La frágil estructura del movimiento nacional palestino

Dr. Bashir M. Nafi

Fuente: The fragile structure of the Palestinian national movement, Middle East Monitor, 5/09/2014

A lo largo de las semanas de guerra y negociaciones, varios líderes palestinos de Hamas, Yihad Islámica, la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y Fatah trataron de destacar la unidad de la postura palestina: su posición contra la agresión israelí, la gestión de la guerra y la postura en las negociaciones.

Sin embargo, el 30 de agosto, Mahmud Abas, líder de Fatah y presidente de la ANP, hizo unas declaraciones en las que sostuvo que Hamas era el responsable de la destrucción de la Franja de Gaza, señalando que el movimiento islamista podía haber evitado ese desastre si hubiera aceptado la primera iniciativa egipcia.

A nadie le sorprendió las observaciones de Abas, a pesar de que se hicieron después de firmar un acuerdo para poner fin a la guerra. Lo que sí sorprendió fue la rapidez con que Abas se aprestó a disipar la ilusión de una “posición palestina unida”.

A pesar de la reconciliación palestina que restauró la unidad política entre la Franja de Gaza y Cisjordania, el consenso logrado durante la guerra y las negociaciones e, incluso, la aprobación por parte de los diferentes grupos palestinos del acuerdo de alto el fuego, que incluye el retorno de la ANP a la Franja de Gaza y de la supervisión de los puestos fronterizos y del proceso de reconstrucción de Gaza, a pesar de todo eso, decíamos, la cuestión de la fragilidad del movimiento nacional palestino no ha sido abordada todavía.

La desesperación, y no otra cosa, fue lo que impulsó a Hamas y a la ANP a buscar la reconciliación. La desesperación de Hamas se debía a la escalada del bloqueo árabe-israelí de la Franja de Gaza después del cambio de régimen en Egipto, que supuso el derrocamiento del presidente Morsi y su reemplazo por un gobierno que no oculta su hostilidad hacia Hamas y todas las fuerzas islamistas de la región. Hamas creyó que la reconciliación y la formación de un gobierno de unidad nacional conllevaría una mejora de las relaciones de Egipto con la Franja de Gaza y su gente. Aunque Israel no cambió su posición sobre Gaza, esa mejora de las relaciones con Egipto podría ser suficiente para aliviar el sufrimiento del pueblo de la sitiada Franja de Gaza.

En cuanto a la ANP, y en particular su presidente, la desesperación era de otra naturaleza. Abas buscó la reconciliación con Hamas después de que se diera cuenta que los intentos de EEUU para revitalizar el proceso de paz, conducidos por el secretario de estado John Kerry, no darían resultados reales. Sobre todo, la ANP quería la reconciliación porque percibía el peligro inminente de un apoyo de Egipto y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) a Mohamed Dahlan y las continuas insinuaciones de que Israel podía dar su apoyo al exdirigente de Fatah. Abas sabe perfectamente que, a pesar del hecho de que han pasado 20 años desde su creación, la Autoridad Nacional Palestina sigue estando sometida a Israel. En el caso de que Netanyahu diera su apoyo a Dahlan, no solo se vería amenazada la posición de Abas como presidente, sino también la de toda la clase gobernante de Ramala.

Sin embargo, esto no significa que la reconciliación fuera esencialmente una mala opción. En realidad, la visión israelí del futuro del conflicto está basada, en estos momentos, en dos elementos fundamentales: la completa separación entre Cisjordania y la Franja de Gaza, a la espera de una oportunidad para arrojar a la Franja de Gaza, y a todos sus habitantes, al regazo de la comunidad internacional, mientras sigue trabajando por expulsar de Cisjordania al mayor número posible de palestinos. Como mínimo, los israelíes quieren impedir un crecimiento demográfico excesivo de los palestinos, mientras esperan el momento oportuno para expulsar a la mayor cantidad posible de ellos y anexionarse Cisjordania.

A pesar de la naturaleza sectaria de la política israelí y de los diferentes discursos utilizados por los líderes de la actual coalición de gobierno, parece que todos los partidos del gobierno israelí están de acuerdo en la necesidad de evitar todo acuerdo político con los palestinos que incluya Cisjordania. Sus únicas diferencias están relacionadas con la puesta en práctica de esta política y los medios y métodos que hay que adoptar para lograr este objetivo. Por lo tanto, no sería una exageración decir que la decisión de Abas de llevar a cabo la reconciliación provocó indignación en los círculos del gobierno de Netanyahu y que la escalada masiva durante la guerra contra Gaza fue, también, un intento de separar los destinos de la Franja de Gaza y Cisjordania. En este sentido, la reconciliación fue una decisión correcta y el intento de mantener una posición palestina unificada durante la guerra y las negociaciones fue, así mismo, una política acertada. Sin embargo, los resultados concretos de esta política no van de la mano con la lógica que está detrás de ella.

El problema no está en la última declaración de Abas, ni siquiera en la campaña lanzada en los últimos días por los medios de comunicación de la ANP contra Hamas y las fuerzas de la resistencia. Es algo mucho más grande que esto y está relacionado con la política general de la ANP, su conducta y sus condiciones de existencia: no parece que los líderes de la ANP estén dispuestos a cambiar su conducta pasada. Puesto que el acuerdo de reconciliación no conllevó una reflexión sobre la situación política de Cisjordania, las restricciones de las actividades de las fuerzas políticas islamistas y las detenciones de sus militantes han continuado.

Antes del estallido de la guerra de Gaza, muchos veían esta situación como una señal de desacuerdo dentro de las filas de la ANP y sus instituciones o la expresión de la dificultad para cambiar la mentalidad de las instituciones y autoridades de seguridad de la ANP. Así las cosas, muchos creían que el tiempo, la paciencia y la determinación de llevar adelante el proceso de reconciliación podría lograr, en última instancia, un cambio real en la situación política de Cisjordania.

Pero cuando estalló la guerra y quedó claro que una intifada en Cisjordania tendría serias consecuencias en las relaciones de poder, quedó de manifiesto que el cambio de actitudes en la ANP era solo algo formal. Durante los largos días de los bombardeos, las detenciones y el hostigamiento contra miembros de Hamas no se interrumpieron. Más preocupante, aún, es que tanto en lo que se refiere a sus relaciones con el ocupante, como a sus relaciones con los movimientos revolucionarios y de cambio en la región árabe, la postura de la ANP no sugiere que esté realmente comprometida con los objetivos históricos del movimiento de liberación nacional palestino.

A pesar de la actual política israelí de confiscación de tierras palestinas en Cisjordania y de bloqueo de la Franja de Gaza, junto con la guerra y el fracaso del proceso de paz, la ANP no ha tomado ninguna medida política o judicial internacional para confrontar la persistente agresión israelí que afecta a todos los aspectos de la vida palestina y a la posibilidad de encontrar una solución política al conflicto. Lo único que ha hecho la ANP ante el desastre en que está sumido el pueblo palestino ha sido sentarse y observar.

Aunque las fuerzas políticas islamistas se están convirtiendo en los principales elementos del movimiento nacional palestino y son quienes están llevando el peso de la defensa de la Franja de Gaza y su gente, la ANP parece estar dispuesta a unirse a la campaña de algunos estados árabes en contra del islam político. Mostrando un completo desprecio por el sufrimiento del pueblo árabe que está luchando por la libertad y el cambio, la ANP está fortaleciendo sus relaciones con regímenes como el de Bashar al Asad en Damasco. Durante las negociaciones “unificadas” para el alto el fuego en la guerra de Gaza, la ANP adoptó una postura hostil hacia las fuerzas de la resistencia palestina, debilitando a los grupos de la resistencia y sus demandas para detener la agresión y levantar el bloqueo impuesto a la Franja de Gaza.

Esto no es, ciertamente, un asunto personal y no debería ser visto como tal. Sin embargo, cada vez es más claro que la ANP, sus instituciones y sus líderes han dejado de actuar y comportarse como parte del movimiento nacional palestino. La ANP se creó originalmente con el fin de favorecer la ocupación y facilitar, y abaratar, el control israelí sobre el pueblo palestino.

Con el paso del tiempo, dos décadas más tarde, para ser precisos, las relaciones de fuerza siguen siendo favorables a Israel, pues los israelíes han conseguido suprimir todo ethos de liberación nacional en los líderes palestinos y han conseguido, también, que la ANP sirva a los fines para los que fue creada.


Dr. Bashir M. Nafi es historiador y miembro del Centro de Estudios Al Yazira.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)