relación con el citado movimiento. El movimiento del Monte del Templo es, y siempre ha sido, contrario a la igualdad religiosa, partidario de la supremacía judía y opuesto a los musulmanes y al Islam. Esto es lo que defienden Feiglin y Etzion, y todo el que piense que Miri Regev, Yariv Levin, así como otros impenitentes antiárabes con asientos en el parlamento que quieren que los judíos puedan rezar libremente en el Monte del Templo, están en favor de la coexistencia pacífica están, lisa y llanamente, soñando despiertos.

El derechista Yehuda Glick sostiene un libro sobre el Templo judío, delante de la Cúpula de la Roca, en la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén, el 21 de mayo de 2009. (Foto: Oren Ziv / Activestills.org)

El grupo más conocido de defensores del Monte del Templo es “Fieles del Monte del Templo”, dirigido por Gershon Salomon, no oculta sus intenciones. En su sitio web podemos leer los “Objetivos a largo plazo”:

Liberar al Monte del Templo de la ocupación árabe (musulmana). La Cúpula de la Roca y la mezquita de Al Aksa fueron construidas en este lugar sagrado judío o bíblico como un signo específico de la conquista y la dominación islámica. El Monte del Templo no podrá ser consagrado al Nombre de Dios sin eliminar estos santuarios paganos. Se ha sugerido que sean eliminados, transferidos y reconstruidos en La Meca.

La de Glick parece ser una historia algo diferente. A pesar de muchas informaciones de los medios, Glick no es un activista de Fieles del Monte del Templo, o al menos no lo es de forma importante. Él es la cabeza visible de una organización llamada Fundación del Patrimonio del Monte del Templo y anteriormente dirigió el Instituto Monte del Templo. Estos dos grupos trabajan para reconstruir el Templo junto a los sitios sagrados musulmanes, no en su lugar. Pero hay un breve vídeo que Glick hizo para el Instituto Monte del Templo en el que parece que hace una velada amenaza contra la Cúpula de la Roca si los líderes religiosos musulmanes no cooperan pacíficamente con su proyecto:

La decisión sobre el futuro de este edificio, que hoy representa a la religión musulmana, si los líderes religiosos musulmanes deciden tomar el camino de la paz, ese edificio permanecerá y será una parte de la casa de los fieles de todas las naciones, y puede ser utilizado como un centro de las religiones monoteístas. Pero si, lamentablemente, los líderes musulmanes siguen el camino que han emprendido hoy Raed Salah y otros líderes musulmanes, eso será muy peligroso… [aquí Glick hace una pausa, buscando las palabras, luego continúa con una voz apenas audible] una grave amenaza para el mundo y la paz mundial. Pido a los líderes de la religión musulmana que se nos unan y colaboren con quienes quieren la paz. Únanse a aquellos que creen que el Monte del Templo pertenece a todos los que creen en Dios y, entonces, la Cúpula de la Roca, construida por Abdel Malek, será parte de la casa de oración de todas las naciones, el templo sagrado.

Glick no merecía morir. Según todas las informaciones, él no era un hombre violento en absoluto; podía ser descrito como el rostro amable del movimiento partidario del Monte del Templo. Pero ha trabajado junto a hombres que tienen objetivos violentos. Es el escaparate de un movimiento que tiene un objetivo psicótico y apocalíptico que se remonta a la conquista del Monte del Templo en la Guerra de los Seis Días, cuando el rabino jefe de las fuerzas armadas israelíes Shlomo Goren, que posteriormente se convertiría en rabino jefe de Israel, imploró a Moisés Dayan que destruyera la Cúpula de la Roca.

Como he dicho anteriormente, estoy convencido de que hay judíos que solo quieren, honestamente, rezar en el Monte del Templo, nada más, y que ven esto como una cuestión de igualdad religiosa. Me gustaría preguntarles si estarían a favor de introducir el mismo tipo de igualdad religiosa para los musulmanes en el Muro de las Lamentaciones, que ellos veneran como el Muro de Burak, el sitio donde Mahoma montó en su caballo alado Burak y subió a los cielos.

¿Se permitiría a los musulmanes, escoltados por una policía islámica, rezar en la plaza del Muro de las Lamentaciones? ¿Se permitiría a una policía de un país musulmán establecerse en la plaza del Muro de las Lamentaciones como defensores de la ley y el orden? ¿Se permitiría a una policía de un país musulmán decidir qué judíos podrían ir a rezar al Muro de las Lamentaciones y cuáles no?

Esa sería la imagen especular del actual status quo impuesto por Israel a los musulmanes en el Noble Santuario, que los judíos llaman Monte del Templo. Este status quo no es una violación de los derechos civiles de los judíos, sino una violación de los derechos religiosos de los musulmanes y de los derechos nacionales de los palestinos. Este status quo es inadmisible. Pero Glick, Feiglin, Etzion, Ariel, Regev y el movimiento que representan lo convertirían en algo completamente catastrófico.


Larry Derfner fue columnista del Jerusalem Post y corresponsal en Israel del U.S. News and World Report durante muchos años. Ha escrito para publicaciones judías norteamericanas desde 1990. Se considera un sionista ultraliberal. Nació en Nueva York y se trasladó a Israel en 1985.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)