El genocidio gradual israelí…

Yamal Kanj

Fuente: Israeli Incremental genocide…, Middle East Monitor, 19/09/2014

No hace falta decir que Gaza ha enseñado al ejército israelí una nueva lección: los días de las guerras rápidas israelíes se han terminado. Aunque en su mayoría han sido asimétricas, Israel nunca antes libró una guerra que durara 50 días. Los palestinos (asediados por hermanos y enemigos) no podían comparar su poderío militar con la sofisticada tecnología estadounidense del ejército israelí. Pero al igual que en la guerra del Líbano de 2006, el factor humano convirtió en obsoleta la mejor de las tecnologías.

Hay muchas semejanzas entre la guerra del verano de 2006 y la actual. Lamentablemente, en ambos casos, la destrucción arbitraria de Israel fue recibida con indiferencia por los regímenes árabes.

No es ningún secreto que algunos gobiernos árabes estaban más interesados en 2006 en debilitar a Hizbolah que en proteger a los civiles libaneses inocentes. En los dos últimos meses, los regímenes árabes también han mostrado más desprecio hacia Hamas que interés por las vidas palestinas.

En esta ocasión, a diferencia de las dos anteriores confrontaciones del invierno de 2008-2009 y noviembre de 2012, los palestinos de Gaza parecían estar unidos en la mesa de negociaciones y en el campo de batalla. En último término, forzaron al mediador egipcio a renunciar a imponer las condiciones israelíes y a abordar el tema fundamental que causó esta guerra: el bloqueo militar israelí de Gaza.

Después de alcanzar un alto el fuego, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu proclamó a los cuatro vientos su victoria en la guerra. Por el otro lado, los palestinos tomaron las calles para celebrar el fin de la agresión israelí y su victoria.

Es tema de discusión determinar quién ganó la guerra. Si la victoria se mide por el número de civiles muertos y el daño causado, Israel es, de lejos, el ganador. Si la victoria o la derrota se miden según los objetivos alcanzados, Israel es, sin duda, el principal perdedor.

Los intentos israelíes de debilitar a Hamas han fracasado. Hamas, que antes de la guerra sufría un declive en su popularidad, ha conseguido un impresionante apoyo en los últimos sondeos. La organización era persona non grata en Egipto, pero ahora parece haberse reconciliado con el régimen.

Al igual que la guerra de Israel contra el Líbano en 2006, donde lejos de debilitar a Hizbolah, la guerra convirtió a esta organización en una importante fuerza en la política local y emergió como un actor regional al que hay que tener en cuenta.

En Gaza, los mimados soldados israelíes no estaban preparados para la nueva táctica y los intrincados sistemas de fortificación subterránea. En el combate cara a cara y cuando la tecnología se vuelve inútil, el acobardado soldado israelí no tenía nada que hacer frente al más decidido combatiente palestino.

Según los relatos de los testigos oculares de los hechos, publicados en el periódico digital Daily Beast la semana pasada, un combatiente con el nombre de guerra de Abu Mohamed describió la guerra subterránea con estas palabras: “Primero, atacamos a los tanques y los jeeps con bombas artesanales. Algunos de los nuestros salían del suelo, atacaban a los soldados y luego desaparecían de nuevo en un túnel, mientras otros les sorprendían desde casas vacías”.

A raíz de importantes pérdidas militares, Netanyahu ordenó a su ejército que se retirara. Sus negociadores abandonaron El Cairo e insistieron en que no habría alto el fuego hasta que se alcanzaran los objetivos de la invasión israelí: el desarme de Gaza, la entrega de los cuerpos de los soldados israelíes supuestamente muertos y la destrucción de las fortificaciones subterráneas.

Después de que las condiciones israelíes para el alto el fuego fueran rechazadas, Israel intensificó sus ataques aéreos contra objetivos civiles, como las casas de supuestos líderes palestinos, y derribó grandes torres residenciales. Ante unos palestinos desafiantes y una opinión pública desmoralizada, Netanyahu se vio obligado a aceptar un alto el fuego que incluyó la suavización del bloqueo de Gaza.

Sin embargo, es ilusorio creer que Israel vaya a cumplir su palabra firmada en el acuerdo de alto el fuego. Con una popularidad en sus horas más bajas, Netanyahu está dispuesto a intensificar el bloqueo, no a suavizarlo, con el fin de apaciguar a sus votantes de derecha.

Así las cosas, Netanyahu miente a su pueblo sobre una supuesta victoria militar que no ha logrado ni uno solo de sus objetivos y engaña al mundo con un alto el fuego, mientras mantiene una guerra silenciosa basada en una “dieta de hambre” y lleva a cabo un “genocidio gradual” contra más de 1,7 millones de seres humanos.

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Yamal Kanj escribe regularmente una columna periodística y publica en varios sitios web sobre asuntos árabes. Es autor de Children of Catastrophe: Journey from a Palestinian Refugee Camp to America.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)