La epifanía de Gaza de Mahmud Abas

David Hearst

Fuente: Mahmoud Abbas’ Epiphany Over Gaza, The World Post, 25/07/2014

Mahmud Abas está teniendo una especie de epifanía. Hace apenas dos meses, el presidente palestino dijo que la cooperación con Israel en materia de seguridad en Cisjordania era algo “sagrado”. Ahora, Abas cita un versículo del Corán que dice: “Se ha dado permiso [para luchar] a aquellos que están siendo atacados, porque fueron tratados injustamente. Y, en efecto, Dios es competente para darles la victoria”.

¿Qué le ha pasado desde que, poco después del secuestro y asesinato de los tres jóvenes colonos, dijera en un discurso pronunciado en Yedah: “La coordinación con los israelíes en materia de seguridad es por nuestro propio interés, para proteger a nuestra propia gente”? ¿Qué ha pasado en la OLP, que emitió un comunicado después de una reunión de emergencia en Ramala, presidida por Abas, en el que se elogiaba “la actitud resuelta del pueblo palestino y de las fuerzas de la resistencia que están luchando heroicamente contra el ejército ocupante, que está cometiendo crímenes y masacrando a nuestros compatriotas”?

¿Qué milagrosa conversión ha tenido Saeb Erekat, el jefe del equipo negociador palestino? Ahora dice que todo palestino es un objetivo de Israel. ¿Es este el mismo Erekat que, según los “Papeles palestinos”, hizo a su contraparte israelí Tzipi Livni la “mayor oferta” de la historia sobre Jerusalén?

Están sucediendo cosas extrañas en esa parte de Cisjordania, que Erekat no ha legado a Israel como otro hecho consumado. Se vieron banderas de Hamas en la marcha que unas 30.000 personas realizaron para converger en el puesto de control de Kalandia el jueves por la noche. Los altavoces de la mezquita llamaron a los palestinos a participar en la manifestación. La policía antidisturbios de la Autoridad Palestina (AP) parecía menos dispuesta a colocarse entre los manifestantes, por un lado, y la policía israelí y la guardia fronteriza, por otro.

El mismo Abas ha recibido un torrente de insultos en Internet procedentes de las filas de su propio electorado desde su discurso de Yedah. Amira Hass citó en Haaretz a un miembro de Fatah, actual residente de un campo de refugiados y expreso, que decía que solo el 10 por ciento de los palestinos apoyan en la actualidad al provecto presidente. Ha habido informaciones de que su esposa y nietos han huido de Ramala para dirigirse a Amán.

Lo que está pasando con Abas es un terremoto político. El veterano luchador de la OLP puede haber urdido la nueva línea pro-Hamas de Ramala como un intento de fortalecer su imagen como negociador. Esto es un espacio difícil para que sea ocupado por Abas. Su socio árabe más cercano, el presidente egipcio Abdel Fatah al Sisi, se está comportando incluso peor que Netanyahu; no solo por retener en el lado egipcio de la frontera la ayuda humanitaria destinada a Gaza, sino también por instar al primer ministro israelí para que acabe con Hamas de una vez por todas. Sin las voces de Sisi y del rey Abdulá en sus oídos día tras día, es dudoso que Netanyahu hubiera actuado de forma tan contundente en Gaza. Sisi es el guardián de la prisión que mantiene la puerta cerrada cuando los invitados israelíes golpean a los reclusos. Como presidente o como negociador, las acciones de Abas están cayendo en picado cada día que pasa.

Cuando el número de muertos en Gaza galopa hacia la marca de cuatro cifras, pocos se han parado a pensar en los efectos que tendrá la operación sobre el acuerdo de unidad que la campaña militar está intentando aplastar.

Cuando se firmó el acuerdo de unidad, Azam al Ahmed, miembro del Comité Central de Fatah, susurró que “Hamas se ha quitado toda la ropa”, dando a entender que la organización islamista había renunciado a demasiadas cosas, entre ellas a toda la autoridad en Gaza. Inicialmente, se creyó que Jaled Mishal había pagado un precio demasiado alto. El acuerdo era impopular en su propia organización (sobre todo en Cisjordania) y ese descontento aumentó cuando Abas se negó a pagar los sueldos de los 50.000 empleados del gobierno en Gaza que seguían siendo fieles a Hamas.

Parecía que Hamas era la que había salido peor parada en el acuerdo de unidad, que había sido traicionada una vez más por la falta de moral de Abas. Hoy, las posiciones se han invertido por dos razones.

El gobierno de unidad rompió la barrera psicológica existente entre Hamas y la OLP y presentó una imagen fugaz de una nación unida. La guerra total que el ejército israelí ha declarado en Gaza no ha hecho más que consolidar esa unidad. Si la desunión hubiera sido una de las razones que han impedido una tercera intifada, ese obstáculo ya ha desaparecido. No obstante, puede que no se materialice, pero después de los acontecimientos de esta semana en Cisjordania, nadie puede descartarla tan perentoriamente como lo hicieron antes. Ahora es una posibilidad real.

Con la actual unidad, ¿quién gana más? En la guerra, Hamas gana más, debido a su respuesta frente a la operación israelí. En la paz, Abas y la OLP tal vez tendrían que dejar paso a un nuevo líder capaz de representar a todos los grupos.

Abas puede hacer una serie de maniobras, como seguir adelante con su adhesión a las diferentes instituciones de la ONU y llevar a Israel ante la Corte Penal Internacional. Pero el margen de error es cada vez más estrecho. Cuando llegue el alto el fuego, Hamas ya no estará desnudo. Estará vestido de arriba abajo con el uniforme militar, tal como Abas estuvo una vez.


David Hearst es editor de Middle East Eye y ha escrito en The Guardian. Tiene cuenta en Twitter: www.twitter.com/davidahearst

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)