El genocidio gradual de Israel en el gueto de Gaza

Ilan Pappe

Fuente: Israel’s incremental genocide in the Gaza ghetto, The Electronic Intifada, 13/07/2014

En Gaza, la implementación del sueño sionista toma la forma más inhumana. (Foto: Ezz Zanoun / APA images)

En un artículo de septiembre de 2006 para The Electronic Intifada, caractericé la política israelí hacia la Franja de Gaza como un genocidio gradual.

La actual ofensiva israelí contra Gaza pone de relieve, por desgracia, que esta política se mantiene. El término es importante porque sitúa adecuadamente la criminal acción de Israel, entonces y ahora, en un contexto histórico más amplio.

Hay que insistir en este contexto, pues la maquinaria propagandística de Israel intenta, una y otra vez, presentar sus políticas fuera de contexto y convertir el pretexto que ha encontrado en cada campaña de destrucción en la principal justificación para otra masacre indiscriminada en los campos de la muerte de Palestina.

El contexto

La estrategia sionista de presentar sus brutales políticas como una respuesta ad hoc a esta o aquella acción palestina es tan antigua como la presencia misma del sionismo en Palestina. Se ha utilizado repetidamente como una justificación para avanzar la concepción sionista de una Palestina futura con muy pocos palestinos nativos, o acaso sin ninguno.

Los medios para lograr este objetivo han cambiado en el curso de los años, pero la fórmula sigue siendo la misma: cualquiera que sea la concepción sionista del Estado judío, solo puede materializarse con muy pocos palestinos en él. Y hoy en día, la idea es la de un estado de Israel que se extendería sobre la práctica totalidad de la Palestina histórica, donde todavía viven millones de palestinos.

La actual oleada genocida tiene también, como todas las anteriores, un trasfondo más inmediato. Ha confirmado el intento de desbaratar la decisión palestina de formar un gobierno de unidad que ni siquiera ha sido criticado por Washington.

El colapso de la desesperado iniciativa de “paz” del secretario de estado norteamericano John Kerry legitimó el llamamiento palestino a las organizaciones internacionales para que detengan la ocupación. Al mismo tiempo, los palestinos consiguieron un amplio apoyo internacional al cauteloso intento que representaba el gobierno de unidad para buscar, una vez más, una política coordinada entre los diferentes grupos y planes de acción palestinos.

Desde junio de 1967, Israel ha buscado la forma de conservar los territorios que ocupó ese año sin incorporar a su población palestina indígena como ciudadanos con plenos derechos. Mientras tanto, ha participado en la farsa del “proceso de paz” con el fin de encubrir o ganar tiempo para sus políticas unilaterales de colonización sobre el terreno.

Con el paso del tiempo, Israel diferenció entre las áreas que deseaba controlar directamente y aquellas que quería controlar indirectamente, con el objetivo a largo plazo de reducir la población palestina a un mínimo mediante la limpieza étnica y el estrangulamiento económico y geográfico, entre otros medios.

La situación geopolítica de Cisjordania crea la impresión, al menos en Israel, de que es posible lograr esto sin que se produzca un tercer levantamiento o una excesiva condena internacional.

La Franja de Gaza, debido a su ubicación geopolítica única, no se presta tan fácilmente a esa estrategia. Así que, desde 1994 y, más claramente, desde que Ariel Sharon llegó al poder como primer ministro a comienzos de siglo, la alternativa fue convertir a Gaza en un gueto y esperar que, de alguna forma, la gente que vive allí (1,8 millones de personas en la actualidad) caiga en el olvido.

Pero el gueto resultó ser demasiado rebelde y no estar dispuesto a vivir en condiciones de estrangulamiento, aislamiento, hambre y hundimiento económico. Por tanto, para volver a sumirlos en el olvido, es necesario implementar políticas genocidas.

El pretexto

El 15 de mayo, las fuerzas israelíes mataron a dos jóvenes palestinos en la ciudad cisjordana de Beitunia. Un vídeo captó sendos asesinatos cometidos a sangre fría por un francotirador israelí. Sus nombres —Nadim Nouarah y Mohamed Abu Daher— fueron añadidos a la larga lista de asesinados en los últimos meses y años.

El asesinato de tres jóvenes israelíes, dos de ellos menores de edad, que habían sido secuestrados en Cisjordania en junio, fue quizá en represalia por la muerte de los dos palestinos. A pesar de todos los estragos cometidos por la opresiva ocupación israelí, el secuestro y muerte de los jóvenes colonos judíos proporcionó el pretexto para destruir la delicada unidad en Cisjordania, pero también para poner en práctica el viejo sueño de acabar con Hamas en Gaza y conseguir, así, que el gueto se calme de nuevo.

Desde 1994, antes incluso del ascenso de Hamas al poder en la Franja de Gaza, la peculiar situación geopolítica del enclave dejó claro que cualquier acción de castigo colectivo, tal como la actual, solo podría ser una operación de matanzas masivas y destrucción. Con otras palabras, un genocidio continuado.

Este reconocimiento no impidió que los generales dieran las órdenes de bombardear a la gente desde el aire, el mar y la tierra. La reducción del número de palestinos en Palestina sigue siendo el objetivo sionista. En Gaza, su aplicación toma su forma más inhumana.

El momento concreto de esta nueva oleada está determinado, como en las ocasiones anteriores, por consideraciones adicionales. El malestar social interno de 2011 sigue hirviendo a fuego lento y durante algún tiempo hubo una demanda pública para recortar los gastos militares y mover el dinero desde el inflado presupuesto de “defensa” hacia los servicios sociales. El ejército respondió diciendo que eso era suicida.

No hay nada como una operación militar para acallar las voces que piden recortes de los gastos militares.

Los rasgos típicos de los anteriores episodios de este genocidio gradual están también presentes en la actual ofensiva. Somos testigos del apoyo casi unánime de los judíos israelíes a la masacre de civiles en la Franja de Gaza, sin apenas una voz disidente de importancia. En Tel Aviv, los pocos que osaron manifestarse en contra de dicha masacre fueron apaleados por judíos fanáticos, mientras la policía se limitaba a observar.

El entorno académico, como siempre, ha sido parte de la maquinaria. Una prestigiosa universidad privada, el Centro Interdisciplinar Herzliya, ha establecido unos “cuarteles generales civiles”, donde estudiantes voluntarios intervienen como voceros de la campaña de propaganda en el extranjero.

Los medios de comunicación muestran su lealtad, ocultando las imágenes de la catástrofe humana que Israel ha causado e informando a sus lectores de que, en esta ocasión, “el mundo nos entiende y está con nosotros”.

Esta afirmación es válida hasta el punto de que las viejas elites políticas de Occidente siguen proporcionando la vieja inmunidad al “estado judío”. Sin embargo, los medios de comunicación no han ofrecido a Israel el grado de legitimidad que buscaba para sus políticas criminales.

Ha habido excepciones. Los medios franceses, sobre todo France 24, y la BBC han repetido vergonzosamente como loros la propaganda israelí.

Esto no es una sorpresa, ya que los grupos de presión pro-israelíes siguen trabajando incansablemente tanto en Francia como en el resto de Europa y, por supuesto, en Estados Unidos.

El camino a seguir

Quemar vivo a un joven palestino de Jerusalén, matar a sangre fría a otros dos en Beitunia solo por el gusto de hacerlo o masacrar a familias enteras en Gaza, todos estos con actos que solo pueden ser perpetrados si la víctima ha sido previamente despojada de su humanidad.

Debo admitir que en todo Oriente Medio están teniendo lugar en la actualidad casos horribles producidos por esa deshumanización, tal como está sucediendo ahora en Gaza. Pero existe una diferencia crucial entre esos casos y la brutalidad israelí: los primeros han sido condenados como actos bárbaros e inhumanos en todo el mundo, mientras que los cometidos por Israel son justificados y aprobados por el presidente de EEUU, los líderes de la Unión Europea y otros amigos de Israel en el mundo.

Para que la lucha contra el sionismo en Palestina sea recompensada por el éxito, esta debe basarse en la defensa de los derechos humanos y civiles, sin establecer diferencias entre las violaciones de unos y otros y, no obstante, identificando claramente a las víctimas y los victimarios.

Quienes cometen atrocidades en el mundo árabe en contra de las minorías oprimidas y las comunidades indefensas, así como los israelíes que han perpetrado estos crímenes contra el pueblo palestino, todos deben ser juzgados por las mismas normas morales y éticas. Todos son criminales de guerra, aunque en el caso de Palestina llevan muchos más años en activo que en los demás casos.

No importa realmente cuál sea la identidad religiosa de la gente que comete las atrocidades o en nombre de qué religión pretenden hablar. Se llamen a sí mismos yihadistas, judíos o sionistas, deben ser tratados de la misma manera.

Un mundo que no emplee un doble rasero en sus relaciones con Israel podría ser mucho más eficaz en su respuesta a los crímenes de guerra en otras partes del mundo.

El cese del genocidio gradual en Gaza y la restitución de los derechos humanos y civiles fundamentales de los palestinos, donde quiera que estén, incluyendo el derecho al retorno, es la única forma de abrir un nuevo panorama para una intervención internacional productiva en Oriente Medio en su conjunto.

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Ilan Pappe es profesor de historia y director del Centro Europeo de Estudios Palestinos en la Universidad de Exeter, y autor de numerosos libros sobre la historia de Palestina y de la ocupación israelí.

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)