Boko Haram y la política del terror

Chandra Muzaffar

Fuente: Boko Haram and the Politics of Terror, CounterPunch, 13/05/2014

El secuestro atroz de 276 niñas de un internado en el pueblo de Chibok, en el noreste de Nigeria, el 14 de abril, forma parte de un patrón de terrorismo espantoso desatado en los últimos años por el Boko Haram en Nigeria, el norte de Camerún y Níger.

Se ha estimado que el terrorismo de Boko Haram ha causado 10.000 muertes. Musulmanes y cristianos, clérigos y no clérigos, nigerianos y no nigerianos han sido las víctimas. Comisarías de policía, oficinas gubernamentales, escuelas, mezquitas, iglesias y sitios turísticos frecuentados por occidentales han sido atacados en varias ocasiones.

Mediante actos de violencia, Boko Haram, fundado en 2002, persigue expulsar al gobierno nigeriano y reemplazarlo con un “estado islámico” basado en la sharia. La eliminación de la educación occidental en particular y del modo laico de vida en general son objetivos centrales de su estado islámico. Se adhiere a una interpretación miope de la sharia, que pone énfasis en punitivas y severas leyes. Muchas de sus normas mantienen a las mujeres en un estado de sometimiento al poder de los hombres. Quienes no suscriben su idea de la sharia son calificados de “apóstatas”, merecedores de ser condenados a muerte. En ese sentido, Boko Haram es, en gran medida, un movimiento takfirí, un movimiento que condena fácilmente a sus hermanos musulmanes como apóstatas.

Varios destacados ulemas (sabios religiosos islámicos) de Nigeria y África Occidental han criticado a Boko Haram no solo por recurrir a la violencia, sino también por su fanatismo y dogmatismo. Sus intentos de coaccionar a los cristianos para que se conviertan al islam y forzar el cierre de las escuelas consideradas laicas han atraído las condenas de muchos ulemas y musulmanes, que constituyen la mitad de la población de Nigeria.

Consideran, con razón, que Boko Haram ha traicionado descaradamente las enseñanzas islámicas. De hecho, algunos musulmanes, de dentro y fuera de Nigeria, han empezado a preguntarse si Boko Haram no habrá sido creado por fuerzas que pretenden empañar la imagen de la religión. Se dice que es financiado por elementos extranjeros, aunque se sabe que Boko Haram ha realizado robos en bancos y actos similares para financiar sus operaciones.

Dadas sus actividades criminales, es evidente que el grupo no lucha solo por una visión distorsionada y pervertida de la religión. Boko Haram busca el poder. Como muchos otros grupos de otras partes del mundo, musulmanes y no musulmanes, ha elegido conscientemente manipular las emociones religiosas para alcanzar el poder y la gloria que lo acompaña.

Sin embargo, si Boko Haram sigue contando con seguidores es debido, en parte, a la situación que existe en el país. Nigeria es una de las sociedades más desiguales del mundo, con una brecha cada vez mayor entre ricos y pobres. Existe, también, una corrupción masiva en todos los niveles de la sociedad. Un sistema débil de servicios sociales incrementa todavía más las penurias de la gente. Todo esto ha alimentado el malestar y el desencanto. Como grupo que lucha contra el estado, Boko Haram ha sido capaz de aprovecharse de este estado de frustración.

La situación internacional también ha favorecido a Boko Haram. El sufrimiento interminable del pueblo palestino en manos de Israel, íntimo aliado de EEUU; las invasiones de Afganistán e Irak, dirigidas por EEUU, y las masacres y torturas de civiles inocentes, y la alienación y humillación de los musulmanes en muchos países occidentales tras el 11-S, han ayudado a reforzar los sentimientos antioccidentales de grupos como Boko Haram. Estos episodios y tendencias proporcionan justificaciones a los militantes que intentan vengar las injusticias e indignidades perpetradas contra los musulmanes incurriendo en sus propios actos de terror. En los últimos meses, la presencia de soldados franceses en Mali y la República Centroafricana ha dado a Boko Haram otra razón más para intensificar su hostilidad hacia Occidente.

En este sentido, hay musulmanes que se preguntan por qué las elites occidentales están tan preocupadas ahora por las niñas nigerianas secuestradas, cuando hace solo dos décadas Washington impuso unas sanciones a Irak que provocaron la muerte de unos 650.000 niños y niñas, y cuando hoy siguen naciendo en ese atribulado país centenares de bebés con malformaciones, trágicas víctimas del uranio empobrecido empleado en las operaciones militares de EEUU. Esto pone de relieve un enfoque selectivo de las injusticias en el ámbito internacional y una estridente doble moral de los poderosos que debilita la lucha contra la violencia y el terrorismo.

Esta lucha pierde todavía más credibilidad debido al apoyo material y político que los centros de poder occidentales y de otras partes del mundo ofrecen, a veces, a ciertos grupos terroristas, a pesar de su retórica contra el terrorismo. Esto ha sucedido en Libia en 2011 y está sucediendo ahora en Siria en una escala mucho más amplia y sistemática. Es esta hipocresía lo que ha llevado a muchos analistas a concluir que hay terroristas buenos y terroristas malos, siendo los primeros aquellos que son herramientas útiles para el mantenimiento de la hegemonía occidental, mientras que los últimos son los que se oponen a esa hegemonía.

Así las cosas, ¿cómo debemos abordar el terrorismo de Boko Haram y otros grupos similares?

En primer lugar, es una responsabilidad de todos (gobiernos, empresas, sindicatos, organizaciones de la sociedad civil, medios de comunicación, profesionales, intelectuales) trabajar por un orden internacional justo y equitativo, donde ningún país o grupos de países ejerza un poder hegemónico global que solo puede ser sostenido por medio de la violencia, que a su vez engendra la violencia de los grupos terroristas.

En segundo lugar, las elites en el poder y con influencia a nivel estatal en todas partes deben asegurarse de que haya una buena y honesta gobernanza. Como hemos visto, la corrupción de las elites en tantos países es agua que mueve el molino de los grupos que buscan remediar la situación a través de la violencia.

En tercer lugar, las manos ocultas que manipulan a los grupos terroristas por sus propios intereses a nivel nacional, regional e internacional deberían ser denunciadas sin temor ni complicidad. Aquí, los medios de comunicación tienen un papel fundamental que jugar.

En cuarto lugar, las fuentes de financiación de los grupos terroristas a diferentes niveles deben ser puestas al descubierto a través de la reunión e intercambio de información de inteligencia. No debe haber tolerancia con los intentos de ocultar o camuflar la financiación del terrorismo, aunque en la misma estén implicados intereses poderosos.

En quinto lugar, los intelectuales musulmanes comprometidos con el mensaje universal e incluyente del islam deben unir esfuerzos a través de los continentes para contrarrestar las distorsiones estrechas, intolerantes y dogmáticas de los violentos y terroristas pertenecientes a la ummah [comunidad global de los musulmanes, equivalente a la “cristiandad” en el caso del cristianismo, N. del T.]. Debería haber, también, movimientos similares dentro de las otras comunidades religiosas, pues la intolerancia y el dogmatismo, que engendran a menudo violencia, es un fenómeno que ha emergido en todas las comunidades religiosas en el siglo XXI.


Dr. Chandra Muzaffar es presidente del Movimiento Internacional por un Mundo Justo (JUST), una ONG malasia que busca sensibilizar a la gente sobre las bases morales e intelectuales de la justicia global. Su nuevo libro electrónico, Wither WANA? Reflections on the Arab Uprisings, puede descargarse gratuitamente aquí.

Traducción: Javier Villate