La estrategia de la resistencia y las negociaciones

Dr. Fayez Rashid

Fuente: Resistance strategy and the negotiations approach, Middle East Monitor, 12/09/2014

Muchas experiencias de Palestina con Israel, especialmente la de la resistencia y la firmeza de nuestro pueblo, por ejemplo al afrontar la operación Margen Protector, subrayan el fracaso de la vía negociadora en tanto que única opción política y estratégica.

El ejemplo de todos los movimientos de liberación nacional demuestra que la resistencia, en todas sus formas y manifestaciones, especialmente la lucha armada, es capaz de obligar a Israel a reconocer los legítimos derechos y demandas de los palestinos. La resistencia ha forzado a Israel a reconocer la presencia del pueblo palestino después de muchos años negando su existencia, aunque algunas autoridades y políticos siguen negando nuestra existencia. La resistencia también ha fortalecido nuestra identidad nacional y ha conseguido un amplio reconocimiento internacional para nuestro pueblo y su causa nacional. Al mismo tiempo, ha sido una fuente de dolor y pérdidas para el proyecto sionista en su conjunto y ha evitado que el enemigo logre sus objetivos mediante los ataques contra los civiles en la Franja de Gaza.

Desde su creación, todos los grupos de la resistencia palestina han adoptado el concepto y la táctica de una “guerra popular a largo plazo” en nuestro conflicto con Israel y ha insistido en que Palestina, desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo, es el hogar natural e histórico de los palestinos. La eliminación de cualquiera de estos elementos, bien en el programa de diez puntos de la OLP, en la preparación de las conversaciones de Oslo y en los acuerdos subsiguientes, en la eliminación de las cláusulas de la Carta Nacional Palestina referentes a la lucha armada en 1996 o en el establecimiento de las negociaciones como la única opción estratégica, que únicamente ha traído destrucción a la causa palestina y a los derechos de nuestro pueblo, todo esto ha dado como resultado la concesión, por parte de Israel, de una cierta autonomía para los palestinos en Cisjordania y la Franja de Gaza. Después han venido la división política y la emergencia de dos “autoridades palestinas” y su control de los aspectos administrativos y cotidianos de la vida de los residentes en ambos territorios, pero no ha habido signos de una verdadera soberanía.

Las negociaciones solo han conducido a un acrecentado apetito israelí de más concesiones palestinas, más asentamientos y más masacres. Israel nunca ha dejado de detener, torturar y asesinar al pueblo palestino, destruir sus árboles y robar sus tierras y casas, ni siquiera después de los acuerdos de Oslo, en un proceso que equivale a una forma de genocidio.

El secretario de estado estadounidense John Kerry está presionando para que se reanuden las “negociaciones de paz”, después de que haya rechazado el plan tripartito propuesto por el presidente palestino Mahmud Abas, argumentando que proviene solo de una de las partes y que debe haber un acuerdo de ambos lados. Las anteriores giras de Kerry por la región y sus conversaciones con ambas partes, israelíes y palestinos, dieron lugar a una defectuosa solución norteamericana basada en la perspectiva israelí y cuyo contenido era un acuerdo marco para un miniestado provisional carente de soberanía, sin parte alguna de Jerusalén y sin retorno de los refugiados. Este miniestado no sería más que el autogobierno palestino que ya existe, un cantón desmembrado sin vínculos territoriales con Gaza y con una presencia militar israelí en el valle del Jordán que se convertiría en algo permanente.

Además de todo esto, hay otro hecho que tenemos que reconocer. Estados Unidos no puede ser un mediador honesto entre palestinos e israelíes. No digo esto a la ligera, sino en base al contenido de la carta de garantías estratégicas que EEUU envió a Israel en 2004, la cual establece una serie de principios, entre los que destaca el compromiso de EEUU con la seguridad de Israel y su promesa de no presionar a Israel para que acepte soluciones o compromisos que no sean de su agrado. La Autoridad Palestina debe aceptar que EEUU está plenamente comprometido con una solución israelí, sin añadir ni omitir nada de ella.

La posición de los aliados de Israel y EEUU sobre un acuerdo son muy similares, mientras Washington rechaza el derecho al retorno de los palestinos y comprende que Israel quiere mantener “unida” a Jerusalén como su “capital eterna”. Sobre esta base, poco después de que hayan sido elegidos, todos los presidentes de EEUU han prometido transferir la embajada estadounidense a Jerusalén, algo que es muy significativo. La única discrepancia entre las posturas de Israel y EEUU se refiere al tema de los asentamientos ilegales. Washington no está realmente en contra de los asentamientos, pero apoya una congelación temporal en su construcción con el fin de facilitar las negociaciones y favorecer que las partes lleguen a un acuerdo.

Es importante señalar que la estrategia negociadora solo ha conducido a concesiones del lado palestino, y conducirá a más en el futuro. Otros movimientos nacionales revolucionarios cuyos territorios fueron ocupados solo se comprometieron en negociaciones con sus enemigos después de que se cumplieran algunas condiciones. Normalmente, iniciaron conversaciones en un momento en que los revolucionarios se encontraban al borde de la victoria. Además, basaron esas negociaciones en logros reales sobre el terreno y estos solo se consiguieron mediante la resistencia, normalmente armada. No negociaron ni regatearon los derechos humanos y nacionales de sus pueblos porque, como consecuencia de grandes e insostenibles pérdidas sufridas por los ocupantes en términos económicos y demográficos, eran estos quienes necesitaban un acuerdo de paz. Siempre fue necesario tener un movimiento popular de masas apoyado políticamente por muchos países. Si los líderes de la causa palestina hubieran promovido una lucha revolucionaria y una estrategia que no cediera los derechos del pueblo, las masas árabes, desde el océano Atlántico al Golfo Pérsico, les habrían apoyado. Está claro, por lo tanto, que no hay ninguna alternativa a la creación de un movimiento de resistencia revolucionario. Solo él puede ganar.

Otra condición en la que hay que insistir es la continua referencia a los logros alcanzados sobre el terreno, hasta que las negociaciones no sean solo una necesidad del movimiento revolucionario, sino también del enemigo. El actual proceso negociador está intensificando la división en las filas del pueblo palestino y del mundo árabe, mientras que la política de la resistencia les une.

El movimiento de liberación nacional vietnamita (Frente de Liberación Nacional) negoció con el ocupante estadounidense en París, durando algunas rondas solo unos pocos minutos. En el transcurso de estas conversaciones, los vietnamitas ponían sus demandas encima de la mesa y si los norteamericanos respondían, seguían hablando; pero si no respondían, los vietnamitas se retiraban de las negociaciones. Evidentemente, hay una enorme diferencia entre la naturaleza de la lucha palestina y la de los vietnamitas, y también hay diferencias en las situaciones relativas, tanto en el sentido objetivo como subjetivo, pero este tipo de negociaciones fueron experimentadas por muchos movimientos de liberación nacional de Asia, África y América Latina. Algunos ejemplos son los del Congreso Nacional Africano y sus aliados en Sudáfrica y las negociaciones que tuvieron lugar con el régimen del apartheid (el aliado orgánico de Israel), el de Rodesia e incluso el de Palestina durante la primera fase de la revolución (antes de los acuerdos de Oslo), que se basó en la lucha armada.

La resistencia, especialmente la resistencia armada, es una estrategia central adoptada por un movimiento de liberación nacional para liberar a una nación cuyo territorio ha sido ocupado y cuya voluntad popular ha sido usurpada. Desafío a cualquiera a que muestre un movimiento de liberación nacional que no haya adoptado la resistencia armada como parte de su lucha. La excepción que confirma la regla es el movimiento de desobediencia civil masiva liderado por Mahatma Gandhi contra el imperio británico en la India. Sin embargo, en general, la regla es que la resistencia armada es la forma de conquistar la libertad.

Todo lo que queda por decir es que hemos tenido suficiente con las negociaciones con el enemigo sionista; suficientes concesiones bajo la presión norteamericana e internacional. Es hora de poner fin a la división, las disputas en los medios de comunicación y las acusaciones entre Fatah y Hamas. Debemos analizar la etapa anterior y comprometernos en una estrategia de resistencia y en su renacimiento entre los grupos palestinos que todavía consideran que las negociaciones son solo un recurso táctico, político y estratégico contra Israel. No puede haber tregua mientras la ocupación siga vigente.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)