‘No puedo creer que haya sobrevivido’

Mohamed Suleiman

Fuente: In Gaza’s al-Shujayeh: ‘I just survived a massacre’, Al Akhbar, 22/07/2014

Una mujer de Al Chuyahia abraza a su hija en una escuela de la UNRWA, donde ella y otros han buscado refugio huyendo del intenso bombardeo israelí el 21 de julio de 2014. (Foto: AFP / Marco Longari)

“¡Una masacre, una masacre!” fueron las palabras que mi hermano, que trabaja como médico en el hospital Al Chifa de Gaza, dijo cuando me gritaba por teléfono pidiéndome que fuera inmediatamente al principal hospital de Gaza. “Ven para ser testigo de la masacre”, dijo.

Cuando me disponía a ir al hospital, llamaron a mi puerta. Eran tres jóvenes harapientos, aparentemente con las ropas quemadas. Me preguntaron si sabía que hubiera algunos pisos para alquilar en la zona. Eran supervivientes de la masacre, que sigue adelante. “Acabamos de huir de Chuyahia, es una masacre”, me dijeron antes de irse.

De camino a Al Chifa, vi decenas de personas vagando por las calles, algunas descalzas, otras llorando. Habían huido de la “zona de la muerte”. Los aviones no tripulados seguían sobrevolando el área, los barcos de guerra lanzaban bombas de vez en cuando y loso aviones de combate israelíes rugían de forma amenazante. Pero, de alguna forma, todos parecían tranquilos.

Pronto llegué a Al Chifa. Estupefacto, me abrí paso entre la multitud de personas que ya se habían reunido allí en busca de refugio, con sus familias e hijos. Algunos yacían en el suelo y otros lamentaban la muerte de sus hijos y familiares. Otros se agolpaban ante la morgue, buscando a sus familiares perdidos. Eran supervivientes de la masacre de Al Chuyahia.

“Estábamos sentados en casa [tras haber roto el ayuno] cuando, de repente, empezaron a llover proyectiles sobre nosotros”, dijo Fátima Al Dib, de 42 años, a Al Akhbar. Fátima y su familia se escondieron debajo de las escaleras y se quedaron allí durante casi diez horas, sin poder moverse, mientras los morteros israelíes caían en los alrededores de su casa.

“Afuera había un fuego abrasador”, recordaba Fátima, madre de dos chicos y tres chicas. “Mi hija estaba herida, así que nos la llevamos y la escondimos debajo de las escaleras. Allí permanecimos toda la noche, desde las ocho y media de la noche hasta las seis de la mañana, mientras oíamos sin parar los disparos de la artillería israelí hacia donde nos encontrábamos”, nos dijo entre lágrimas y con su hija en brazos.

Sobrevivir a una masacre

Cuando salió de su escondite, Fátima vio casas reducidas a escombros, vidrios rotos, cadáveres esparcidos por las aceras, algunos desfigurados y otros destrozados. “Supongo que estarían intentando huir cuando les mataron… Cuando llegué a Al Chifa, me di cuenta de que había sobrevivido a una masacre”, comentó Fátima.

El 19 de julio, las fuerzas israelíes perpetraron una brutal masacre contra los residentes del área de Al Chuyahia, barrio situado en el este de la ciudad de Gaza. Cuando llegó la noche, la artillería israelí intensificó sus bomardeos, que duraron toda la noche. Las ambulancias y las unidades de defensa civil no pudieron entrar en la zona para evacuar a los muertos y heridos. Las casas fueron destruidas con sus habitantes atrapados en el interior; otras, ardieron durante toda la noche. Los cadáveres quedaron sepultados bajo los escombros y los heridos murieron desangrados. Los niños gritaban pidiendo socorro. Más de 70 han muerto y más de 250 han resultado heridos, siendo la gran mayoría civiles. Más de la mitad son mujeres y niños.

Abu Mohamed al Helo y su familia fueron algunos de los supervivientes. Abu Mohamed llegó a Al Chifa y empezó a buscar frenéticamente a su hermano Yihad y a su familia. Los vecinos le dijeron que la casa de Yihad había sido bombardeada, pero que él estaba vivo. “Mi hermano y su familia están atrapados entre los escombros”, nos dijo. “Los vecinos dicen que escucharon sus gritos de socorro cuando escaparon del lugar, pero que no pudieron rescatarles debido a los bombardeos”. Con lágrimas en sus ojos, se alejó en busca de ayuda.

Mientras estuve en la morgue para hablar con algunos familiares de las víctimas, vinieron muy pocas personas para ver los cadáveres e identificar a sus parientes. No estaba claro quién había muerto y quiénes seguían vivos. Algunos estaban completamente desfigurados y era imposible identificarlos. La mayoría de las familias seguían atrapadas en Al Chuyahia o, simplemente, no eran conscientes de que algunos familiares suyos habían muerto. Esperaban verlos en las escuelas de la UNRWA donde ellos habían buscado refugio.

El Comité Internacional de la Cruz Roja ha sido criticado por no haber intervenido y rescatado a los heridos y evacuado a los residentes de Al Chuyahia, cuyas llamadas de socorro quedaron sin respuesta.

Ahmed Yindiya perdió a su hermano Mohamed después de que un misil cayera en su casa. Llamó a la Cruz Roja, donde le dijeron que irían a rescatarle, pero no fueron. “Estábamos en casa cuando la casa de nuestro vecino fue bombardeada. Intentamos escapar, pero acto seguido bombardearon nuestra casa”, dijo Ahmed a Al Akhbar.

“Las bombas caían a nuestro alrededor, abracé a mis hijos y traté de tranquilizarlos. Pero las bombas caían cada vez más cerca, así que nos tapamos las cabezas con almohadas y un colchón. Luego, un misil destruyó nuestra casa. Mohamed [hermano de Ahmed] murió y otros resultaron heridos”.

Cuando, por fin, llegó una ambulancia y los heridos fueron trasladados, Ahmed y sus cinco hijos y tres hijas huyeron en medio de la noche. Según Ahmed, una familia, compuesta de mujeres y niños, corría delante de ellos cuando un misil los mató.

“Decidimos escondernos caminando por las aceras, junto a las paredes”, cuenta Ahmed, explicando cómo él y su familia escapó por los pelos de la muerte mientras los morteros caían cerca de ellos. “Mis hijos lloraban y corrimos tan rápido como pudimos hasta que llegamos a la plaza de Al Chuyahia, donde una ambulancia nos recogió”.

Cuando llegaron al hospital de Al Chifa, Ahmed se reunió con el resto de su familia. Vio a su hermano muerto durante un instante, mientras apilaban los cadáveres uno encima del otro a medida que llegaban otras ambulancias.

Hamada al Gafir, de 39 años, dijo que el hecho de que él y su familia siguieran vivos era un “milagro”. Cuando comenzó el bombardeo, él y su familia se escondieron debajo de las escaleras, mientras caían sobre ellos cristales rotos. “Recé para morir antes que mis hijos y no vivir para verlos destrozados y quemados ante mis ojos”, dijo Hamad.

“Estaban decididos a borrar Al Chuyahia del mapa. No puedo creer que hayamos sobrevivido a esta masacre. Es un milagro, un volver a nacer”.

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Mohamed Suleiman está en Twitter: @imPalestine

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)