Ya es hora de imaginar un futuro sin la Autoridad Palestina

Samer Badawi

Fuente: It’s time to imagine a future without the Palestinian Authority, +972 Magazine, 22/06/2014

Unos palestinos escuchan el discurso que el presidente de la Autoridad Palestina Mahmud Abas pronunció ante la ONU en 2012. (Foto: Yotam Ronen / Activestills.org)

Israel quiere hacernos creer que todo comenzó con una misión para encontrar a los tres judíos desaparecidos. Pero una semana después, la “misión” parece más bien una operación destinada a romper toda apariencia de normalidad para los más de cuatro millones de palestinos que permanecen sometidos por la ocupación militar en Cisjordania y Gaza. Indefensos y sin estado, la población civil palestina ha sufrido una violenta ofensiva militar sin parangón desde la segunda intifada. Sin presentar una sola prueba de que los jóvenes israelíes están en mano de palestinos —o, para el caso, que han sido realmente secuestrados—, el primer ministro israelí ha prometido no cejar en su “empeño por desmantelar” el gobierno palestino.

¿Qué le puede detener? He aquí una idea, cortesía de un observador especialmente sagaz de los medios sociales: tal vez los palestinos deberían secuestrar a Mahmud Abas. Seguramente, los israelíes accederían a cualquier cosa para liberarlo.

La idea no es tan descabellada, no después de que hayan aparecido fotos de soldados israelíes haciendo guardia ante una comisaría de la policía de la Autoridad Palestina (AP) en Ramala. ¿Por qué estaban allí? Al parecer, los israelíes habían ido a repeler las protestas contra Abas y sus intentos de sofocar el malestar palestino por la ofensiva militar israelí en Cisjordania, que ya dura una semana.

¿De verdad se puede sorprender alguien de esto? Con cinco palestinos muertos hasta el momento y centenares más detenidos, que han de sumarse a los más de 5.000 presos políticos en las cárceles israelíes, la respuesta de Abas hasta ahora ha incluido la represión violenta de una manifestación protagonizada por las madres y esposas de los presos palestinos en huelga de hambre, un episodio vergonzoso que también supuso la agresión contra un equipo de la CNN que estaba cubriendo el evento. Más allá de eso, Abas pidió delicadamente a Netanyahu que se disculpara por las muertes de palestinos de esta semana, una solicitud que el primer ministro israelí desestimó rápidamente, achacando esas muertes a “un cierto nivel de fricción con la población civil de Judea y Samaria”.

Sí, fricción. Y, al parecer, con esta fricción se ha encendido una chispa en el edificio de la AP, construido con cerillas. Hoy ha habido informaciones sobre protestas organizadas por jóvenes palestinos que portaban carteles con imágenes de soldados israelíes y el rostro de Abas superpuesto. A diferencia de pasadas expresiones de descontento con Abas, estas no han suscitado, al menos todavía, ninguna contraprotesta de militantes de Fatah ni acusaciones de que Hamas, o cualquier otro partido palestino, estuviera fomentando los disturbios. No, estos fueron expresión del malestar creciente de la calle palestina, con un mensaje claro: el amigo de nuestro enemigo es, también, nuestro enemigo.

Palestinos se manifiestan ante la Mukata, sede de la Autoridad Palestina (AP), para protestar por los arrestos realizados por las fuerzas de la AP. Ramala, 2 de octubre de 2012. También hubo llamamientos a la dimisión de Mahmud Abas y contra los acuerdos de Oslo. (Foto: Anne Paq / Activestills.org)

Si estas protestas indican algo, es que Abas parece estar condenado sin remisión. La noche pasada no fue la primera vez que los palestinos estuvieron en el punto de mira de sus propios “servicios de seguridad”, pero ver a los vehículos del ejército israelí a escasa distancia de la refriega ha desatado el resentimiento, latente desde hace mucho tiempo, hacia la Autoridad Palestina y la impotencia que ha demostrado ante la ocupación israelí.

A dónde va a conducir todo esto es algo que nadie puede adivinar por el momento. Pero ya es hora de empezar a imaginar un futuro sin Mahmud Abas y, muy posiblemente, sin la Autoridad Palestina. Esta perspectiva atemoriza, seguramente, a Netanyahu más que al pueblo palestino. A pesar de que ha pasado un cuarto de siglo —y una generación— desde la primera intifada, su lección más importante sigue siendo pertinente: sucedió sin la Autoridad Palestina.


Samer Badawi vive en Washington DC y fue corresponsal de Middle East International.

Traducción: Javier Villate