La extraña “coincidencia” libia

Justin Raimondo

Fuente: The Libyan ‘Coincidence’, Antiwar.com, 21/05/2014

Es solo una coincidencia que el general Jalifa Hifter (a veces escrito Hiftar) lanzara su golpe de estado solo cuatro días después de que EEUU desplegara 200 efectivos militares en Sicilia, un “equipo de respuesta anticrisis” enviado a petición del Departamento de Estado. Otra coincidencia: El general Hifter, apoyado por EEUU, ha vivido en Washington D.C. durante décadas, a unos pocos kilómetros de distancia de los cuarteles generales de la CIA en Langley.

Escribí sobre Hifter en 2011, aquí y aquí, cuando fue sospechoso de haber asesinado a Abdel Fatah Yunis, uno de los generales de Gadafi que desertó y se unió a los rebeldes y luego fue nombrado jefe del ejército libio por el nuevo régimen. Yunis estuvo poco tiempo en el cargo. Hifter y los islamistas radicales que fueron la columna vertebral de la insurrección se opusieron a Yunis. Un grupo islamista denominado “Brigada de los Mártires del 17 de Febrero” le asesinó cuando se dirigía a Trípoli por una investigación sobre su buena fe.

¡Oh!, aquí tenemos otra coincidencia. Las Brigadas de los Mártires del 17 de Febrero es el mismo grupo que fue contratado por el Departamento de Estado de EEUU para “proteger” la estación de la CIA en Bengasi, donde fue asesinado el embajador Chris Stevens.

Como dijo Alicia en el país de las maravillas, “¡Esto sí que es curioso!”.

Siendo la capacidad de atención del ciudadano/a estadounidense la que es, se ha perdido desde hace mucho tiempo el interés por la desamparada Libia. Oh, se recuerda vagamente la intervención de EEUU en ese país, pero se ha perdido la pista de la historia desde que nuestra gloriosa “victoria” desató el caos por doquier. Los republicanos siguen insistiendo en el incidente de Bengasi y en el supuesto encubrimiento de las circunstancias que rodearon al brutal asesinato del embajador Stevens, pero nunca se han referido al auténtico escándalo: la intervención misma, que fue la que abrió el camino para el caos sangriento que le sucedió.

¿Quién es el general Hifter y cuál es su juego?

Siendo uno de los principales generales de Gadafi, dirigió la última y desastrosa invasión libia del vecino Chad y fue entonces capturado por las fuerzas chadianas, según unas versiones, o se pasó al otro bando, según otras. No está claro lo que sucedió exactamente. En cualquier caso, desde el Chad organizó su Frente de Salvación Nacional, que según la Oficina de Inmigración y Refugiados de Canadá, que a su vez cita a Le Monde Diplomatique, fue “creado y financiado por la CIA”. El mismo reportaje dice que él “desapareció, con la ayuda de la CIA, poco después de que el gobierno [del Chad] de Hissène Habré fuera derribado por Idriss Déby”. Una información de 1996 del Washington Post, entre otras fuentes, dice que el ala militar del Frente de Salvación, dirigida por Hifter, fue financiada y entrenada por EEUU: establecieron una base en Kenia y muchos de sus cuadros vinieron posteriormente a EEUU, donde Hifter residía desde hacía dos décadas, a menos de ocho kilómetros de Langley.

El objetivo del golpe de estado de Hifter era el parlamento electo y el ejecutivo que, como se nos dijo al principio, representaban la victoria “laicista” en las urnas, pero que, de alguna manera, se han transformado en una mayoría islamista. Hifter dice que pretende “imponer el orden” y controlar a las milicias islamistas que han tenido vía libre desde la “liberación”. Washington ha negado estar detrás del golpe, pero la clave para entender la verdadera postura de EEUU es que el Departamento de Estado está pidiendo una “resolución pacífica” y diciendo a las dos partes que depongan las armas, lo cual no es, precisamente, una regañina a Hifter.

La intervención en Libia fue el primer paso del gran plan del gobierno de Obama y Clinton para secuestrar, de alguna forma, la Primavera Árabe y utilizarla como un ariete para extender la influencia de EEUU en la región. Tras andar a ciegas al principio y apoyar al tirano egipcio Hosni Mubarak contra la rebelión de los Hermanos Musulmanes en las calles, Washington abandonó al dictador y decidió apoyar a las fuerzas islamistas “moderadas”, que pensaba que podía controlar. Cuando estalló Libia, EEUU dio su apoyo a los islamistas y mantuvo a Hifter a la espera de su oportunidad para recoger los platos rotos. Cuando ocurrió lo inevitable y los islamistas radicales empezaron a cometer sus tropelías —matando a Stevens y otros cuatro en el proceso—, se les quedó cara de tontos (y con sus manos manchadas de sangre) y con un escándalo que han intentado tapar desesperadamente.

¿No es extraño que Bengasi, una ciudad marginal sin nada que le distinga, haya estado en los medios una y otra vez últimamente? Supuestamente, fue el blanco de la furia asesina de Gadafi, el lugar donde supuestamente planeó una “masacre” que hizo necesaria la intervención de EEUU y sus aliados europeos, un “desastre humanitario” que nunca se materializó. Luego fue el escenario de consecuencias no previstas, como fue el primer asesinato en la historia reciente de un embajador estadounidense. La última de estas consecuencias es que se ha convertido en el campo de batalla donde Hifter y las milicias islamistas progubernamentales están midiendo sus fuerzas.

También se ha dicho que es el lugar donde se embarcaban las armas para los rebeldes islamistas sirios, con el pleno conocimiento y la cooperación del gobierno de EEUU, justo antes de que el embajador Stevens fuera asesinado. Desde un lugar polvoriento al borde de la nada, Bengasi ha pasado a ocupar la primera plana.

El futuro de Libia es, en el mejor de los casos, una junta militar al estilo egipcio, y en el peor otra Somalia. Como he señalado en este espacio desde el principio, “Libia” no es un país real desde cualquier punto de vista racional. Se trata, más bien, de un constructo arbitrario improvisado basado en la unión de  al menos tres partes históricamente diferentes. Esto es cierto en la mayoría de las “naciones” africanas, que han sido aparejadas con fronteras definidas por los colonialistas europeos. Hoy, estas mismas potencias coloniales, con la complicidad de EEUU, están interviniendo en el escenario de sus crímenes, maniobrando y maquinando para recuperar el negocio de la explotación económica y la dominación política.

Libia no va a ser un lugar donde vaya a arraigar, en los próximos mil años, el progreso, la democracia, el liberalismo o algo que se les parezca siquiera remotamente. Es un infierno y lo seguirá siendo, no importa el dinero que se invierta ni cuánta sangre se derrame. No está en manos de los políticos estadounidenses cambiar eso. No formamos parte de ese país y nunca formaremos parte del mismo. Solo se puede adoptar una política racional: salir de allí y permanecer al margen. Estamos haciendo que las cosas empeoren en lugar de mejorar y cuanto antes reconozcamos esto, mejor será para nosotros y para el sufrido pueblo de Libia.

Notas al margen

Puedes consultar mi cuenta de Twitter. Pero, por favor, ten en cuenta que mis tweets son a veces deliberadamente provocadores, a menudo escritos en broma y, en gran medida, una reflexión en voz alta.

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Traducción: Javier Villate