Por qué es una mala idea intervenir en Nigeria

Adrienne LeBas

Fuente: Why Foreign Intervention in Nigeria is a Bad Idea, The Duck of Minerva, 15/05/2014

Este artículo puede contener una propuesta polémica sobre la resolución del conflicto nigeriano. Espero que lo sea. La autora defiende que Nigeria necesita construir un estado operativo que monopolice el uso de la fuerza, levantado sobre la disolución de los grupos de autodefensa y las milicias étnicas. A muchos libertarios puede no gustarle esta idea, pero tendrán que presentar una opción alternativa. Sería un debate necesitado de realismo y pragmatismo, y menos dogmatismos ideológicos. JV

Esta es la primera de dos entradas sobre Boko Haram y la posible participación de EEUU en operaciones antiterroristas en Nigeria. La segunda entrada es “What is to be done in Nigeria?”. Nota: se han añadido poco después de su publicación dos frases para clarificar que mis preocupaciones abarcan a todo tipo de intervenciones extranjeras, desde la intervención directa hasta el apoyo operativo proporcionado a golpes limitados y un papel más activo en la conformación de la política nigeriana.

Ayer, aviones no tripulados de EEUU comenzaron a sobrevolar el norte de Nigeria con el fin de localizar a las 276 niñas secuestradas hace un mes en una escuela del estado de Borno. Expertos estadounidenses y británicos en materia de antiterrorismo están en el terreno. Nigeria participará en una cumbre sobre seguridad regional convocada por Francia. La implicación extranjera continuada parece probable, sobre todo después de que EEUU haya confirmado que Boko Haram es una prioridad en la política exterior de Washington. Este tipo de acción internacional es una respuesta emocionalmente satisfactoria a una narrativa concreta que insiste en la pasividad del gobierno nigeriano frente al desafío de Boko Haram. En este contexto, el ejemplo de la intervención rápida y exitosa de Francia contra los islamistas en Mali en 2013 adquiere una gran relevancia. ¿Podría una intervención extranjera funcionar con la misma eficacia en el norte de Nigeria? ¿Podría una intervención más limitada proporcionar el mismo tipo de eficacia con un nivel de riesgo igualmente bajo?

Hay fuerzas poderosas que están presionando a los políticos nigerianos y extranjeros para que actúen, quizá de forma limitada, quizá de forma más decisiva. Como en otras campañas de presión, el movimiento #Bringbackourgirls ha insistido en la resolución de este problema: si se hicieran inversiones “serias” o si el gobierno nigeriano fuera “serio” y actuara, Boko Haram sería fácilmente neutralizado. Esta narrativa elude la muy seria, y muy deficiente, campaña de contrainsurgencia que se ha desarrollado en el noreste de Nigeria desde 2009. Pero también sobrevalora la probabilidad de éxito de una campaña militar bien coordinada e implementada. Y puesto que, casi con seguridad, se está considerando una intervención más limitada, la probabilidad de éxitos concretos o de una victoria definitiva sobre Boko Haram es todavía más pequeña.

He aquí tres factores que hacen que una intervención en Nigeria sea algo realmente complicado.

El ejército nigeriano es parte del problema

Además de los problemas corrientes de la capacidad, la formación y el aprovisionamiento, el ejército nigeriano tiene serios problemas de derechos humanos. Desde su despliegue en los tres estados del noreste de Nigeria (Yobe, Borno y Adamawa) en 2009, se ha documentado consistentemente la implicación del ejército en desapariciones, ejecuciones extrajudiciales masivas y acciones que han aterrorizado a la población civil. Además de estos abusos y violaciones de los derechos humanos, generalizados y bien documentados, ha habido tácticas de contrainsurgencia, tales como las operaciones de acordonamiento y redadas en Maiduguri a finales de 2010, que probablemente han provocado resentimiento entre la población local y simpatías hacia Boko Haram.

¿Cuáles han sido los abusos cometidos por el ejército en el norte de Nigeria? Según el Consejo de Relaciones Exteriores, el número de personas fallecidas por acciones de las fuerzas de seguridad nigerianas es casi igual al número de muertos atribuidos a Boko Haram (1). Dada la tendencia del ejército a emplear de forma veloz y excesiva la etiqueta de “militante de Boko Haram”, es probable que una parte sustancial —si no la mayoría— de las víctimas atribuidas a las fuerzas armadas sean no combatientes.

¿Han jugado los abusos del ejército un papel importante en la radicalización de Boko Haram? Casi con toda seguridad. Las primeras medidas represivas del ejército en 2009 eliminaron el ala moderada de la organización tras la ejecución sumaria del fundador del movimiento, Mohamed Yusuf (lo que, probablemente, hizo aumentar el reclutamiento del grupo). El primer ataque de Boko Haram contra civiles fuera de la región nororiental, el atentado de la víspera de la fiesta de la Navidad en 2010 en una iglesia cristiana de Jos, fue directamente precedido por un extenso despliegue militar y operaciones represivas en dicha región nororiental (la actividad de Boko Haram se había calmado desde 2009 hasta finales de 2010).

No sabemos casi nada sobre Boko Haram (2)

Los problemas de espionaje asociados con Boko Haram son legión. Las estimaciones de los servicios de inteligencia sobre las cifras de militantes son poco más que conjeturas; las afirmaciones repetidas una y otra vez sobre sus vínculos internacionales están débilmente fundamentadas; las discusiones sobre sus divisiones y estrategia entre los especialistas en Nigeria son poco más que meras especulaciones. La organización puede estar vinculada, o no, con milicias políticas asociadas con poderosos gobernadores del norte de Nigeria. Las masacres de civiles de los últimos meses, que han tenido lugar en las zonas bajo estado de excepción, pueden ser obra de un movimiento ideológico que ha enloquecido, el denominado Ejército de Resistencia del Señor, de Uganda. También pudiera ser que Boko Haram estuviera siendo utilizado como cobertura para ajustes de cuentas locales. Los grupos de vigilancia locales pueden ser baluartes efectivos contra Boko Haram y podrían ser la razón del aumento de los ataques de Boko Haram contra aldeas y civiles.

Pero sí sabemos esto: una implicación estadounidense y europea más visible fortalecería a Boko Haram. Provocaría un aumento de su reclutamiento; atraería financiación y combatientes extranjeros; generaría una mayor ambivalencia hacia el gobierno federal en los estados islamistas del norte de Nigeria. Además, y esto es importante, podría limitar la capacidad del propio Boko Haram para negociar con el gobierno federal.

Nigeria está plagada de proveedores de seguridad no estatales

En Mali, en 2012 el problema era cómo restablecer el control del estado sobre áreas del norte que habían sido ocupadas por rebeldes islamistas y tuaregs. Incluso en la más fracturada y volátil Somalia, la fase actual del conflicto puede ser mejor entendida desde la perspectiva del control territorial. Nigeria, por el contrario, es un problema diferente de autoridad del estado. Para más información sobre esto, véase el excelente texto de Laura Seay en Monkey Cage.

Debido a la falta de fuertes inversiones en las instituciones del estado, las décadas de 1990 y 2000 se caracterizaron por la proliferación de organizaciones rivales del estado en Nigeria. Los gobernadores estatales intentaron cooptar a estas fuerzas de autodefensa locales y milicias étnicas. En algunos casos, subcontrataron directamente a estos grupos para garantizar la seguridad del estado. Muchas personas han trabajado en este tema: existe una lista exhaustiva en la entrada y la bibliografía adjunta escrita por Laura junto a mi artículo sobre las milicias de Lagos y Nairobi. Con respecto al norte de Nigeria en concreto, la implementación de la sharia supuso la formación de la hisbah o policía religiosa, que, aunque no está formalmente incluida en el aparato estatal, ha recibido a veces financiación directa de los presupuestos del gobierno del estado. La proliferación de las milicias y las fuerzas de seguridad privadas explica, en buena parte, la violencia que caracteriza a las elecciones en Nigeria. Y la abdicación por parte del estado de la responsabilidad de la seguridad es la razón por la que los disturbios en la región central de Nigeria sigan cobrándose centenares de víctimas mortales cada año.

En resumen, el problema en Nigeria no es tanto la pérdida de control por parte del estado como la falta de interés del estado en establecer el monopolio en el uso de la fuerza. En este contexto, es difícil imaginar que una intervención breve y quirúrgica —siguiendo el ejemplo de la operación Serval en Mali— pueda ofrecer el espacio adecuado para una presencia efectiva del estado en el noreste de Nigeria. Si se quiere contener o eliminar a Boko Haram, lo que se necesita es un estado eficaz en Nigeria, uno que sea capaz de imponer el imperio de la ley tanto en el centro como en la periferia. Es preciso que existan incentivos concretos para que las comunidades locales desmantelen los grupos de vigilantes y las milicias que actúan como verdaderos rivales del estado en Nigeria.

¿Ayudaría una intervención extranjera a lograr este objetivo? Sí, si se organiza para alcanzar esa meta. Pero ese tipo de intervención extranjera no está sobre la mesa. En realidad, el tipo de intervención que se está discutiendo es probable que no haga más que crear más problemas en Nigeria. Mañana presentaré algunas sugerencias de los tipos de políticas que podrían hacer frente a Boko Haram mientras se construye una presencia eficaz y no depredadora del estado en Nigeria.

Notas

(1) Nótese que el gráfico de la página del NST (Nigeria Security Tracker) que mostraba más claramente el balance de víctimas del ejército nigeriano y Boko Haram ha sido borrado recientemente. Véase aquí unas declaraciones de John Campbell, del Consejo de Relaciones Exteriores.

(2) Esta es una de las razones por la que los especialistas en Nigeria, entre ellos yo mismo, nos oponemos a la designación de Boko Haram como “organización terrorista extranjera”. Es importante señalar que las acciones y las demandas del grupo están centradas totalmente en cuestiones domésticas y no representan apenas una amenaza directa a los intereses de Estados Unidos.

Traducción: Javier Villate