La resistencia no-violenta es el arma más poderosa de los palestinos

Husein Ibish

Fuente: Non-violent resistance is Palestine’s most powerful weapon, The National, 30/08/2014

Mujeres palestinas miran los restos de unos edificios que fueron destruidos por Israel este mes en Gaza. (Foto: AFP / Roberto Schmidt)

A medida que el polvo se asiente en Gaza —y tanto Israel como Hamas reclamen la victoria en un conflicto que, una vez más, no ha tenido verdaderos vencedores—, no habrá duda de quiénes han sido los más grandes perdedores: el sufriente pueblo de Gaza. A pesar de su vacía jactancia, la estrategia de lucha armada de Hamas se ha mostrado, una vez más, no solo como un callejón sin salida para defender los derechos de los palestinos, sino como un desastre.

Sin embargo, el impasse diplomático —con el proceso o las conversaciones interrumpidas y sin motivos para creer, o esperar, que se dé un avance significativo a corto plazo— deja al movimiento palestino agonizando en torno a qué enfoque puede garantizar avances y no causar más daño que beneficios en el camino de la liberación nacional.

La diplomacia multilateral en la ONU y otros organismos internacionales puede ser costosa, al tiempo que ofrecerá beneficios limitados. No puede cambiar las realidades políticas y estratégicas básicas en el terreno. Los boicots a los asentamientos israelíes son alentadores, pero apenas cambian las reglas del juego, y los planes de ocupación, aunque pueden ser desacreditados, no se detendrán por ello.

Pero, combinados con otros métodos no-violentos —sobre todo, iniciativas de construcción de un estado y de otras instituciones, tal como fue avanzado por primera vez por el ex primer ministro Salam Fayad— iniciativas multilaterales astutas y bien calculadas junto con boicots precisos y orientados contra los asentamientos podrían ser importantes elementos tácticos de una estrategia nacional palestina más amplia e integral.

Como han señalado muchos desde hace tiempo, tal vez la herramienta más poderosa que los palestinos tienen a su disposición —pero que no ha sido sistemáticamente desarrollada o adoptada como una táctica fundamental por el movimiento nacional— es la resistencia no-violenta a la ocupación en el terreno. La ocupación es un sistema de disciplina y control ejercido sobre un pueblo subyugado por un ejército extranjero poderoso. Peor aún, una de las principales tareas de esas fuerzas de ocupación es facilitar y proteger el proyecto colonizador, que básicamente significa arrebatar tierras a sus propietarios y entregarlas ilegalmente a los colonos.

Los asentamientos y todo el odioso aparato de la ocupación, como los puestos de control, los muros, las carreteras de circunvalación y las áreas cerradas, son objetivos perfectos para realizar protestas estrictamente no-violentas de carácter masivo, desobediencia civil, técnicas de no-cooperación, etcétera. Para ser eficaces, estos métodos deben estar cuidadosamente integrados en un programa más general que permita a los líderes nacionales traducir las ganancias en logros políticos orientados hacia la liberación nacional. Más importante aún es que los palestinos deberían estar firmemente unidos y altamente disciplinados para mantener su estricto carácter no-violento (no tirar piedras, por ejemplo).

Esto sería un auténtico desafío para Israel, pues las fuerzas de ocupación recurrirían, casi con toda seguridad y rápidamente, a la violencia para suprimir una campaña de protestas no-violentas sostenidas, decididas y de ámbito nacional. Los grupos extremistas palestinos buscarían secuestrar este movimiento no-violento mediante represalias violentas llevadas a cabo por su cuenta. A menos que esto fuera unánime y enérgicamente repudiado y rechazado por la sociedad palestina de forma unitaria, insistiendo en mantener las protestas no-violentas frente a la violencia de la ocupación, todo se perdería. Esta disciplina sería igualmente fundamental al permitir que los palestinos se convirtieran en un pueblo rebelde frente a la ocupación y, al mismo tiempo, unido en el desarrollo del autogobierno.

Pero, ¿cómo lograr esto en un contexto en el que, durante décadas, israelíes y palestinos se han comunicado mutuamente a través, sobre todo, de la violencia? ¿En qué elemento cultural palestino puede fundamentarse el ethos de la no-violencia? Ciertamente, los palestinos han utilizado siempre formas de resistencia no-violentas, así como violentas. Pero, ¿cómo podrían convertirse las protestas no-violentas en hegemónicas hasta el punto de dar su carácter a la resistencia palestina a la ocupación?

Un camino podría ser redefinir uno de los principales activos de la lucha palestina: el martirio. Aunque en Occidente se piensa a veces que los palestinos llaman “mártires” principalmente a los militantes, en realidad definen como mártires a todos los que perecen en el conflicto con Israel. El término ha sido empleado tradicionalmente de forma indiscriminada, para incluir a todo el mundo, desde los bebés asesinados mientras dormían a los terroristas suicidas.

No solo no hay necesidad de prescindir del concepto de martirio en la causa palestina. Hay una urgente necesidad de aclarar el término y aplicarlo estrictamente a aquellos que están dispuestos a sacrificar sus vidas por la libertad sin tratar de dañar a otros. Quienes perjudican a la causa palestina mediante la violencia contraproducente deberían ser excluidos de este título honorífico. Pero también las víctimas que lo son por azar.

La noción de martirio debería reservarse a aquellas personas que actúan realmente como mártires y que dan un paso al frente aceptando el daño o la muerte, sin buscar el mal de nadie más, con el fin de liberar a su pueblo de la opresión.

Los líderes religiosos, especialmente, y otros formadores de opinión palestinos podrían ser figuras claves en una campaña consciente, coordinada y sostenida durante todo el tiempo que sea necesario para cambiar la forma en que es entendido el martirio en la sociedad palestina.

¿Es esto una quimera absurda? Tal vez. Pero no hay otra manera de conseguir liberar el enorme poder que tiene el pueblo palestino a su disposición. Israel no tendría una respuesta eficaz frente a una campaña no-violenta y la relación de fuerzas entre ocupante y ocupados cambiaría totalmente.

Imagínense que 2.100 palestinos hubieran muerto en una campaña de protestas no-violentas en lugar de en una guerra como la de Gaza. Si los palestinos abrazaran un ethos de martirio no-violento como parte de una estrategia nacional más amplia, Israel no tendría ninguna posibilidad de mantener la ocupación. Los palestinos vencerían de forma real y decisiva.


Husein Ibish es miembro del Grupo de Trabajo de EEUU sobre Palestina. Contacto en Twitter: @ibishblog

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)

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