La derecha israelí no reconoce el derecho a existir del estado palestino

Jonathan Weiler

Fuente: The Hateful Likud Charter Calls for Destruction of Any Palestinian State, Informed Comment, 4/08/2014

Prácticamente todos los comentarios que se hacen sobre Hamas en los medios de comunicación de EEUU incluyen la afirmación de que los estatutos de la organización rechazan el derecho de Israel a existir. Así, pues, merece la pena señalar lo que dice la Plataforma del Likud de 1999:

a) El río Jordán será la frontera oriental permanente del Estado de Israel.
b) Jerusalén es la capital eterna e indivisa del estado de Israel y solo de Israel. El gobierno rechazará abiertamente las propuestas palestinas para dividir Jerusalén.
c) El gobierno de Israel rechaza abiertamente el establecimiento de un estado árabe palestino al oeste del río Jordán.
d) Las comunidades judías de Judea, Samaria y Gaza son la realización de los valores sionistas. Los asentamientos son una clara expresión del derecho inalienable del pueblo judío a la Tierra de Israel y constituye un importante activo en la defensa de los intereses vitales del Estado de Israel. El Likud seguirá fortaleciendo y desarrollando estas comunidades y se opondrá a su eliminación.

Ha habido algunos cambios en la plataforma recientemente para reflejar la retirada de Israel de los asentamientos de Gaza en 2005. Pero el Likud nunca ha aceptado en sus declaraciones de principios un estado palestino. Su socio de gobierno, Yisrael Beitenu, ha rechazado categóricamente la posibilidad de un estado palestino independiente, insistiendo en que la idea no es más que una estratagema para facilitar la destrucción de Israel.

Los estatutos de Hamas son algo más que el rechazo de Israel como entidad política soberana. Es un documento infame que se hace eco de algunos de los peores tópicos antisemitas de la era moderna. Pero en la cuestión central del reconocimiento mutuo, resulta imposible ignorar la simetría existente entre el Likud —el partido del primer ministro Benjamín Netanyahu— y Hamas.

Algunos defensores de Israel se indignan ante la mención de estas realidades y las descalifican como espúreas y calumniosas, alegando que la plataforma del Likud citada antes es una “vieja” declaración de principios que no refleja la política del partido en el poder. Pero, según esa lógica, los estatutos de Hamas, escritos hace más de 25 años, no son el único documento fundamental de esa organización y, de hecho, declaraciones y actuaciones mucho más recientes de sus líderes han expresado, al menos de algunas ocasiones, una voluntad expresa de buscar un acuerdo a largo plazo con Israel. Además, Hamas acaba de acordar su integración en la Autoridad Palestina (AP) y en un gobierno de unidad que aceptan todos los acuerdos previos de la AP con Israel.

Muchas posturas políticas en EEUU sobre Israel/Palestina se basan en la premisa de que los palestinos no tienen más interés que destruir Israel y echar a los judíos al mar. Por consiguiente, dicen, el bienintencionado Israel no tiene ningún socio viable para la paz. Los hechos no encajan en este simplista cuento del bueno y el malo. Los israelíes de “línea dura” que están en el poder han rechazado reiteradamente las bases para un estado palestino viable. Las declaraciones del primer ministro Netanyahu en 2009 en apoyo a una solución de dos estados —que sus defensores estadounidenses invocan una y otra vez para demostrar su “moderación” y buena fe— fueron caracterizadas por un miembro de su propio gabinete como un “cambio de rumbo en nuestras vidas”. De hecho, los líderes del Likud han dicho inequívocamente que no es posible ningún acuerdo basado en dos estados. Hace apenas tres semanas, Netanyahu dijo lo siguiente en una conferencia de prensa:

Creo que el pueblo israelí entiende ahora lo que siempre digo: que no puede darse una situación en la que, en virtud de un acuerdo, abandonemos el control de nuestra seguridad en el territorio situado al oeste del río Jordán.

Como escribió David Horowitz en The Times of Israel:

No dijo que no apoyaba una solución de dos estados. Dijo que eso es imposible. Eso no representaba ningún cambio radical de la postura del primer ministro. Era una exposición nueva y llamativa de su postura de siempre.

En otras palabras, no habrá estado palestino independiente. Punto. Jamás.

A los líderes árabes se les acusa constantemente de hacer una serie de declaraciones (conciliadoras) ante algunas audiencias en inglés, mientras revelan sus (verdaderos) sentimientos de rechazo ante otros en árabe. En la medida en que esto fuera cierto, uno podría decir ciertamente lo mismo de Netanyahu: declaraciones relativamente conciliadoras y aparentemente razonables para las audiencias internacionales; una retórica completamente diferente para el consumo interno. Bibi es, después de todo, un maestro —como muchos políticos— en el arte de decir una cosa y la contraria al mismo tiempo.

Puesto que Palestina no existe como estado independiente reconocido, los partidarios israelíes del rechazo no necesitan llamar a la “destrucción” de Palestina. Pero las declaraciones consistentes de los líderes israelíes —así como el lenguaje directo de los programas de los partidos— en contra de dicho estado palestino no son sustantivamente diferentes del rechazo al estado de Israel expresado en los estatutos de Hamas.

Los comienzos de una apreciación más justa y equilibrada del conflicto deberían empezar por ese reconocimiento.

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Jonathan Weiler es director de Estudios de Licenciatura en Estudios Globales de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. Su primer libro, Human Rights in Russia, fue publicado por Lynne Rienner Publishers en 2004. Su segundo libro, Authoritarianism and Polarization in American Politics, escrito conjuntamente con Marc Hetherington, fue publicado por Cambridge University Press en agosto de 2009.

Traducción: Javier Villate