Las medidas represivas israelíes en Cisjordania van más allá de Hamas

Haggai Matar

Fuente: West Bank kidnapping: Israel’s crackdown moves beyond Hamas militants, +972 Magazine, 17/06/2014

Soldados israelíes sonríen mientras arrestan a un palestino en Hebrón. El ejército ha cerrado los accesos a la ciudad mientras lleva a cabo registros para encontrar a los jóvenes secuestrados. (Foto: Activestills.org)

Alguien tiene que decirlo. Lo que está haciendo Israel en Cisjordania en los últimos días va más allá de cualquier intento de encontrar a los jóvenes secuestrados. Es un ataque militar y político contra Hamas que busca el apoyo popular al gobierno israelí, sin relación alguna con los intentos de encontrar a los secuestrados y sin una relación clara entre Hamas y el secuestro.

Vamos a aclararlo. Estoy convencido de que el ejército está esforzándose por encontrar a los tres jóvenes y espero que lo consiga y los devuelva sanos y salvos lo antes posible. Pero esto no justifica la cínica explotación de las circunstancias para alcanzar otros objetivos, de naturaleza completamente política.

En los dos últimos días, las operaciones del ejército se han extendido a Belén y Nablus, el corazón del área A, donde la Autoridad Palestina está a cargo de la seguridad y de los asuntos civiles. El ejército ha arrestado a miembros de una ONG vinculada a Hamas, así como a periodistas afiliados al partido y al presidente del Consejo Legislativo Palestino, que es también miembro de Hamas. En total, 200 personas. Ordenadores y armas han sido confiscados. Y todo esto ha sucedido mientras la búsqueda de los secuestrados está centrada en el área de Hebrón, que está completamente cercada y sus accesos, cerrados. No hay duda de que muchas de estas operaciones no están relacionadas con el secuestro y que nadie en el ejército cree que los empleados de la ONG, los periodistas y el parlamentario sepan dónde están.

Un joven palestino, esposado y con los ojos vendados, arrestado por soldados israelíes en Hebrón. (Foto: Activestills.org)

Mientras se extienden las operaciones militares, los líderes políticos y militares de Israel están experimentando un cierto cambio. Si durante los dos primeros días la retórica se centraba en la búsqueda de los jóvenes, de la que se responsabilizó a la Autoridad Palestina y a Mahmud Abas, ahora vemos cómo se ha centrado en Hamas. Destacados políticos dijeron a los medios, en condiciones de anonimato, que el objetivo de la operación en Cisjordania era “todo lo que es verde” [en referencia al color de la bandera de Hamas, N. del T.] y que seguirá después de que la búsqueda de los jóvenes haya terminado. Además, estamos oyendo declaraciones cada vez más positivas sobre la cooperación de la Autoridad Palestina (sin mencionar que Hamas forma parte de la misma) y de Mahmud Abas.

Debemos poner estas cosas en contexto. La semana pasada, Netanyahu estuvo en un aprieto. Fracasó completamente en su intento de movilizar al mundo en contra del nuevo gobierno palestino, el mismo gobierno que ganó apoyo universal e incluso recibió varios millones de euros de la Unión Europea (UE). Tras años de división entre los líderes palestinos y entre la Franja de Gaza y Cisjordania (una división promovida por el propio Israel), de repente una OLP renovada y una lucha palestina no-violenta y unida, que se estaba centrando en conseguir una presión internacional sobre Israel, se había convertido en una posibilidad real.

Netanyahu no pudo hacer nada al respecto. A pesar de su gran cantidad de declaraciones, no pudo boicotear a la nueva Autoridad Palestina (AP) ni enviar a miles de soldados al corazón del Área A para arrestar, arbitrariamente, a parlamentarios de Hamas. Pero se produjo el secuestro y, de repente, todas las reglas del juego cambiaron. De repente, podemos atacar a Hamas todo lo que queremos, donde queremos y como queremos, y nadie en Israel o en el mundo se atreve a oponerse. De repente, podemos dividir de nuevo a los palestinos alabando la colaboración de la AP y Abas, mientras calificamos a Hamas como la gran amenaza que debe ser destruida.

Soldados israelíes andan cerca de un neumático en llamas en Hebrón. (Foto: Activestills.org)

Y todo esto a pesar de que Hamas no se ha responsabilizado del secuestro, de que sus representantes en Cisjordania no han respondido a la provocación y de que llevar a cabo un secuestro en estos momentos significaría el suicidio político de la organización. Hay que recordar que Hamas fue empujada a unirse a la AP después de que perdiera buena parte de sus apoyos en el mundo árabe y sufriera, además, la intensificación del bloqueo de la Franja de Gaza por parte de Egipto. No había otra salida. Consiguió un salvavidas en la forma de un nuevo gobierno, así como la posibilidad de elecciones y el reconocimiento internacional.

Y entonces llegó el secuestro. Algunos dicen que Hamas, y todos y cada uno de sus miembros, son un objetivo legítimo de Israel. Yo creo que Hamas es una organización terrorista que ataca y mata a civiles israelíes sin justificación. Pero Hamas es, también, un partido político que recibió una mayoría de los votos en las últimas elecciones que se celebraron en los territorios ocupados. Además, incluye a una serie de ONGs que no tienen relación con el terrorismo. Y es, también, un grupo político que ha cambiado sus posturas en los últimos años y está ahora dispuesto a negociar con Israel. Como ha dicho mi colega Noam Sheizaf, si el gobierno israelí estuviera realmente interesado en la paz, la reconciliación palestina representa una magnífica oportunidad.

Soldados israelíes en Hebrón. (Foto: Activestills.org)

Pero incluso aquellos que apoyan los ataques a gran escala contra Hamas deben saber que la actual ofensiva es una explotación cínica que busca lograr un objetivo que no tiene nada que ver con la liberación de los secuestrados. Es lamentable que Netanyahu haya elegido este camino, en lugar de invertir todos los esfuerzos en liberarlos.


Haggai Matar es un periodista israelí y activista político. Ha escrito en varios periódicos israelíes y ahora trabaja como independiente. Recibió en 2012 el Premio Anna Lindh al Periodista Mediterráneo por su serie de artículos sobre el muro de separación publicados en +972.

Traducción: Javier Villate