Historias de una ocupación: los israelíes que rompieron el silencio

Peter Beaumont

Fuente: Israel’s soldiers speak out about brutality of Palestinian occupation, The Observer, 8/06/2014

Un grupo llamado Rompiendo el Silencio ha pasado diez años recogiendo testimonios de soldados israelíes que sirvieron en los territorios palestinos. Para celebrarlo, se leyeron durante diez horas varios testimonios ante una audiencia en Tel Aviv. Ofrecemos aquí algunos extractos.

Soldados israelíes arrestan a un palestino después de una protesta contra un asentamiento judío cerca de Ramala, Cisjordania, en enero de 2014. (Foto: Mohamad Torokman/Reuters)

El joven soldado se detuvo para escuchar lo que un hombre decía en un la Plaza Habima de Tel Aviv, junto al Auditorio Charles Bronfman. El orador era Yosi Sarid, exministro de educación y medio ambiente. Su texto era el testimonio de un soldado de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), uno de los 350 soldados, políticos, periodistas y activistas que el viernes —aniversario de la ocupación israelí de territorios palestinos en 1967— recitaron testimonios de primera mano de soldados durante diez horas en la Plaza Habima, todos ellos recogidos por la ONG israelí Rompiendo el Silencio.

Cuando uno de los investigadores del grupo se dirigió al soldado, charlaron amablemente en voz baja y luego intercambiaron sus números de teléfono. Quizá en el futuro este joven ofrezca su propio testimonio, junto a los otros 950 recogidos por Rompiendo el Silencio desde que se fundó hace diez años.

En esa década, Rompiendo el Silencio ha reunido una formidable historia oral, compuesta por relatos de soldados israelíes muy críticos con el conflicto y la ocupación. Los relatos pueden ser específicos de Israel y su ocupación de los territorios palestinos, pero tienen un significado más general al proporcionar un recurso de gran valor que describe no solo la naturaleza de la ocupación israelí, sino también cómo se han comportado los soldados ocupantes. Describen cómo los abusos se producen por aburrimiento, por órdenes de oficiales ambiciosos que quieren ascender en el escalafón o por exigencias institucionales de la ocupación misma, que insensibilizan y deshumanizan mientras crean una distancia con el “otro”.

Los oradores hablaron de la monotonía y del horror, de los tratos humillantes a los palestinos en los puestos de control, los disparos y los ataques aleatorios. La respuesta del ejército israelí ha sido siempre que estas historias son excepcionales, que no son la norma, que son relatos de las acciones de unas pocas manzanas podridas.

“Lo que queríamos mostrar al leer estos relatos durante diez horas es que las cosas descritas en los testimonios que hemos recogido no son excepcionales”, dice Yehuda Shaul, uno de los fundadores del grupo y él mismo un exsoldado.

Shaul se detiene de pronto para saludar al embajador de la Unión Europea y a una mujer soldado que sirvió en su misma unidad y a la que no había visto desde hacía años. Hablamos sobre el soldado solitario de la plaza, que ahora está conversando con el investigador. “Nos pondremos en contacto. Veremos si quiere hablar. Quizá nos reunamos para tomar café. Luego, cuando entrevistamos a la gente, les pedimos que nos recomienden a sus amigos/as. Podríamos conseguir diez números de teléfonos, de los cuales unos tres hablarán con nosotros”.

Rompiendo el Silencio no consigue las entrevistas solo con el método del boca a boca. En las conferencias anuales a las que asisten los soldados que abandonan el ejército con el fin de prepararles para su vuelta a la vida civil, los investigadores intentan hablar con los soldados. Shaul explica por qué él y sus colegas se han dedicado a este proyecto, por qué cree que es necesario hoy como lo fue cuando empezó a hablar por primera vez, hace una década, sobre su propia experiencia como soldado en Hebrón. “En la política israelí actual, la ocupación no existe. No es un tema de interés público. Se ha convertido en algo normal; la ocupación se ha convertido en parte de nuestra naturaleza. El objeto de eventos como el de hoy es ocupar el espacio público con la ocupación”.

Sus sentimientos han sido reflejados por el novelista y dramaturgo israelí AB Yehoshua, quien se sube al escenario para leer un artículo de opinión que había escrito el día anterior. “El gran peligro para la sociedad israelí —dice Yehoshua— es la fatiga y la represión. Ya no tenemos la energía ni la paciencia para escuchar cosas sobre otro acto de injusticia”.

Aparece un hombre con un cartel escrito a mano que condena a Rompiendo el Silencio como “traidores”. Algunos de los asistentes tratan de echarle, mientras que otros intentan hablar con él. Un periodista les pregunta a Shaul si el hombre es “partidario del ejército”. “Yo soy partidario del ejército”, responde inmediatamente Shaul. “No soy pacifista, aunque algunos de nuestros miembros sí lo sean. No son contrario al ejército, soy contrario a la ocupación”.

Las palabras de los soldados

Nadav Weiman. (Foto: Quique Kierszenbaum)

SARGENTO NADAV WEIMAN
2005-2008, Unidad de Reconocimiento Nachal, Yenín 

Nos distribuimos sobre Yenín por el “teatro de operaciones”, que es una pequeña colina. Esa tarde se estaba llevando a cabo una misión de arrestos, hubo disturbios en el campo de refugiados y nos sentamos, con un francotirador cubriendo el área. Nos pusimos manos a la obra y hubo arrestos. En la ciudad se produjeron algunos disturbios.

Hubo disparos aleatorios, pues generalmente no había gente en las azoteas. A medianoche, detectamos a una persona en una azotea. Le observamos, sin saber si nos estaba vigilando o no. Le apuntamos y nos dieron el visto bueno para dispararle, pues estaba en un tejado muy cercano a una de nuestras fuerzas.

Éramos varios francotiradores y le abatimos. […] Más tarde, cuando volvimos a Yalame, alguien preguntó: “¿Estaba armado o no?”. En cualquier caso, nosotros obtuvimos el visto bueno del comandante del batallón. Él vino a hablar con nosotros cuando volvimos a la base de Yalame. Nos sentamos con unos compañeros para hablar de lo ocurrido. Había muchos. “No te das cuenta de lo afortunado que eres por haber disparado en una operación. Eso casi nunca sucede. Eres afortunado”.

De acuerdo con las normas militares, le declaramos como un objetivo militar. Pensamos que el palestino estaba hablando por teléfono, parecía que se llevaba la mano a la cabeza mientras miraba para los lados, yendo de un sitio para otro, como lo hace una persona que está vigilando y enviando información. Se distinguía bien el contorno de su cuerpo, todo su comportamiento en relación a los soldados que estaban más al norte, en un callejón, a unos pocos metros.

SARGENTO, ANÓNIMO
Unidad no revelada, Franja de Gaza 2009, Operación “Plomo Fundido”

El objetivo real era más bien vago. Se nos dijo que nuestro objetivo era fragmentar la Franja de Gaza, de hecho nos dijeron que, mientras estuviéramos allí, no sabemos cuánto tiempo, teníamos que arrasar el área todo lo que fuera posible. Arrasar es un eufemismo de destrucción sistemática. Nos dieron dos razones para demoler las casas. Una era operativa. O sea, cuando se sospecha que una casa contiene explosivos, túneles, cuando se ven todo tipo de cables o excavaciones. O tenemos informaciones de inteligencia que la hacen sospechosa. O se ha disparado desde ella con armas ligeras o morteros, misiles, [cohetes] Grads, todo eso. Esas casas se derriban.

Luego nos dicen que algunas será destruidas “al día siguiente”. La razón es dejar una zona estéril detrás de nosotros y la mejor forma de hacer eso es arrasándola. En términos prácticos, significa que tomas [como objetivo] una casa que no es sospechosa, su único delito es estar situada en una colina de Gaza. Puedo decir, incluso, que en una charla con el comandante de mi batallón, él mencionó esto y dijo, sonriendo y triste al mismo tiempo, que esto es algo que tiene que añadirse a su lista de crímenes de guerra. Él mismo comprendía, pues, que había un problema.

Tal Wasser. (Foto: Quique Kierszenbaum)

SARGENTO TAL WASSER
2006-2009, Oketz (fuerzas especiales caninas), Nablus

Permanecer de pie en un control de carretera durante ocho horas al día pone a cualquiera bajo una gran presión. Todos gritan continuamente, están nerviosos, impacientes […] desfogándose con el primer palestino que se cruce en su camino. Si un palestino se cabrea con uno de los soldados, una de las cosas que harán es arrojarlo al Yora, que es una pequeña celda, como un vestuario de una tienda de ropa. Cierran la puerta metálica tras él y ese será el castigo por cabrearse, por ser malo.

Debido a toda la presión y el estrés del control, a menudo se olvidan del palestino. Nadie se acordará de que lo encerraron, mucho menos de la irrelevancia e insignificancia de la razón por la que lo metieron en la celda. A veces, se acuerdan de él al cabo de unas horas y le sueltan, mientras siguen con los controles.

SARGENTO, ANÓNIMO
Brigada Regional de Nablus, Nablus, 2014

“Provocación y reacción” es el acto de entrar en un pueblo, haciendo mucho ruido, esperando que te tiren piedras y, acto seguido, arrestar a algunos diciendo: “Están tirando piedras”.

Muchos vehículos se mueven por todo el pueblo y levantan barreras. Una barrera es el medio legítimo del ejército para detener a los terroristas.

Estamos hablando del Área B (bajo control civil palestino y control militar israelí), pero el ejército entra en ellos todos los días, provocando que les tiren piedras. Como cualquier palestino es sospechoso, todo es lo mismo. Puede tratarse de un niño que tira por primera vez su primera piedra, pero el ejército le considerará un lanzador de piedras que debe ser arrestado.

Avner Gvaryahu. (Foto: Quique Kierszenbaum)

SARGENTO AVNER GVARYAHU
2004-2007 Orev (unidad especial anti-tanques), Nablus

Ocurrió cuando yo era sargento, después de que hubiéramos terminado la formación. 200 [el número del comandante] nos dijo enérgicamente: “Así es como ustedes están clasificados. Con equis. Quiero que todas las noches busquen un ‘contacto’ [un tiroteo] y así es cómo serán clasificados”.

En algún momento, me di cuenta de que alguien que quiera salir bien parado tenía que llevarle muertos. Nada de traer gente arrestada. [El mensaje era:] “Los arrestos son algo rutinario, los batallones hacen arrestos. Ustedes son la punta de lanza, el ejército ha invertido años en ustedes y ahora quiero que me traigan terroristas muertos”.

Y eso es lo que nos impulsa, creo. Lo que queríamos hacer era salir una noche tras otra, provocar enfrentamientos, entrar en los callejones que sabíamos que eran peligrosos. Hacíamos arrestos, todo tipo de arrestos. Pero el momento álgido de la noche era crear situaciones en las que nos atacaran.

Es una situación completamente insensata. Y tú estás allí. Es difícil de explicar. Estás buscando con los prismáticos alguien a quien matar. Eso es lo que quieres hacer. Y quieres matarles. ¿Pero quieres realmente matarles? En todo caso, ese es tu trabajo.

Y sigues buscando con los prismáticos y empiezas a volverte loco. ¿Quiero hacerlo? ¿No quiero hacerlo? Tal vez lo que quiero es que desaparezcan.

SARGENTO, ANÓNIMO
Brigada Kfir, Tulkarem, 2008

Había un puesto de control que estaba dividido en tres carriles: uno para el asentamiento, el puesto de control y el territorio israelí. En medio, hay un pueblo palestino, así que dividieron el puesto de control en tres accesos. El comandante de la brigada ordenó que los judíos solo debían esperar en el puesto de control diez minutos. Por eso teníamos que tener un carril solo para ellos. Los demás, los palestinos y los árabes israelíes, tenían que esperar en los otros dos accesos. Recuerdo cómo los colonos venían y daban un rodeo, en torno a los árabes, con toda naturalidad. Me acerqué a un colono y dije: “¿Por qué da ese rodeo? Hay una línea aquí, señor”. Y el me respondió: “¿Piensa usted que yo voy a esperar detrás de un árabe?”. Y empezó a levantarme la voz. “Usted va a oír al comandante de su brigada”.

Gil Hillel. (Foto: Quique Kierszenbaum)

GIL HILLEL
2001-2003, Sachiav (policía militar), Hebrón

En mi primer o segundo día en Hebrón, mis jefes me pidieron que hiciera una “muñeca”, una patrulla a pie por la casbah y el asentamiento judío. Acepté, me pareció genial. Esa fue mi primera actividad de campo. Vamos, vamos a hacerlo. Nos fuimos, entramos en la casbah y creo que fue la primera vez que sentí el temor existencial de vivir bajo una amenaza constante.

Empezamos la “muñeca” y comencé a sentirme mal. La primera actividad de campo no es sencilla. Uno de mis jefes, el más veterano de ellos, cogió a un palestino de edad avanzada, lo llevó a un callejón y empezó a pegarle. Yo… a los demás les pareció bien… Les miré y dije: “¿Qué está haciendo? ¿Por qué está haciendo eso? ¿Qué es lo que pasa? ¿Ha hecho algo? ¿Es una amenaza? ¿Un terrorista? ¿Hemos descubierto algo?”. Ellos respondieron: “No, está bien”. Luego me acerqué a mi comandante, el que me entrenó, y le pregunté: “¿Qué está haciendo?”. Él dijo: “Gil, basta”.

Eso me asustó. Tenía miedo de sus reacciones, de la situación en la que estábamos. Me sentí mal por lo que pasó allí, pero me callé. ¿Qué podía hacer? Mi comandante me dijo que me callara. Nos fuimos de allí y volvimos a la compañía. Entonces fui a hablar con mi comandante y le pregunté: “¿Qué están haciendo? ¿Por qué han hecho eso?”. Y él me respondió: “Así son las cosas. Es él o yo, y yo o…”.

Le llevaron a un rincón y empezaron a pegarle. Le dieron una paliza, le pegaron. Y le abofetearon, sin ningún motivo. Simplemente, andaba por allí, estaba en el lugar equivocado.

SARGENTO, ANÓNIMO
Brigada Nachal, Batallón 50, Hebrón, 2010

Los colonos judíos de Hebrón insultan constantemente a los árabes. Si un árabe pasa demasiado cerca de ellos, le insultan: “Quémate, muérete”.

En la calle Shuhada hay una sección muy pequeña en la que los árabes pueden estar, que conduce al barrio de Tel Rumeida. Una vez me enviaron allí y encontré a tres niños judíos que estaban pegando a una anciana árabe. Un hombre del asentamiento judío que pasaba por allí se les unió y gritó a la mujer: “¡Ojalá te mueras!”. Cuando llegamos allí, le gritaban y le pegaban. Creo que también le tiraron piedras.

Creo que llamaron a un policía, pero no hizo nada. La atmósfera general era que no tenía sentido llamar al policía, pues era un colono local de Kiryat Arba que viene a rezar con los colonos de Hebrón los viernes en la Tumba de los Patriarcas.

Nadav Bigelman. (Foto: Quique Kierszenbaum)

SARGENTO NADAV BIGELMAN
2007-2010, Brigada Nachal, Batallón 50, Hebrón

Durante las patrullas que hacíamos por la casbah, hacíamos muchos “planos”, es decir, incursiones en casas de las que no teníamos ninguna información de inteligencia. Íbamos a ver qué había dentro, quiénes vivían allí. No buscábamos armas o cosas así. Los “planos” tenían el objetivo de que los palestinos sintieran que estábamos allí todo el tiempo.

Entrábamos en la casa, mirábamos por todos los sitios. El comandante cogía un trozo de papel y… hacía un dibujo de la casa, con su aspecto interior y hacía fotos. Me decían: “Coge a todas las personas, ponlas de pie contra la pared y hazles unas fotos”. Luego llevaban las fotos no sé a dónde, al Servicio General de Seguridad, al batallón o a la unidad de inteligencia de la brigada, y así tenían información del aspecto de la gente. Soy un soldado joven, hago lo que me dicen. Hago fotos, una experiencia horrible, porque sacar fotos a la gente a las 3 de la mañana… es humillante, no puedo describirlo.

Conservé las fotos durante un mes, aproximadamente. Nadie vino a por ellas. Ningún comandante me preguntó por ellas, ningún oficial de inteligencia me las pidió. Me di cuenta de todo era una farsa. Se trataba simplemente de estar allí. Era como un juego.

SARGENTO, ANÓNIMO
Paracaidista, 2002, Nablus

Ocupamos una casa céntrica, tomamos posiciones y uno de los francotiradores identificó a un hombre en una azotea, dos casas más allá, a unos 50 o 70 metros. Estaba desarmado. Le vi con el dispositivo de visión nocturna. No estaba armado. Eran las dos de la mañana. Un hombre sin armas, en una azotea, caminando. Lo informamos al comandante de la compañía. Este nos dijo: “Abatirlo”. [El francotirador] disparó y le abatió. El comandante de la compañía ordenó y decidió por radio la muerte de ese hombre. Un hombre que no estaba armado.

Vi con mis propios ojos que el hombre no estaba armado. La información que dimos era: “Un hombre sin armas en un tejado”. El comandante de la compañía le consideró un vigía, comprendió que el chico no era una amenaza para nosotros, pero dio la orden de matarlo y nosotros le matamos. Yo no disparé, fue mi amigo quien disparó y lo mató. Y piensas que en Estados Unidos tienen pena de muerte. Por cada sentencia de muerte hay miles de apelaciones y condenas, y se lo toman muy en serio, hay jueces y personas entendidas, y hay protestas y todo. Y aquí, un chico de 26 años, el comandante de mi compañía, ha sentenciado a morir a un hombre desarmado.


Peter Beaumont es corresponsal del Guardian en Jerusalén. Ha trabajado en varias zonas en conflicto, incluyendo África, los Balcanes y Oriente Medio. Ha sido galardonado con el Premio George Orwell por su trabajo periodístico desde Irak. Es autor de The Secret Life of War: Journeys Through Modern Conflict.

Traducción: Javier Villate

2 thoughts on “Historias de una ocupación: los israelíes que rompieron el silencio

    1. >:I …. que declaraciones mas suaves! Si rompes el silencio… un poco mas de cojones! Este conflicto ha sido (y es) mucho peor! (se agradece el gesto, pero de cierta forma, a mi juicio, de esta manera “suaviza” las consecuencias ya ocurridas, y las que ocurren actualmente)

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