A los beduinos palestinos de Israel ni agua

Stephanie Westbrook

Fuente: How Israel forces Bedouins to live in a graveyard, The Electronic Intifada, 24/10/2014

Las mujeres se reúnen en el cementerio de Al Arakib mientras la policía israelí arrasa la aldea, en junio. (Foto: Keren Manor / ActiveStills)

No hay ninguna señal de salida en la Ruta 40 para tomar la pista de tierra que conduce a la aldea de Al Arakib.

Situada en la región del Nakab (Neguev), en el Israel actual, Al Arakib es más antigua que el estado de Israel: su cementerio data de 1914. Pero eso no es significativo para las autoridades. Hogar de una comunidad beduina palestina, Al Arakib es considerado un “pueblo no reconocido” por Israel.

Eso ofrece a las autoridades una excusa para privarles, como a muchas otras comunidades beduinas, de servicios esenciales como agua y electricidad.

Privaciones inadmisibles

Las privaciones son especialmente graves en Al Arakib. Debido a que sus casas han sido demolidas más de setenta veces desde 2010, los beduinos locales se ven obligados a vivir dentro de los confines del cementerio. Los escombros de sus antiguas casas han sido retirados por las autoridades, pero pueden verse todavía por los suelos restos de cocinas y azulejos de baños.

En la actualidad, los beduinos dependen de un pozo excavado en 1913 para obtener agua. “Antes teníamos electricidad y agua en nuestras casas, pero el gobierno destruyó la infraestructura”, dice Sheij Sayah al Turi. “Solo queremos que salga el agua por el grifo, como los demás”.

A pesar de esta realidad, el agua es abundante a lo largo de la carretera que conduce al asentamiento judío de Givot Bar, donde el césped es verde, aunque estemos en el desierto. Givot Bar fue creado hace diez años por el Movimiento Or.

Junto con su organización asociada, el Fondo Nacional Judío, el grupo sionista está construyendo una red de ciudades solo para judíos. El Movimiento Or se ha fijado el ambicioso objetivo de llevar a unos 600.000 judíos a las regiones de Nakab y Galilea para el 2020.

Décadas de desposesión

Para lograr ese objetivo, las dos organizaciones llevan décadas promoviendo un proyecto de desposesión de los palestinos.

El Fondo Nacional Judío se presenta a sí mismo como un grupo medioambiental dedicado a fomentar la forestación. Pero en realidad, está tratando de purgar Palestina de los árboles y los cultivos más adecuados a este medio árido, mientras, al mismo tiempo, despojan a las comunidades indígenas de sus tierras y destruyen su economía basada en la agricultura. Por ejemplo, para poder plantar unos eucaliptos, arrancaron alrededor de 4.500 cítricos, higueras y olivos en Al Arakib.

El agua que necesitan los recién plantados eucaliptos es suministrada por camiones cisternas. Sin embargo, las autoridades israelíes han prohibido a los beduinos llevar agua en camiones a Al Arakib. Cisternas y camiones han sido confiscados durante las sucesivas demoliciones de la aldea.

“El gobierno dice que es ilegal traer agua aquí, pero, por otro lado, no nos la suministran”, dice Al Turi.

Precios discriminatorios

La compañía nacional de agua de Israel, Mekorot, es la que pone en práctica la política oficial de cortar el suministro de agua a las comunidades beduinas.

Mekorot ha sido, recientemente, objeto de críticas por parte de un comité dirigido por Ram Belinkov, un antiguo ministro israelí de interior. El comité de Belinkov descubrió que Mekorot estaba inflando sus costes.

La prensa especializada en economía en Israel ha informado que, mientras Mekorot pedía reiteradamente subir los precios, la compañía estaba obteniendo realmente “beneficios extremadamente altos”.

Mekorot es, además, una de las empresas estatales incluidas en un plan de privatizaciones, valorado en 4.000 millones de dólares, aprobado por el gobierno de Netanyahu a comienzos de este mes.

Una lista de precios hecha pública por la Autoridad Israelí del Agua en 2012 mostraba que los “usuarios individuales” que compraban agua directamente a Mekorot, en lugar de hacerlo a través de la administración local, pagaban por ella un 67 por ciento más. La mayoría de estos “usuarios individuales” vivía en aldeas palestinas que Israel se ha negado a reconocer.

‘Nos echan de nuestras tierras’

“Hay una troika de entidades israelíes que están trabajando para echarnos de nuestras tierras: el estado, Mekorot y el Fondo Nacional Judío”, dice Al Turi.

La participación de Mekorot en la limpieza étnica de la Palestina histórica no le ha impedido firmar acuerdos internacionales. Ha firmado, por ejemplo, un acuerdo de cooperación con Acea, la compañía de agua más grande de Italia, en la que el ayuntamiento de Roma tiene una participación del 51 por ciento.

Esta escritora visitó recientemente Al Arakib —así como las comunidades palestinas de Cisjordania— con una delegación de activistas contrarios a la privatización del agua. La intención del viaje, patrocinado por el proyecto Beyond Walls, era conocer de primera mano las actividades de Mekorot con el fin de ayudar al desarrollo de una campaña italiana en contra de su acuerdo con Acea.

Los habitantes de Al Arakib nos impresionaron profundamente por su determinación en la lucha contra el apartheid israelí. Se han negado a vender un solo centímetro de tierra a las autoridades israelíes. Y han reconstruido su aldea después de cada demolición. Incluso algunos olivos que fueron talados, en lugar de haber sido arrancados, están brotando de nuevo.

“Esto es muy simbólico para nosotros”, dice Aziz al Turi, el hijo de Sheij Sayah al Turi.

A pesar de que es una organización cuasi-gubernamental israelí, el Fondo Nacional Judío está registrado como una organización benéfica en muchos países. Las donaciones que recibe son, por tanto, deducibles de impuestos.

Aziz al Turi, que tiene cinco hijos, llamó nuestra atención sobre la hipocresía de ese estatus cuando nos dijo que “apoyar al Fondo Nacional Judío es matarme a mí y a mi familia”.

Israel tiene previsto presentarse como un país innovador y medioambientalmente progresista con la celebración de sus proyectos de “conservación del agua” en la Expo 2015 de Milán.

La conducta criminal de Israel y sus aliados en Al Arakib muestra que es cualquier cosa menos progresista.


Stephanie Westbrook es ciudadana estadounidense radicada en Roma, Italia. Sus artículos se han publicado en Common Dreams, CounterPunch, The Electronic Intifada, In These Times y Z Magazine. Puedes seguirla en Twitter: @stephinrome.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)

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