La historia oculta de la eugenesia en Israel

Jonathan Cook

Fuente: Israel’s very own history of eugenics, MWC News, 27/09/2014

Este documental de una hora de duración, The Ringworm Children, plantea tantas cuestiones inquietantes sobre Israel y sus relaciones con EEUU que uno no sabe por dónde empezar.

En la década de 1950, Israel fue sacudido por oleadas de nuevos inmigrantes. Para consternación de los líderes ashkenazíes del país (judíos originarios de Europa y EEUU), la gran mayoría procedía de países árabes. Levi Eshkol, que fue posteriormente primer ministro, expresó un sentimiento común cuando los llamó “escoria humana”. Privada de judíos de “buena calidad”, Israel se vio obligada a traer a sus costas a árabes judíos, que eran vistos como primitivos y sucios, al igual que los palestinos a los que Israel había sometido recientemente con gran éxito a una operación de limpieza étnica.

En esta atmósfera profundamente racista, nos encontramos con el Dr. Chaim Sheba, un eugenista que creía que los judíos árabes traían con ellos enfermedades que amenazaban a los judíos ashkenazíes. Su obsesión era la tiña, una enfermedad inocua infantil que afecta al cuero cabelludo. Se fue a EEUU, recogió viejos equipos militares de rayos-X e irradió decenas de miles de cabezas de niños con dosis potencialmente letales. Los supervivientes contaron las horribles experiencias que tuvieron durante y después del tratamiento, y los hermanos y hermanas que perdieron a una temprana edad.

Esto no es solo una lección de historia que se refiere a un aspecto oculto de los fundamentos racistas de Israel. El documental pone al descubierto una masiva operación de encubrimiento por parte del estado: muchos de los registros médicos de los niños (se cree que otros muchos se han perdido) estaban en manos de uno de los médicos implicados. Incluso después de esta revelación, el estado ha seguido negando a las víctimas el acceso a dichos registros, a pesar de que dicho acceso puede ser vital para ayudarles a recibir un tratamiento apropiado que les salve la vida, así como una adecuada compensación.

El sorprendente giro final es el descubrimiento de que todos estos experimentos han costado el equivalente a centenares de millones de dólares de hoy; en realidad, más que todo el presupuesto anual de Israel en estos momentos. ¿De dónde sacó Israel tal cantidad de dinero?

El documental sugiere, de forma convincente, que EEUU, con su propia y dilatada fascinación por la eugenesia, fue quien probablemente subcontrató esos experimentos a Israel como una forma de eludir los crecientes obstáculos legales con que se enfrentaba en el país. Probablemente, EEUU pagó la gigantesca factura.

Hay un par de omisiones preocupantes en el propio documental. La primera es que el doctor Sheba no llevó a cabo estos experimentos solo con judíos árabes. También sometió a muchos niños palestinos en Israel a las mismas dosis letales y por los mismos motivos racistas.

La otra es que el doctor Sheba sigue siendo venerado en Israel en estos días y uno de los hospitales más famosos del país tiene su nombre, el Centro Médico Chaim Sheba. Como deja claro el documental, hubo muchas evidencias en los años 50 de los efectos extremadamente peligrosos de las radiaciones en los seres humanos. Lo que hizo el doctor Sheba fue una forma de genocidio. El hecho de que siga siendo venerado en Israel no sería en absoluto diferente, en mi opinión, de que Alemania tuviera un Centro Médico Josef Mengele.

Supongo que mantener intachable la reputación del Dr. Sheba es importante para aquellos que desean evitar que otros esqueletos, todavía más indecentes, sean desenterrados sobre este asunto.

El documental, de 2003, está dividido en cinco partes de diez minutos:

He hablado frecuentemente de la hasbara (que los israelíes traducen como “explicación”, pero que realmente significa “propaganda”), pero pocas veces he encontrado un ejemplo tan evidente de la misma como la entrada sobre el affair de la tiña en Wikipedia. Por su aspecto, diría que ha sido escrita por un equipo de hasbara del gobierno israelí. Casi se puede oír la indignación en el texto de la entrada cuando las afirmaciones del documental son desestimadas. Sin embargo, resulta interesante ver que no se hace el más mínimo intento para refutar las dos acusaciones que están en el corazón de la película: una, que se sigue impidiendo a las víctimas el acceso a los registros médicos y dos, que la cantidad de dinero necesaria para llevar a cabo los experimentos fue astronómica y fuera del alcance de Israel. ¿Quién los pagó y por qué?

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Jonathan Cook es un periodista británico galardonado con varios premios y residente en Nazaret, Israel, desde 2001.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)