‘Disparar artillería en Gaza es como la ruleta rusa’

Idan Barir

Fuente: IDF soldier: Artillery fire in Gaza is like Russian roulette, +972 Magazine, 8/08/2014

Un tanque dispara un proyectil de artillería hacia la Franja de Gaza desde su posición, cerca de la frontera israelí, el 24 de julio de 2014. (Foto: Yotam Ronen / Activestills.org)

En la vorágine de informaciones terribles sobre la operación Margen Protector, dos hechos especialmente dolorosos atrajeron mi atención: el bombardeo de una escuela de la UNRWA [la agencia de la ONU para los refugiados palestinos] en Yabaliya, que se había habilitado como refugio para familias que habían huido de sus casas debido a los bombardeos, y que causó la muerte de al menos 20 personas y gran cantidad de heridos. El otro hecho fue el bombardeo de un mercado atestado de personas en Shiyaiya, que mató a 17 personas e hirió a unas 160.

En respuesta a la feroz crítica dirigida a Israel tras el bombardeo de la escuela, los portavoces israelíes dijeron, como es habitual, que el ataque iba dirigido a un área desde donde les estaban disparando a las fuerzas hebreas. Ante las informaciones que hablan de que centenares de víctimas mortales en Gaza son civiles inocentes, Israel argumenta repetidamente que está haciendo todo lo posible para evitar dañar a civiles inocentes.

Durante mi servicio militar en el ejército de Israel serví en el cuerpo de artillería y aprendí un par de cosas sobre el uso de los proyectiles. A partir de los testimonios que he leído y oído de los bombardeos de la escuela y del mercado, no sé si se utilizaron morteros o proyectiles de artillería, pero gracias a las fotos y las informaciones publicadas por el ejército, queda claro que hubo un uso masivo de la artillería. Los disparos de artillería son probabilísticos. Es lo contrario del disparo preciso de un francotirador. El poder del francotirador reside en la precisión que le proporciona su arma, mientras que el poder de la artillería que se está utilizando en Gaza consiste en el alcance y la capacidad de causar daño.

Como alguien que ha sido soldado de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), me siento obligado a explicar lo que hay detrás de los números que oímos sobre la operación militar en Gaza. Un proyectil estándar de alto poder explosivo pesa alrededor de 40 kilos y no es nada más que una enorme granada de fragmentación, cuya finalidad es matar a todo el que se encuentre en un radio de 50 metros y herir a las personas que están en un radio adicional de cien metros. Es imposible dirigir los proyectiles de una forma precisa y no están diseñados para golpear blancos específicos. Diferentes factores, como la humedad del aire, la cantidad de calor del cilindro y la dirección del viento pueden determinar que el proyectil caiga a 30 o incluso a 100 metros del punto al que se dirigió. Por esta razón, una batería de artillería dispara una andanada de proyectiles en una dirección determinada, sabiendo que las probabilidades estadísticas están ahí y que, debido a la dispersión y la cantidad del daño causado por muchos proyectiles, el objetivo será sin duda golpeado.

No hay forma de saber quién ha sido golpeado

Como resultado de la inexactitud de este armamento, los rangos de seguridad utilizados durante la guerra nos obligan a apuntar al menos a 250 metros de distancia desde nuestras posiciones, mientras estamos a cubierto. En 2006, cuando las FDI dispararon por primera vez proyectiles de artillería en Gaza, me sorprendió que se empleara este armamento tan impreciso en una zona tan densamente poblada.

En ese momento, las directrices de fuego se cambiaron y la distancia de seguridad hasta las casas palestinas se redujo desde los 300 hasta los 100 metros. Poco después, un proyectil cayó sobre una casa de la familia Gaben, en Beit Lahiya, matando a Hadil, de nueve años, e hiriendo a 12 miembros de la familia. Tras este y otros incidentes relacionados con el fuego de artillería, organizaciones de derechos humanos apelaron a la Corte Suprema de Israel para detener esta práctica mortífera. En respuesta, Israel declaró que ya no se utilizaría más fuego de artillería en la Franja de Gaza.

Solo tres años después, en la operación Plomo Fundido, se volvió a utilizar fuego de artillería, incluso en mayor medida que antes. Hoy, desde el lanzamiento de la operación Margen Protector, el ejército israelí ya ha disparado miles de proyectiles de artillería en diferentes partes de la Franja de Gaza. Los proyectiles han causado daños insoportables para la vida humana y una enorme destrucción de infraestructuras, cuya verdadera dimensión solo se sabrá cuando terminen los combates.

Los efectos del bombardeo israelí contra una escuela de la UNRWA en Yabaliya, Franja de Gaza, donde se encontraban refugiados 3.300 palestinos, el 30 de julio de 2014. Al menos 20 personas murieron en el ataque y más de 100 resultaron heridas. (Foto: Basel Yazouri / Activestills.org)

En algunos casos, en esta nueva campaña militar, las FDI notificaron a la población civil que iban a atacar un área determinada y aconsejaba a la gente que evacuara la zona. Estas advertencias y los bombardeos de barrios densamente poblados ha supuesto el desplazamiento de una tercera parte de la población de Gaza en las últimas semanas. Las familias que sufrieron el ataque contra la escuela de la UNRWA de Yabaliya son un ejemplo de esto.

Escribo esto con gran tristeza. Una gran tristeza por los civiles que fueron heridos en ambos lados, gran tristeza por nuestros soldados que murieron en la operación y tristeza por el futuro de mi país y de toda la región. Sé que ahora mismo soldados como yo están disparando proyectiles en Gaza y que no hay forma de saber a quién o a qué han afectado. Las estadísticas en las que se basan este tipo de ataques mantienen que, en un área densamente poblada, civiles inocentes resultarán dañados. Como soldado y como ciudadano israelí, me siento obligado a preguntar: ¿no hemos cruzado la línea?

Hoy, cuando el número de víctimas mortales palestinas ha superado los 1.800 hombres, mujeres y niños —la mayoría de los cuales son civiles inocentes—, es el momento de decir, lisa y llanamente, que el uso de un armamento probabilístico es como el juego de la ruleta rusa. Quienes emplean armamento de artillería en Gaza no pueden decir, honestamente, que están haciendo todo lo posible para evitar dañar a los civiles inocentes.

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Idan Barir sirvió en el cuerpo de artillería de las Fuerzas de Defensa de Israel durante la segunda intifada. Hoy está preparando su tesis doctoral en Historia y es un activista de la asociación Rompiendo el Silencio.

Traducción: Javier Villate