De cómo el dinero silencia las críticas a Israel

Lawrence Davidson

Fuente: How Money Silences Criticism of Israel, Consortiumnews.com, 22/09/2014

Debido a su brutal racismo y a sus reiterados ataques contra la población civil palestina, Israel está perdiendo apoyo popular a escala internacional. Mientras esto sucede, los sionistas están intensificando su presión sobre las elites sociales y políticas, sobre todo en EEUU y otros estados occidentales, para que mantengan las políticas que apoyan y protegen la conducta criminal de Israel.

El medio empleado para lograr este objetivo ha sido siempre los regalos y los donativos a miembros de las elites y a las instituciones. Estos regalos y donativos han ayudado a engrasar las ruedas, por así decir, de los sistemas de poder a través de los cuales actúan las elites y, además, crean una dependencia financiera de los donantes sionistas, entre otros. También crea una obligación de responder a las necesidades de estos donantes. El resultado es una desconexión creciente entre las actitudes populares cambiantes hacia Israel y las posturas estáticas y las acciones emprendidas por las elites.

Los líderes sionistas estadounidenses son conscientes de la existencia de este abismo y lo toman en serio. Pero tienen el problema de que el debate abierto y la presentación de evidencias ya no les da ninguna ventaja porque los sionistas ya no tienen el monopolio de los relatos sobre Israel y Palestina. Y sin ese monopolio, los orígenes imperialistas y la naturaleza racista de Israel ya no pueden ocultarse por más tiempo.

El chantaje del donante

Si no se puede ganar un debate, ¿cómo luchar contra la creciente sospecha popular sobre las acciones israelíes y sionistas? Pues presionando a los líderes institucionales miembros de esa elite dependiente de los donativos, como es el caso de las universidades, para que supriman y castiguen a quienes critican a Israel.

A los sionistas no les preocupa, en absoluto, que estas presiones, si se llevan a cabo en las instituciones públicas de EEUU, puedan violar la Primera Enmienda de la Constitución de EEUU. Su idea de los derechos es la que se practica en el entorno discriminatorio de Israel y no la establecida en la Constitución de Estados Unidos.

Un buen ejemplo de la idea que los sionistas norteamericanos se hacen del principio constitucional de la libertad de expresión puede verse en una carta enviada por la Liga Anti-Difamación (ADL), una agresiva organización sionista, a los administradores de varias universidades y facultades de EEUU, incluyendo instituciones estatales de estudios superiores.

La carta pretende ofrecer “información y recomendaciones sobre cómo afrontar los problemas que pueden plantearse en su campus debido al reciente conflicto de Gaza”. La carta continúa acusando a los críticos de Israel de “ahogar el diálogo […] negándose a trabajar con grupos estudiantiles judíos y proisraelíes” y presionando a las instituciones educativas para que “participen en actividades de boicot, desinversiones y sanciones”. La carta termina advirtiendo que el 23 de septiembre será un día de “acción en los campus universitarios” organizado por dichos grupos críticos de Israel, como es el caso de Musulmanes Americanos por Palestina.

Es interesante señalar que la carta pretende devolver la pelota al tejado de los grupos propalestinos etiquetándolos como los que buscan limitar la libertad de expresión mediante el boicot a Israel. Por un lado, esto es una errónea interpretación del boicot (que está dirigido principalmente a las instituciones israelíes y no a los individuos) y, por otro, no menciona que Israel es un país que viola sistemáticamente los derechos civiles de los palestinos.

La carta de la ADL ignora también el hecho de que las organizaciones sionistas de los campus universitarios de EEUU (Hillel, por ejemplo) tratan activamente de suprimir el diálogo y el debate cuando se trata de Israel. La carta acusa a los que están en contra de Israel de “hostigar e intimidar a los estudiantes judíos y a otros”.

Ha habido casos de menor importancia de este tipo de conducta en ambas partes en este acalorado debate. Sin embargo, cuando se trata de la supresión de derechos, hay que señalar que Israel ha convertido el acoso y el castigo de los palestinos y de sus escasos simpatizantes israelíes en todo un arte.

La carta de la ADL concluye con una invitación que busca reforzar la dependencia de las elites administrativas académicas respecto a esta extremadamente tendenciosa organización sionista. “Como una de las principales organizaciones de derechos civiles del país —dice—, la ADL tiene décadas de experiencia en la ayuda a los administradores y estudiantes de los campus para responder a la intolerancia y las disputas entre grupos. Nos agradaría discutir los retos con que se enfrentan muchos campus hoy en día y ayudarles en sus esfuerzos para garantizar que sus campus sigan siendo un lugar en el que pueden discutirse todos los puntos de vista”. Así le habló el lobo a Caperucita Roja.

Tal vez la ADL fuera una “destacada organización de derechos civiles” en 1913, cuando fue creada, pero poco después de 1967 siguió el camino de la mayoría de las principales organizaciones judías norteamericanas convirtiéndose en portavoz de la defensa acrítica de Israel. Para ello, ha confundido la oposición a Israel y a sus políticas con el antisemitismo y, al hacerlo así, ha perdido la capacidad de conocer objetivamente lo que significan los derechos civiles en el contexto del conflicto palestino-israelí.

Trágicas consecuencias

¿Por qué una destacada administradora académica como la rectora de la Universidad de California de Davis Linda Katehi acepta esta misiva de la ADL y la distribuye entre todos sus vicerrectores, decanos e incluso, lo que es realmente significativo, al mismísimo jefe del departamento de policía de dicha universidad? Porque, a diferencia de los estudiantes de su universidad, que están desarrollando una visión precisa y crítica de Israel, ella es parte de esas elites dominadas por los donantes y los ideólogos, que siempre han sido proisraelíes. En otras palabras, su mundo permanece estático, mientras que fuera de su camarilla, el mundo está cambiando.

Debido a la extrema vulnerabilidad de las elites administrativas de la enseñanza superior al chantaje de los donantes, seguimos presenciando el trágico e injusto tratamiento de los académicos y profesores que han tomado una postura pública en contra de Israel. Un editorial de Los Angeles Times describe las negativas consecuencias institucionales:

Para cualquier universidad, pero especialmente para las públicas […] la ingerencia de las presiones del donante en la administración es un presagio de la destrucción de la libertad académica. Los donantes ricos pueden intervenir y ejercer una fuerte influencia porque las fuentes públicas de financiación, como las asambleas legislativas estatales, han retirado sistemáticamente su apoyo a las universidades públicas. Han perdido su interés en el estudio académico independiente y objetivo; están interesadas en promover sus propias ideas acerca de cómo funciona, o debería funcionar, el mundo, están interesadas en la ideología, no en las ideas.

El chantaje del donante es la última línea de fuego de los sionistas, mientras siguen sufriendo derrotas en la batalla por la opinión pública. Por desgracia, sus actividades en este frente han provocado la erosión de la libertad académica y la ruina de decenas de carreras profesionales.

Como ha señalado Stephen Lendman, los sionistas estadounidenses han asumido colectivamente el papel de un moderno Joe McCarthy, intentando purgar la educación superior de los críticos de Israel. De este modo, se han unido a las filas de otros grupos de presión cuyo afán es purgar la enseñanza de la evolución biológica de las aulas y censurar los libros de nuestras bibliotecas.

En el caso de los activistas de la ADL, están promoviendo este proceso corruptor mientras se autoproclaman una “destacada organización de derechos civiles”. Pero como dice el viejo refrán, por sus obras les conoceréis.

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Lawrence Davidson es profesor de historia en la Universidad de Pensilvania de West Chester. Es autor de Foreign Policy Inc.: Privatizing America’s National Interest, America’s Palestine: Popular and Official Perceptions from Balfour to Israeli Statehood y Islamic Fundamentalism.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)

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