La Autoridad Palestina contiene las protestas en Cisjordania

Ahmed Azem

Fuente: West Bank uprisings dampened by PA, Al Monitor, 7/08/2014

Un agente de la policía de fronteras israelí retira una bandera palestina colocada en la valla de seguridad durante unos enfrentamientos con manifestantes palestinos en la localidad cisjordana de Rafat, cerca de Ramala. 4/08/2014 (Foto: REUTERS / Mohamad Torokman)

En Cisjordania solo ha habido protestas esporádicas durante la guerra de Gaza y es poco probable que se conviertan en un levantamiento popular en toda la regla debido, en gran parte, a la oposición de la Autoridad Palestina (AP) a las mismas.

Además de la ayuda humanitaria, la recogida de fondos y las donaciones, las actividades de solidaridad con Gaza que están teniendo lugar en Cisjordania pueden clasificarse en cuatro clases:

  • manifestaciones y protestas locales
  • manifestaciones masivas centrales que buscan movilizar a los sectores populares, como sucedió con las protestas de la Primavera Árabe
  • boicot a los productos israelíes
  • enfrentamientos violentos con los colonos y los soldados israelíes

¿Pero pueden crecer estas actividades hasta conformar un movimiento y un levantamiento de masas? Una mirada más atenta a cada una de estas actividades puede ayudarnos a comprender mejor la situación.

En cuanto a las protestas locales, uno de los principales problemas con que se enfrentan los jóvenes palestinos que participan en ellas es que las fuerzas de ocupación ya no se despliegan en el corazón de las ciudades y las áreas densamente pobladas, de conformidad con el pacto de coordinación de la AP con las fuerzas de ocupación israelíes en materia de seguridad. Esto ha privado a los enfrentamientos de su tradicional radicalidad, a diferencia de lo que sucedía en el periodo anterior a los acuerdos de Oslo.

Cabe señalar que los jóvenes palestinos han empezado a desarrollar un nuevo tipo de confrontación en las aldeas cercanas a los asentamientos o a los puestos de control. Han empezado a cortar las carreteras, evitando así que pasen los vehículos, bajo la atenta mirada del ejército israelí, apostado a lo lejos. Al Monitor ha sido testigo de este tipo de sucesos en el pueblo de Al Eizariya, próximo al asentamiento de Maale Adumim y Jerusalén. Sin embargo, en ocasiones, el ejército interviene directamente, como lo ha hecho en Beit Hanina y Shuafat. Esto plantea la siguiente pregunta: ¿hasta qué punto se desarrollará esta situación?

La falta de enfrentamientos del tipo tradicional con las fuerzas de ocupación ha suscitado la idea de organizar marchas masivas fuera de las áreas controladas por la AP, como ha sido el caso de las protestas que han tenido lugar cerca de la prisión de Ofer, al oeste de Ramala, y la marcha de Laylat Al Kader, el 24 de julio, en un puesto de control israelí de Kalandiya. La protesta que fue conocida con el nombre de la “marcha de los 48.000” reflejó el deseo de reunir a 48.000 manifestantes —que es una cantidad sin precedentes—, en referencia a la Nakba (catástrofe) o limpieza étnica palestina de 1948.

Los organizadores de la marcha eran jóvenes afiliados a Fatah, pero fue una iniciativa suya, sin ningún respaldo oficial. Esto fue aclarado por uno de los organizadores en el discurso que pronunció en Al Manara, la principal plaza de la ciudad, donde Al Monitor estuvo presente pocos días antes de que se celebrara la marcha. “Esta marcha no tiene nada que ver con los dirigentes”, dijo.

Las fuerzas de seguridad palestinas no se presentaron en el lugar de la manifestación, pues la policía palestina no tiene autoridad para intervenir en el área de Kalandiya según los términos de la coordinación israelo-palestina en materia de seguridad. La marcha atrajo a varios líderes de grupos que no participaron en la organización del evento.

Las fuerzas de ocupación israelíes reprimieron a los manifestantes utilizando balas de verdad, mataron a uno de ellos e hirieron a varios centenares. ¿Pueden hacerse en Cisjordania concentraciones masivas como las que caracterizaron a la Primavera Árabe?

“Tratamos de hacer un llamamiento a los grupos palestinos para que mantuvieran el apoyo popular que había conseguido la marcha, pues eso era algo que estaba más allá de nuestro alcance, como pequeño grupo de jóvenes”, dijo a Al Monitor una fuente cercana a los organizadores.

Parece que Hamas prefiere participar en las manifestaciones y marchas sin ponerse al frente de un movimiento ciudadano de masas, quizá para evitar la represión de las fuerzas de seguridad israelíes, pues muchos líderes políticos de la organización ya han sido detenidos por el ejército hebreo.

La marcha de Kalandiya empujó a otros grupos de Belén, Hebrón y otras ciudades a organizar marchas similares.

El activista Badi Dueik, del sur de Cisjordania, dijo a Al Monitor: “Muchos jóvenes, en particular los de la última generación, no son conscientes de las implicaciones a largo plazo de sus acciones. Muchos militantes están presentes en las protestas, pero sin que tal participación responda a una decisión oficial central, unos planes claros o unos objetivos políticos”.

Un destacado miembro de Fatah explicó lo siguiente a Al Monitor: “Todo levantamiento importante dará lugar a enfrentamientos con la Autoridad Palestina, que se opone a las protestas a gran escala. Evitar el enfrentamiento entre los ciudadanos y el poder es una decisión necesaria y sabia, pero ¿cuál es la alternativa?”.

El coordinador del grupo Jóvenes Contra los Asentamientos de la ciudad de Hebrón, Isa Amer, es de la misma opinión. “La situación es muy crítica, pero un levantamiento sostenido en el tiempo no es realista, pues los dirigentes de Fatah son débiles e incapaces de tomar la decisión de organizar la resistencia”, dijo a Al Monitor.

“Por no hablar de la coordinación de seguridad, ya que el aparato de seguridad está impidiendo las acciones de los grupos que se han formado recientemente. Hay que mencionar también que un amplio sector de los comerciantes se beneficia de la ocupación, además de la violenta reacción de Israel ante las actividades populares de este tipo”, añadió.

Por otro lado, muchos destacados miembros de Fatah han expresado su resentimiento respecto a la lenta reacción de parte de los líderes ante los acontecimientos de Gaza.

Un miembro del Comité Central de Fatah, Abas Zaki, ha dicho: “Los dirigentes palestinos no han sido capaces de leer los puntos de inflexión y las amenazas. Algunos miembros de Fatah, y de la sociedad en general, han desbordado a los dirigentes con sus acciones y actividades, mientras que los líderes han tardado demasiado en reaccionar”.

En cuanto al boicot a los productos israelíes, también es rechazado por la AP si se impone por la fuerza, como hicieron, de hecho, algunos palestinos durante la intifada de 1987. Eso conduciría, igualmente, a la desorganización por parte de los diferentes grupos. Esto es cierto a pesar de que algunos supermercados y comercios estén boicoteando a los productos israelíes.

El cuarto tipo de actividad, que ha emergido recientemente, consiste en acciones individuales violentas, como el apuñalamiento de un guardia de seguridad israelí o el ataque a un autobús israelí por parte de un conductor palestino de una excavadora.

Estas actividades son de naturaleza personal o individual y son, también, rechazadas por la AP y la mayoría de los demás grupos. El líder de Hamas, Jalid Mishal, dijo en un discurso: “Nuestras víctimas son civiles, mientras que sus muertos son soldados y militares”. Esto podría ser interpretado como un consejo para centrarse en la confrontación con las fuerzas militares israelíes.

Un levantamiento ciudadano apropiado requiere la disposición de la gente y unas circunstancias adecuadas, así como la exclusión de toda acción militar.

Sin embargo, los compromisos de la AP a nivel económico, político y de seguridad siguen siendo el principal obstáculo para el desarrollo de un movimiento popular de esas características. Es evidente que la AP no va a alentar ni tolerar movimientos o protestas de masas. Así, pues, seguramente la agitación actual en Cisjordania acabará disipándose si se llega a un alto el fuego duradero en Gaza. En ese caso, los activistas deben empezar a pensar en nuevas estrategias para evitar el rechazo oficial a la resistencia popular. Las próximas elecciones —si se celebran— pueden ser una vía para expresar su descontento con los actuales líderes de la OLP.

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Ahmed Azem es director de Estudios Árabes y Palestinos de la Universidad de Birzeit.

Traducción: Javier Villate