¿Ganó Gaza la guerra?

Samer Badaui

Fuente: Did Gaza win the war?, +972 Magazine, 27/08/2014

Cuando el esperado alto el fuego se confirmó el martes, estallaron celebraciones espontáneas en todo el mundo árabe. Pero las exhibiciones más jubilosas se dieron, evidentemente, en la Franja de Gaza, donde los residentes se libraron de la ansiedad de una guerra israelí de 50 días con los sencillos placeres de pasar una noche en la calle.

Este había sido un placer negado desde hacía mucho tiempo. Para la mayoría de los 1,8 millones de gazatíes, el derecho a reunirse, a caminar por las calles sin la amenaza de ataques aéreos o bombardeos israelíes fue suficiente para olfatear la victoria entre los escombros. Pero algunos se preguntan si, cuando la euforia se asiente, los términos del acuerdo de ayer superarán a los costes que ha tenido que soportar la población de la franja.

Para poner las cosas en su contexto, pensemos en los niños. En estas siete semanas han muerto más niños que en los cinco últimos años juntos. Y en esta operación Margen Protector han muerto casi diez veces más que los que murieron en la ofensiva de 2002 contra Cisjordania, conocida como Escudo Defensivo.

Estos datos son, sin duda, impresionantes, sobre todo en el contexto de un asedio de ocho años que ha provocado muertes continuas, sin que los gazatíes hayan encontrado la forma de protegerse a ellos mismos o a sus hijos. Pero, pese a toda la tristeza que ha causado esta guerra de Israel contra la población civil —por tierra, mar y aire—, lo que más importa ahora no es el número de muertos, sino la cuestión fundamental del sacrificio.

La cuestión no es si el sacrificio de 500 niños palestinos ha merecido la pena, o si hubiera sido mejor que solo hubieran muerto 50. La cuestión planteada por esta “guerra de un solo ejército” es precisamente esta: ¿por qué ley del hombre o de la naturaleza resulta tan fácil matar a los niños?

Asesinando a inocentes en tales cantidades —mientras dormían, mientras jugaban, mientras estaban convalecientes— como si se tratara de cosas propiedad del estado israelí, Israel ha pisoteado tan salvajemente los límites de la decencia humana que ha dado al mundo un nuevo cálculo, una fórmula perspicaz para comprender finalmente el atolladero palestino. El mundo sabe ahora que, aunque luchan y mueren —a veces sin descanso—, los palestinos no son injustos ni carecen de justificación. Ahora, a los ojos del mundo, tanto como ante los suyos mismos, los palestinos son las víctimas de una lógica defectuosa y brutal, de un proyecto colonial que ha seguido su curso.

Esa es la razón por la que los términos del alto el fuego de ayer —que posterga en gran medida los asuntos más complicados, por ejemplo si Gaza tendrá y cuándo su propio aeropuerto y puerto de mar— importan menos que la nueva ventaja adquirida, medida en apoyo internacional, con la que los palestinos pueden ahora acercarse a la mesa de negociaciones. Solo desde este punto de vista puede decirse que Gaza ha ganado y, además, tiene la justicia de su lado.

En cuanto a las celebraciones que están teniendo lugar en la franja, pueden continuar mientras la gente así lo quiera, pues los palestinos de Gaza han mirado intensamente a los ojos al demonio de la guerra y sus detalles serán conocidos con el tiempo.

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Samer Badaui vive en Washington y fue corresponsal para Oriente Medio de Middle East International. Ahora está investigando Gaza, la diáspora palestina, la industria internacional para el desarrollo y el papel del individuo en los movimientos activistas. Su dirección en Twitter es: @ samwithaner.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)