Operación ‘Margen Protector’: ¿Por qué ahora?

Fadi Elhusseini

Fuente: Israel’s Operation Protective Edge: Why now?

Otra operación militar israelí en la Franja de Gaza. No es la primera y no será la última si la ecuación política en la región no cambia. Con las anteriores ofensivas lanzadas por Israel contra Gaza, se declararon varios objetivos militares. Esta vez, la operación “Margen Protector” se produce en un contexto diferente, con nuevos factores domésticos, regionales e internacionales en juego. Estas condiciones son, en general, más prosaicas y complejas y han sido elementos fundamentales a la hora de determinar los objetivos de Israel con esta operación, como parte de una estrategia más amplia que va más allá de la guerra misma.

Un cambio claro en el mapa de la política mundial ha puesto de relieve un papel creciente de Rusia. Con la postura de Moscú sobre la crisis siria y el claro desconcierto de EEUU y la Unión Europea (UE) hacia Ucrania y Crimea, el peso político de Rusia no puede ser pasado por alto más tiempo. El desvanecimiento de la influencia de EEUU es ya un hecho.

China ha revisado su posición y su papel en Oriente Medio y ha optado por mantener las distancias, protegiendo sus intereses pero con voz baja. Esto ha sido considerado como la mejor opción con el fin de detener su caída en popularidad en la región, debido a su apoyo al régimen sirio.

A nivel regional, esta guerra israelí se produce en un momento en que los acontecimientos de la Primavera Árabe siguen sorprendiendo a todos los observadores. La caída de los Hermanos Musulmanes, por la fuerza en Egipto y voluntariamente en Túnez; la escalada de la crisis en Siria, y el caos sin precedentes en Irak, Yemen y Libia son ejemplos de ello. Por otra parte, Irán está logrando calmar la presión internacional y ha conseguido reavivar y preservar la vía diplomática para resolver el conflicto nuclear.

En Israel, una volátil coalición de gobierno se ha enfrentado a críticas crecientes en el ámbito interno. Varios problemas domésticos y económicos han llevado a muchos intelectuales y políticos israelíes a pedir repetidamente la disolución del actual gobierno. En Palestina, la agresión contra la Franja de Gaza se produce poco después de la esperada reconciliación entre Hamas y Fatah, un nuevo estancamiento de las negociaciones con los palestinos (Israel ha sido responsabilizado por dicho estancamiento) y una ola de violencia en Cisjordania, que comenzó con el asesinato de tres colonos israelíes y fue seguido con el asesinato de un joven palestino a sangre fría.

Israel había pedido de forma persistente a la Autoridad Palestina (AP) que eligiera entre la reconciliación con Hamas y la paz. Por esta razón, Israel no ha podido ocultar su irritación ante la reconciliación palestina y la creación del nuevo gobierno de unidad, llegando a amenazar a la moderada AP con graves consecuencias. En respuesta, sus aliados más cercanos pidieron a Israel que pusiera a prueba al nuevo gobierno palestino y le diera una oportunidad.

A la luz del notable declive de la popularidad internacional de Israel, su frustración se expresó en la condena del gobierno de EEUU por su falta de voluntad para trabajar con el nuevo gobierno palestino. Es extraño ver a los líderes israelíes acusar a la AP por aislar a Israel a nivel internacional.

En este sentido, hay que reconocer que los dirigentes palestinos han sabido tender puentes con los pueblos y los gobiernos de todo el mundo. La comunidad internacional se ha acercado más a la narrativa palestina sobre la paz y las campañas internacionales de boicot a las instituciones y productos israelíes han incrementado su influencia en las sociedades civiles, las universidades y los gobiernos.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, el gobierno israelí tenía que encontrar una salida a su crisis interna y a sus dilemas internacionales. La cohesión interna obliga a menudo a los gobiernos a encontrar un coco exterior. Estados Unidos ha jugado esta carta al menos desde el inicio de la Guerra Fría y no es, en absoluto, una estrategia novedosa. Buscar, pues, una crisis externa parece haber sido la conclusión, pero, ¿qué crisis, con quién y dónde, especialmente en esta coyuntura crítica para Oriente Medio?

Los políticos israelíes tenían varias opciones. Existe en Israel un extendido sentimiento anti-iraní, por ejemplo, y un considerable apoyo popular a un ataque militar contra las instalaciones nucleares de Teherán, aunque las encuestas muestran que los israelíes no son muy propensos a atacar a Irán por su cuenta.

¿Qué tenemos en el frente norte? Hizbulá puede hacer que los dirigentes israelíes pasen noches en vela, pues son muy conscientes de las capacidades estratégicas, logísticas y militares de la milicia libanesa. Además, el gobierno israelí sabe que la implicación de Hizbulá en Siria y sus pérdidas no han debilitado demasiado al movimiento. Esto hace que sea improbable una acción militar israelí en su frontera septentrional.

Solo quedan los palestinos. Hay quienes dicen que Israel “fabricó” el asesinato de los tres colonos ocultando el “hecho” de que, en realidad, murieron en un accidente de coche y que el “secuestro y asesinato” de los mismos es algo inventado. Sea cierto o no, es irrelevante. Lo cierto es que Israel tenía ganas de iniciar una pelea con los palestinos. Los planificadores militares y políticos sabían que un derramamiento de sangre palestina, por muy grande que fuera, no provocaría la condena internacional ni pérdidas importantes. Ni siquiera atraería mucha atención de los medios de comunicación, dado el actual caos regional e internacional.

Por consiguiente, Israel culpó a Hamas de la muerte de los colonos, algo que la organización islamista ha negado tajantemente. Sin embargo, antes de que el gobierno pudiera beneficiarse de estas muertes, varios colonos judíos secuestraron y quemaron vivo a un adolescente palestino.

El siguiente paso fue trasladar la batalla a la Franja de Gaza, con la intención de que Hamas se viera envuelta en una confrontación y poner al movimiento de rodillas. Los ataques israelíes contra el enclave sitiado siguieron una secuencia concreta. Primero se atacaron las áreas menos pobladas y, luego, se produjo un desplazamiento gradual hasta los ataques actuales, que se producen en cualquier lugar y en todas partes. Lo hicieron así con el fin de empujar a Hamas y a los otros grupos de la resistencia a llevar a cabo sus represalias mediante el lanzamiento de cohetes a Israel.

Conscientes de la limitada eficacia de los cohetes palestinos y, por tanto, de su igualmente limitada amenaza, el gobierno israelí consiguió, a pesar de algunas críticas, unir a sus ciudadanos en contra de la percibida amenaza procedente de la Franja de Gaza y, así, distraer la atención de los problemas domésticos y de las crisis internacionales. Imágenes de israelíes en refugios antiaéreos se distribuyeron por todo el mundo. Los palestinos, por supuesto, no tienen este tipo de refugios donde protegerse de las bombas y los misiles israelíes.

Los beneficios obtenidos por Israel no se limitan al ámbito doméstico. Con cada cohete disparado desde Gaza, el gobierno se acerca a sus otros objetivos. Aunque muchos miembros de la comunidad internacional habían empezado a aceptar la posición palestina y a condenar la violencia desproporcionada de Israel, los cohetes disparados desde Gaza los ha devuelto al bando pro-israelí. Con los mismos de siempre de Washington, Londres y París al frente, se nos dice que Israel tiene derecho a la “autodefensa”, independientemente del uso excesivo de la fuerza que haga y de la horrible cifra de muertos entre los palestinos.

Por si fuera poco, la operación Margen Protector ha asestado un duro golpe al gobierno de unidad palestino. Todos los planes para poner en marcha el acuerdo de reconciliación y para preparar las elecciones nacionales han sido dejados de lado. Israel ha conseguido que cambien las prioridades. Además, Israel contaba, como siempre ha hecho, con que los palestinos adoptarían posturas contradictorias sobre la manera de hacer frente a la agresión, levantando otro obstáculo a la reconciliación.

Los únicos objetivos militares que la ofensiva de Israel puede esperar alcanzar son dañar las capacidades de los grupos de la resistencia palestina, que se supone que tienen una cantidad limitada de armas, destruir los túneles entre Gaza y Egipto y seguir con el bloqueo.

Está escrito que los israelíes aceptarán un alto el fuego incondicional. El rechazo por parte de Hamas de la iniciativa egipcia de alto el fuego fue algo inesperado, lo cual coloca al gobierno israelí en una posición de tener que considerar una operación terrestre no planificada. Cuanto más tiempo dure la operación y más pérdidas sufra Israel, más probable será que busque nuevas condiciones adicionales al acuerdo de alto el fuego de 2012 que sean aceptables por sus ciudadanos.

Mientras tanto, Hamas y los grupos de la resistencia palestina no aceptarán que la Franja de Gaza siga languideciendo por más tiempo. Es improbable que acepten otra vez los términos de la tregua de 2012. Encontrar una salida al mundo, más allá de sus fronteras, se ha convertido en una condición sine qua non. Esta salida podría ser la frontera de Rafá, un puerto marítimo o incluso un aeropuerto. Es evidente que ni Hamas ni los gazatíes, descontentos y cansados, aceptarán un retorno al detestado status quo.